Jade se encontraba sentado
en una mesa en uno de los rincones más oscuros de “El Colmillo Viejo” mientras
pensaba en cómo había llegado a esa situación y qué le iba a decir a Ront y
Amara. Jugaba nervioso con los dedos sobre el borde de la jarra de hidromiel,
todavía intacta desde que llegó a la posada tras pasar la noche en el
aserradero.
Fue cuestión de tiempo que
el semiorco y la humana bajasen por las escaleras: él con el gesto jovial que
le caracterizaba aunque ojeroso y ella con el acostumbrado rictus de gravedad,
puede que incluso más marcado desde su llegada a Mágnimar.
La tabernera no tardó en
servir una cerveza a Ront sin tan siquiera preguntar, mientras, Amara susurró
unas palabras a la mujer, quien le puso rápidamente una taza delante de sus
manos.
El elfo tenía claro que
aquella era su oportunidad para tener esa conversación que le llevaba rondando
la cabeza algún tiempo y haciendo un gesto con la mano, esforzándose por poner
una sonrisa en su boca, llamó la atención de su amigo, para quien no pasó
desapercibido. Con una expresión cálida y amigable que pareció borrar las
ojeras, se acercó a él:
-¿Me puedo sentar hermano?
–preguntó mientras agarraba la silla más cercana para situarse a su lado
Amara miraba la taza que le
habían servido como si allí pudiera ver las respuestas que estaba buscando,
pero al escuchar la profunda voz de Ront reaccionó y por primera vez se dio
cuenta de la presencia de Jade. Con talante apesadumbrado tomó también asiento,
imaginando que Jade querría despedirse de ellos. Todavía seguía dolida por sus
palabras, que además habían llegado en un momento terrible para ella y no
esperaba otra cosa que no fueran palabras secas y afiladas.
El elfo suspiró fuertemente
antes de comenzar a hablar:
-Lo siento. -comenzó
mascullando entre dientes.
-¿Qué es lo que sientes
hermano? –interrumpió Ront.
-Todo. Ha sido algo difícil
lo ocurrido y mi cabeza está hecha un lío. Os debo una disculpa y también una
explicación. –volvió a coger aire, cada frase parecía difícil de pronunciar
Tras escuchar esto la humana
dejó de mirar la taza que tenía entre las manos para clavar sus ojos en Jade.
Su compañero, ansioso por demostrar que podía confiar en ellos y liberarse de
su carga, intentó dar énfasis a sus palabras apoyando una mano en su hombro:
-Brindemos.
-Prefiero esperar a que
termine, Ront… -Amara seguía atenta a las palabras de Jade, tal vez esta
conversación no fuera por los derroteros que ella creía, pero tenía que estar
preparada para cualquier cosa.
-Todo empezó justo antes de
conocernos… -hizo una pequeña pausa, cogiendo fuerzas para continuar –Aparecí
tirado en el linde de un bosque, con un fuerte golpe en la cabeza. Solo tenía mis
cosas, o las que a partir de ese día lo fueron. Y un pergamino arrugado entre
mis dedos con una sola palabra: Jade. –sacó un pequeño papel de uno de los
pliegues de sus ropas para reforzar su historia y lo depositó encima de la mesa
frente a sus amigos.
Amara se inclinó sobre la
mesa, mirando el papelito con curiosidad, intentando de forma infructuosa sacar
algo más de información. Comenzaba a comprender.
-Sí, ni siquiera sé como me
llamo en realidad.
-Sea cual sea tu nombre
siempre serás mi hermano y de nuestra familia ¿A que sí Amara?
La guerrera levantó la
mirada del pedazo de papel para volver a encontrarse con el rostro compungido
de Jade:
-No me puedo imaginar cómo
te sientes.
-Ni de donde soy, ni de dónde
vengo. –Continuó –Ni siquiera si era una buena persona. ¿Entendéis por dónde
voy? –terminó dirigiendo una mirada significativa a ambos.
