martes, 31 de diciembre de 2019

Un semiorco, un elfo y una humana se encuentran en una taberna en Magnimar...

Jade se encontraba sentado en una mesa en uno de los rincones más oscuros de “El Colmillo Viejo” mientras pensaba en cómo había llegado a esa situación y qué le iba a decir a Ront y Amara. Jugaba nervioso con los dedos sobre el borde de la jarra de hidromiel, todavía intacta desde que llegó a la posada tras pasar la noche en el aserradero.
Fue cuestión de tiempo que el semiorco y la humana bajasen por las escaleras: él con el gesto jovial que le caracterizaba aunque ojeroso y ella con el acostumbrado rictus de gravedad, puede que incluso más marcado desde su llegada a Mágnimar.
La tabernera no tardó en servir una cerveza a Ront sin tan siquiera preguntar, mientras, Amara susurró unas palabras a la mujer, quien le puso rápidamente una taza delante de sus manos.
El elfo tenía claro que aquella era su oportunidad para tener esa conversación que le llevaba rondando la cabeza algún tiempo y haciendo un gesto con la mano, esforzándose por poner una sonrisa en su boca, llamó la atención de su amigo, para quien no pasó desapercibido. Con una expresión cálida y amigable que pareció borrar las ojeras, se acercó a él:
-¿Me puedo sentar hermano? –preguntó mientras agarraba la silla más cercana para situarse a su lado
Amara miraba la taza que le habían servido como si allí pudiera ver las respuestas que estaba buscando, pero al escuchar la profunda voz de Ront reaccionó y por primera vez se dio cuenta de la presencia de Jade. Con talante apesadumbrado tomó también asiento, imaginando que Jade querría despedirse de ellos. Todavía seguía dolida por sus palabras, que además habían llegado en un momento terrible para ella y no esperaba otra cosa que no fueran palabras secas y afiladas.
El elfo suspiró fuertemente antes de comenzar a hablar:
-Lo siento. -comenzó mascullando entre dientes.
-¿Qué es lo que sientes hermano? –interrumpió Ront.
-Todo. Ha sido algo difícil lo ocurrido y mi cabeza está hecha un lío. Os debo una disculpa y también una explicación. –volvió a coger aire, cada frase parecía difícil de pronunciar
Tras escuchar esto la humana dejó de mirar la taza que tenía entre las manos para clavar sus ojos en Jade. Su compañero, ansioso por demostrar que podía confiar en ellos y liberarse de su carga, intentó dar énfasis a sus palabras apoyando una mano en su hombro:
-Brindemos.
-Prefiero esperar a que termine, Ront… -Amara seguía atenta a las palabras de Jade, tal vez esta conversación no fuera por los derroteros que ella creía, pero tenía que estar preparada para cualquier cosa.
-Todo empezó justo antes de conocernos… -hizo una pequeña pausa, cogiendo fuerzas para continuar –Aparecí tirado en el linde de un bosque, con un fuerte golpe en la cabeza. Solo tenía mis cosas, o las que a partir de ese día lo fueron. Y un pergamino arrugado entre mis dedos con una sola palabra: Jade. –sacó un pequeño papel de uno de los pliegues de sus ropas para reforzar su historia y lo depositó encima de la mesa frente a sus amigos.
Amara se inclinó sobre la mesa, mirando el papelito con curiosidad, intentando de forma infructuosa sacar algo más de información. Comenzaba a comprender.
-Sí, ni siquiera sé como me llamo en realidad.
-Sea cual sea tu nombre siempre serás mi hermano y de nuestra familia ¿A que sí Amara?
La guerrera levantó la mirada del pedazo de papel para volver a encontrarse con el rostro compungido de Jade:
-No me puedo imaginar cómo te sientes.
-Ni de donde soy, ni de dónde vengo. –Continuó –Ni siquiera si era una buena persona. ¿Entendéis por dónde voy? –terminó dirigiendo una mirada significativa a ambos.
-Sí –respondió la mujer en un tono suave.
-Sí hermano.
-Como te decía, no puedo ni tan siquiera imaginar tu situación, sólo puedo hablarte desde lo que yo siento. –miró una vez más al interior de la taza antes de proseguir –Jade, sé quién eres ahora, lo demás no importa.
-Exacto. –apoyó el semiorco firmemente
-Es verdad que me uní por trabajo –replicó él –y al principio era solo eso. Pero pronto eso cambió. Os habéis convertido en mi familia y por eso os quería proteger.
-Y yo a vosotros. –se apresuró a decir con una sonrisa el hombretón.
-Se te da mejor cuando no te comportas como un gilipollas. –Amara rara vez usaba esos términos, pero podía resultar rápida y afilada en ocasiones. Se apresuró a ocultar una tímida sonrisa de satisfacción tras un rápido sorbo.
El elfo les miró de nuevo, pero decidió seguir con lo que quería decirles:
-Poco a poco, y desde que visitamos la mansión... he tenido recuerdos… flashbacks, de cuando era un crío… hace más de un siglo. –en este punto les mira como un abuelo miraría a sus nietos.
-No seré bueno leyendo, no seré bueno abriendo puertas, pero sí soy bueno protegiendo a ni familia, que sois vosotros, soy vuestro brazo ejecutor. –declaró Ront.
-Pero no son recuerdos agradables. –continúo.
-¿Y qué es lo que ves? -de nuevo el gesto de la mujer se torna sombrío, preocupado.
-¿Por eso estabas así? ¿Por qué no lo has contado antes hermano?
-El último, y por el que decidí partir… Era un mocoso y estaba muerto de miedo escondido en un armario mirando por una rendija. Fuera estaban un hombre y una mujer y él me buscaba. Pensé que eran mis padres, pero un detalle me hizo dudar… no eran elfos, así que no podían ser mis padres biológicos.
-¿Por qué tenías miedo? ¿Por qué te buscaba ese hombre? ¿Lo recuerdas? –Amara deseaba saberlo todo lo antes posible, su mente se había puesto en marcha
- Podría ser una pesadilla, pero no... Eran mis recuerdos... y lo peor es esto... –hizo una pausa para reunir el valor –Ese  hombre tenía en una de sus manos una estrella se siete puntas tatuada... –El elfo acaba por romperse, dejando la mirada fija en la mesa.
Sin dudar ni un segundo, Ront le puso de nuevo la mano en el hombro en señal de apoyo y Amara tomó la mano más cercana a ella entre las suyas, todo rastro de dolor había desaparecido y había dado paso a la compasión.
-¿Cómo? –incluso cuando susurraba, el semiorco tenía una voz potente.
- No quería poneros en peligro...por eso he sido un estúpido.... y me quería ir...
-En ningún momento nos has puesto en peligro. –aclaró su amigo.
-Jade, estamos en peligro desde que decidimos poner un pie en el camino, tú no nos pones en peligro
-Estás tonto. Estoy de acuerdo con Amara.
- Las cosas han cambiado, antes no teníamos una conexión directa... pero ahora... –vuelve  a coger aire.
-Ahora somos una familia y nos protegemos. –el guerrero terminó la frase por él.
-Hay muchas formas de morir, todos tomamos riesgos en nuestro camino. Pero si puedo elegir, preferiría morir por mis amigos. –la humana exhibió la cálida sonrisa que hacía tiempo que no mostraba.
Ront comenzó a sentir los ojos húmedos, así que miró hacia otra parte mientras tomaba un gran trago de cerveza con la esperanza de que las lágrimas se desvanecieran.
-Me hiciste daño, con eso que dijiste la otra vez en la taberna. Para mí eres importante. Y Ront. Y todos los demás.
- Tenía decidido marcharme y en dos días sale el barco que pretendía coger... pero... –Mira a ambos y esta vez parece ser el elfo truhán de siempre –Vosotros dos y solo vosotros dos, sois la razón por la que me quedo.
El semiorco puso una sonrisa tontorrona, claramente complacido por sus palabras, pero la guerrera no pudo ocultar una mueca socarrona:
-¡Oh vamos! ¡No puedes ir en serio con lo de Shu Li Ha!
-Dale tiempo a que lo arreglen…
-Es que... ¡Parece que no le importa nada!  Solo ella y su ego, su acento exótico y… -La cara de Jade se iba tornando cada vez más roja por la rabia, algo que interpretaron de otra forma muy distinta sus compañeros
-¿No te habrás enamorado de ella y por eso te marchas? –Ront no podía dejar de reír.
-¿Te gusta? Es que te has puesto rojo… -Amara miró a su amigo de reojo y le guiñó un ojo, siguiendo la broma
- ¿¡Qué!?
Un coro de carcajadas respondió a su grito indignado:
-Gracias a ella estamos aquí juntos, si Aldern no se hubiera enamorado de ella... quién sabe... Además, no la juzgues, no sabe ni por dónde le da el aire a la pobre… -reflexionó en voz alta la paladín
-Jamás de los jamases… -parecía masticar las palabras
Por un momento la sonrisa de Amara se le congeló en la boca y miró a sus amigos con gesto severo:
-Oíd ¿No se lo iréis a decir verdad? Esto queda entre nosotros.
- No soy un chivato. –Jade se encogió de hombros mientras sonreía con picardía –Pero un as en la manga, es un as en la manga.
-No había visto esa faceta tuya, Amara.
Otro coro de risas inundó aquel rincón de la posada.
-Bueno… -ella miró de nuevo a la taza, sonrojándose hasta la punta de las orejas, con aquella expresión parecía una chiquilla que había sido pillada en una travesura  más que la mujer consagrada a su diosa que era –No se puede ser buena todo el tiempo… Yo también he tenido mi pasado, como todo el mundo. –en este punto vuelve a sonreír despreocupadamente durante unos instantes, pero enseguida una sombra cruza su expresión y sus ojos se pierden en algún punto de la mesa, llenos de tristeza.
-A veces no se qué le pasa, parece un elfo...ensueña y solo le importa la magia...
Ront volvió a llevarse la jarra a los labios, con un evidente gesto de preocupación tras mirar a su amiga.
- Me saca de quicio... pero si. Quizás me pase... y con el novato.
La mujer tras conseguir devolver su atención al presente le contestó en tono severo:
-Le debes una disculpa. Shaldur me salvó la vida, si no fuera por él hubiera terminado asfixiada por ese condenado pañuelo.