-Sí –respondió la mujer en
un tono suave.
-Sí hermano.
-Como te decía, no puedo ni
tan siquiera imaginar tu situación, sólo puedo hablarte desde lo que yo siento.
–miró una vez más al interior de la taza antes de proseguir –Jade, sé quién
eres ahora, lo demás no importa.
-Exacto. –apoyó el semiorco
firmemente
-Es verdad que me uní por
trabajo –replicó él –y al principio era solo eso. Pero pronto eso cambió. Os
habéis convertido en mi familia y por eso os quería proteger.
-Y yo a vosotros. –se
apresuró a decir con una sonrisa el hombretón.
-Se te da mejor cuando no te
comportas como un gilipollas. –Amara rara vez usaba esos términos, pero podía
resultar rápida y afilada en ocasiones. Se apresuró a ocultar una tímida
sonrisa de satisfacción tras un rápido sorbo.
El elfo les miró de nuevo,
pero decidió seguir con lo que quería decirles:
-Poco a poco, y desde que
visitamos la mansión... he tenido recuerdos… flashbacks, de cuando era un crío…
hace más de un siglo. –en este punto les mira como un abuelo miraría a sus
nietos.
-No seré bueno leyendo, no
seré bueno abriendo puertas, pero sí soy bueno protegiendo a ni familia, que sois
vosotros, soy vuestro brazo ejecutor. –declaró Ront.
-Pero no son recuerdos
agradables. –continúo.
-¿Y qué es lo que ves? -de
nuevo el gesto de la mujer se torna sombrío, preocupado.
-¿Por eso estabas así? ¿Por
qué no lo has contado antes hermano?
-El último, y por el que
decidí partir… Era un mocoso y estaba muerto de miedo escondido en un armario
mirando por una rendija. Fuera estaban un hombre y una mujer y él me buscaba.
Pensé que eran mis padres, pero un detalle me hizo dudar… no eran elfos, así que
no podían ser mis padres biológicos.
-¿Por qué tenías miedo? ¿Por
qué te buscaba ese hombre? ¿Lo recuerdas? –Amara deseaba saberlo todo lo antes
posible, su mente se había puesto en marcha
- Podría ser una pesadilla,
pero no... Eran mis recuerdos... y lo peor es esto... –hizo una pausa para
reunir el valor –Ese hombre tenía en una
de sus manos una estrella se siete puntas tatuada... –El elfo acaba por
romperse, dejando la mirada fija en la mesa.
Sin dudar ni un segundo,
Ront le puso de nuevo la mano en el hombro en señal de apoyo y Amara tomó la
mano más cercana a ella entre las suyas, todo rastro de dolor había
desaparecido y había dado paso a la compasión.
-¿Cómo? –incluso cuando
susurraba, el semiorco tenía una voz potente.
- No quería poneros en peligro...por
eso he sido un estúpido.... y me quería ir...
-En ningún momento nos has
puesto en peligro. –aclaró su amigo.
-Jade, estamos en peligro
desde que decidimos poner un pie en el camino, tú no nos pones en peligro
-Estás tonto. Estoy de
acuerdo con Amara.
- Las cosas han cambiado,
antes no teníamos una conexión directa... pero ahora... –vuelve a coger aire.
-Ahora somos una familia y
nos protegemos. –el guerrero terminó la frase por él.
-Hay muchas formas de morir,
todos tomamos riesgos en nuestro camino. Pero si puedo elegir, preferiría morir
por mis amigos. –la humana exhibió la cálida sonrisa que hacía tiempo que no
mostraba.
Ront comenzó a sentir los
ojos húmedos, así que miró hacia otra parte mientras tomaba un gran trago de
cerveza con la esperanza de que las lágrimas se desvanecieran.
-Me hiciste daño, con eso
que dijiste la otra vez en la taberna. Para mí eres importante. Y Ront. Y todos
los demás.