-El novato es un poco pardillo, pero hace lo que puede. –tras otro sorbo de cerveza, le dedica una mirada a Jade, pero parece no haberse percatado de lo que él había visto en Amara segundos antes.
- Nos debemos la vida unos a otros. Pero en eso consiste la amistad y la familia. –replicó Jade, quitándole hierro al asunto.
-Por cierto… ¿Qué pone en el papel ese? –el semiorco recogió de la mesa el pequeño y arrugado pedazo de papel, poniéndoselo muy cerca de los ojos.
-Oh, eh… ahí pone Jade. –contestó Amara.
-¿Pero nada más?
-Jade, sí. –el elfo apuntó con uno de sus finos y ágiles dedos a uno de sus ojos –suelen ser de este color.
-Vaya presumido. -rió la guerrera
Jade se encogió de hombros sin dar importancia al comentario, con la melena plateada cayéndole en una cascada de trenzas plateadas por un lado de la cabeza.
-Mira quién fue a hablar… -replicó el semiorco mientras las miraba por encima de su jarra
-¿Eh? –se giró hacia Ront con un gesto a medio camino de la indignación y la amenaza -¡Yo no soy presumida!
-Gracias a los dos. –cortó Jade –Habéis sido mi luz en tanta oscuridad, un faro al que aferrarme. -Apoyó ambas manos sobre sus hombros –Os quiero, amigos.
-Y yo a ti hermano.
-Y nosotros a ti Jade. Sois mi familia.
-¡Por nosotros! –Ront alzó la jarra en el aire pero Amara lo detuvo en el acto
-¡Espera! ¿Qué estás bebiendo? ¿Y tú? –la mujer paseó nerviosa sus ojos de una jarra a otra.
-Hidromiel.
-Cerveza.
-Vale, esto me podría servir. –sin preguntar, tomó la jarra de hidromiel y derramó una buena cantidad en su taza.
-No me jodas que era agua… -empezó a musitar el elfo. Miró de soslayo la taza y confirmó que no se trataba de agua, sino de leche.
-¡¿Qué?! Es temprano ¿Qué clase de persona que no sea Soron bebe a estas horas?
-Leche… -Ront no podía refrenar la risa
-¿Leche? Por las orejas puntiagudas de mi estirpe…-Jade no tardó en unirse a las carcajadas.
Amara hizo su mejor esfuerzo por ignorarles y aclarándose la garganta alzó su taza:
-Ahora sí ¡Por nosotros, hermanos!
-¡Espera, espera! –gritó Ront
-¿No irás a decirme que tu cerveza no tiene alcohol verdad? ¿Hacen de eso? –preguntó Amara.
-Me lo acabas de quitar.
-Por nosotros, y por una vez y que no sirva de precedente… ¡Por Los Alegres Borrachines! –Jade terminó de alzar su copa y sus compañeros lo siguieron –Eso sí, lo negaré si lo contáis.
Los tres amigos comenzaron a reír algunos hasta dejaron escapar una lágrima que se esforzaron por ocultar. Hacía mucho tiempo que necesitaban un momento así y lo habían encontrado, o mejor dicho, se habían esforzado enormemente por crearlo tras todas las adversidades sufridas. Amara terminó el contenido de la taza sin reprimir un gesto de asco terrible y Ront se fue a por otra ronda más:
-Esta y ya está Ront. –Jade negó con la cabeza –No quiero acabar marcándome un Soron...
-Toma, leche para mi hermana la presumida…
-¿Qué dices? No tengo nada de lo que presumir, salvo el civismo. –intentó aclararse el mal sabor de boca de la mezcla anterior con la leche, pero con escaso éxito –Os quiero, pero sois una panda de… de… -dudó un instante de qué palabra usar –Alegales.
Sus compañeros rieron, Ront sugirió dar una vuelta antes de que se emborrachara de leche y Jade le dedicó una sonrisa maliciosa tras su jarra:
-Esto... –Comenzó a decir mientras se llevaba una mano a la cabeza y se rascaba con una risa nerviosa.
-¿Qué te pasa? –preguntó el semiorco preocupado de repente
-¿Qué? –A Amara no le gustaba nada aquella expresión
-Hablando de cosas alegales...
La mujer le lanzó una mirada todavía más inquisitiva, casi furiosa, anticipándose a lo que fuera a decir su amigo:
-Quizás en Punta Arena hice alguna cosilla sin mucha importancia. –sonrió nerviosamente –Solo os quería avisar… -Se levantó a toda velocidad y comenzó a dirigirse al cuarto del piso de arriba sin dar la espalda a Amara hasta que estuviera a una distancia segura –Esto... que no fue nada... no os preocupéis. –en cuanto se sintió seguro salió corriendo todo lo rápido que pudo y se encerró en la habitación.
-¿¡QUÉ?! ¿¡Qué hiciste Jade!? ¡¡Vuelve!! –gritó Amara mientras daba un fuerte manotazo a la mesa
Ront, recostado en la silla, contempló a Amara mientras no paraba de reír:
-¿Y tú de qué te ríes? –le espetó furibunda a Ront mientras se levantaba y salía de la posada -¡Alegales! ¡Sois todos unos alegales!
-¿Yo? De nada. –siguió riendo mientras observaba a Amara a través de las ventanas de la posada cómo intentaba localizar desde abajo a Jade, rindiéndose tras unos segundos y prosiguiendo su camino con la mandíbula apretada –Estos dos… al final se lían.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El épico cantar de Los Alegres Borrachines (de la genial tiefling Triquiñuela). Acto I.


Esta fantástica historia comienza en un lejano pueblo, en las tierras de la mítica Varisia, Punta Arena se llamaba. Hacia allí se dirigían un grupo de… mmmm… valientes ¡No!… fornidos... tampoco… bueno, de personas, con intereses dispares pero que por vicisitudes del destino terminarían fuertemente unidos para siempre. O no, eso ya lo veremos sobre la marcha ¿vale?

Como iba diciendo, se habían reunido allí para hacer un trabajito que a nadie le interesa realmente, así que no me voy a entretener en ello. El caso es que teníamos a la bella y exótica humana Su Li Ha, (Julia a partir de ahora, bastante tengo con imitar la voz de los trasgos como para ponerme a entonar ahora nombres raros) una maga, tímida, cabal y estudiosa, muy mona; también estaba el… ¿Fornido? Tobías, un clérigo humano de una deidad de la guerra, la cual se llamaba, no sé, Gorum, me gusta Gorum, bueno, lo mejor de Tobías era que había ganado un concurso de comer tartas una vez, eso mola bastante; por otro lado estaba Jade, un elfo tan hermoso y altivo como cualquier otro elfo, solo que a éste se le había olvidado de qué árbol se había caído, pero era bastante bueno abriendo puertas, eso es útil que te pasas; destacaba por su, ahora sí, fornida-en-plan-bien figura, el semiorco Ront, un hombre joven y terriblemente desconfiado, aunque es normal porque le abandonaron de pequeño, qué movida; por último pero no menos importante, teníamos a Soron, un hechicero con evidentes problemas de alcoholismo ¿No hace falta que diga por qué mola este personaje verdad? Y bueno, puede que hubiera alguien más, no sé, pero ya son suficientes. Al lío.