- Tenía decidido marcharme y
en dos días sale el barco que pretendía coger... pero... –Mira a ambos y esta
vez parece ser el elfo truhán de siempre –Vosotros dos y solo vosotros dos,
sois la razón por la que me quedo.
El semiorco puso una sonrisa
tontorrona, claramente complacido por sus palabras, pero la guerrera no pudo
ocultar una mueca socarrona:
-¡Oh vamos! ¡No puedes ir en
serio con lo de Shu Li Ha!
-Dale tiempo a que lo
arreglen…
-Es que... ¡Parece que no le
importa nada! Solo ella y su ego, su
acento exótico y… -La cara de Jade se iba tornando cada vez más roja por la
rabia, algo que interpretaron de otra forma muy distinta sus compañeros
-¿No te habrás enamorado de
ella y por eso te marchas? –Ront no podía dejar de reír.
-¿Te gusta? Es que te has
puesto rojo… -Amara miró a su amigo de reojo y le guiñó un ojo, siguiendo la
broma
- ¿¡Qué!?
Un coro de carcajadas
respondió a su grito indignado:
-Gracias a ella estamos aquí
juntos, si Aldern no se hubiera enamorado de ella... quién sabe... Además, no
la juzgues, no sabe ni por dónde le da el aire a la pobre… -reflexionó en voz
alta la paladín
-Jamás de los jamases…
-parecía masticar las palabras
Por un momento la sonrisa de
Amara se le congeló en la boca y miró a sus amigos con gesto severo:
-Oíd ¿No se lo iréis a decir
verdad? Esto queda entre nosotros.
- No soy un chivato. –Jade
se encogió de hombros mientras sonreía con picardía –Pero un as en la manga, es
un as en la manga.
-No había visto esa faceta
tuya, Amara.
Otro coro de risas inundó
aquel rincón de la posada.
-Bueno… -ella miró de nuevo
a la taza, sonrojándose hasta la punta de las orejas, con aquella expresión
parecía una chiquilla que había sido pillada en una travesura más que la mujer consagrada a su diosa que
era –No se puede ser buena todo el tiempo… Yo también he tenido mi pasado, como
todo el mundo. –en este punto vuelve a sonreír despreocupadamente durante unos
instantes, pero enseguida una sombra cruza su expresión y sus ojos se pierden
en algún punto de la mesa, llenos de tristeza.
-A veces no se qué le pasa,
parece un elfo...ensueña y solo le importa la magia...
Ront volvió a llevarse la
jarra a los labios, con un evidente gesto de preocupación tras mirar a su
amiga.
- Me saca de quicio... pero
si. Quizás me pase... y con el novato.
La mujer tras conseguir
devolver su atención al presente le contestó en tono severo:
-Le debes una disculpa.
Shaldur me salvó la vida, si no fuera por él hubiera terminado asfixiada por
ese condenado pañuelo.
-El novato es un poco
pardillo, pero hace lo que puede. –tras otro sorbo de cerveza, le dedica una
mirada a Jade, pero parece no haberse percatado de lo que él había visto en
Amara segundos antes.
- Nos debemos la vida unos a
otros. Pero en eso consiste la amistad y la familia. –replicó Jade, quitándole
hierro al asunto.
-Por cierto… ¿Qué pone en el
papel ese? –el semiorco recogió de la mesa el pequeño y arrugado pedazo de
papel, poniéndoselo muy cerca de los ojos.
-Oh, eh… ahí pone Jade.
–contestó Amara.
-¿Pero nada más?
-Jade, sí. –el elfo apuntó
con uno de sus finos y ágiles dedos a uno de sus ojos –suelen ser de este
color.
-Vaya presumido. -rió la
guerrera
Jade se encogió de hombros
sin dar importancia al comentario, con la melena plateada cayéndole en una
cascada de trenzas plateadas por un lado de la cabeza.
-Mira quién fue a hablar…
-replicó el semiorco mientras las miraba por encima de su jarra
-¿Eh? –se giró hacia Ront
con un gesto a medio camino de la indignación y la amenaza -¡Yo no soy
presumida!