Llegaron a Punta Arena justo para el festival de las mariposas, un festival dedicado a una diosa llamada Desna, cuyo símbolo son las mariposas, esto es bastante evidente. Se hicieron unos festejos chulísimos y muy rurales pero al caer la noche un grupo de horribles trasgos (no te ofendas Gluk, no es nada personal) atacaron la ciudad con sus temibles rajaperros (son como cuchillos pero mal hechos y muy oxidados):

-¡Arrrggg malditos piernas-largas os mataremos a todos!

-¿Ah sí? ¡Pues tírame de esta!

Y comenzaron a luchar por sus vidas. Tras un enfrentamiento atroz, acabaron con todos los goblins (no me mires así Gluk, la próxima vez te inventas tú la historia y matas a quien quieras), pero esto no había terminado aquí, nuestros héroes se dieron cuenta de que estos malvados habían entrado en el templo de Punta Arena y siguiendo su rastro llegaron hasta las catacumbas, donde habían profanado la tumba del anterior sacerdote, quien había fallecido en un incendio junto a su hija adoptiva , una “criitiri quisicilistiil di billici inquimpiribli”, una aasimar vamos. Que vas a flipar con la pava esta, ya lo verás, no es por destriparte la historia.

Y… ssshhhh… creo que viene alguien, espera.

Barruntos de Tobías


Barruntos de Tobías

He fallado a mi dios, casi muero de forma estúpida y sin honor, fuera del combate y para colmo en la batalla contra ese bastardo dedalera solo podía mirar como mis compañeros hacían todo y yo era una estatua impotente.

Al menos se pudo eliminar ese mal y nos pagaron bien. Pero tengo la sensación de haber fallado a Gorum, de estar alejándome de su senda, acomodándome sin promover sus enseñanzas. Las semanas entrenando a la gente de punta arena han sido muy gratificantes, quizás la siguiente vez que les ataquen puedan defenderse, plantar cara y no morir como cerdos en el matadero, si mueren, que sea con honor.

Pero la historia se repite, fuimos a Magnimar, que llevaba sin ir desde que era pequeño, a buscar más información de esos Dedalera, pero hemos acabado estúpidamente encerrados. No sé ni cómo ha pasado ni que hacer, sin poder defenderme y alejado de la batalla.

Espero encontrar la senda de Gorum y su inspiración.

Cuaderno de bitácora: Deuda de sangre

“El humo y el fuego ya habían dejado de ser los problemas más graves a los que se enfrentaba nuestro grupo. Brandán había estado apagando un...