-Gracias a los dos. –cortó
Jade –Habéis sido mi luz en tanta oscuridad, un faro al que aferrarme. -Apoyó
ambas manos sobre sus hombros –Os quiero, amigos.
-Y yo a ti hermano.
-Y nosotros a ti Jade. Sois
mi familia.
-¡Por nosotros! –Ront alzó
la jarra en el aire pero Amara lo detuvo en el acto
-¡Espera! ¿Qué estás
bebiendo? ¿Y tú? –la mujer paseó nerviosa sus ojos de una jarra a otra.
-Hidromiel.
-Cerveza.
-Vale, esto me podría
servir. –sin preguntar, tomó la jarra de hidromiel y derramó una buena cantidad
en su taza.
-No me jodas que era agua…
-empezó a musitar el elfo. Miró de soslayo la taza y confirmó que no se trataba
de agua, sino de leche.
-¡¿Qué?! Es temprano ¿Qué
clase de persona que no sea Soron bebe a estas horas?
-Leche… -Ront no podía
refrenar la risa
-¿Leche? Por las orejas
puntiagudas de mi estirpe…-Jade no tardó en unirse a las carcajadas.
Amara hizo su mejor esfuerzo
por ignorarles y aclarándose la garganta alzó su taza:
-Ahora sí ¡Por nosotros,
hermanos!
-¡Espera, espera! –gritó
Ront
-¿No irás a decirme que tu
cerveza no tiene alcohol verdad? ¿Hacen de eso? –preguntó Amara.
-Me lo acabas de quitar.
-Por nosotros, y por una vez
y que no sirva de precedente… ¡Por Los Alegres Borrachines! –Jade terminó de
alzar su copa y sus compañeros lo siguieron –Eso sí, lo negaré si lo contáis.
Los tres amigos comenzaron a
reír algunos hasta dejaron escapar una lágrima que se esforzaron por ocultar.
Hacía mucho tiempo que necesitaban un momento así y lo habían encontrado, o
mejor dicho, se habían esforzado enormemente por crearlo tras todas las
adversidades sufridas. Amara terminó el contenido de la taza sin reprimir un
gesto de asco terrible y Ront se fue a por otra ronda más:
-Esta y ya está Ront. –Jade
negó con la cabeza –No quiero acabar marcándome un Soron...
-Toma, leche para mi hermana
la presumida…
-¿Qué dices? No tengo nada
de lo que presumir, salvo el civismo. –intentó aclararse el mal sabor de boca
de la mezcla anterior con la leche, pero con escaso éxito –Os quiero, pero sois
una panda de… de… -dudó un instante de qué palabra usar –Alegales.
Sus compañeros rieron, Ront
sugirió dar una vuelta antes de que se emborrachara de leche y Jade le dedicó
una sonrisa maliciosa tras su jarra:
-Esto... –Comenzó a decir
mientras se llevaba una mano a la cabeza y se rascaba con una risa nerviosa.
-¿Qué te pasa? –preguntó el
semiorco preocupado de repente
-¿Qué? –A Amara no le
gustaba nada aquella expresión
-Hablando de cosas
alegales...
La mujer le lanzó una mirada
todavía más inquisitiva, casi furiosa, anticipándose a lo que fuera a decir su
amigo:
-Quizás en Punta Arena hice
alguna cosilla sin mucha importancia. –sonrió nerviosamente –Solo os quería
avisar… -Se levantó a toda velocidad y comenzó a dirigirse al cuarto del piso
de arriba sin dar la espalda a Amara hasta que estuviera a una distancia segura
–Esto... que no fue nada... no os preocupéis. –en cuanto se sintió seguro salió
corriendo todo lo rápido que pudo y se encerró en la habitación.
-¿¡QUÉ?! ¿¡Qué hiciste
Jade!? ¡¡Vuelve!! –gritó Amara mientras daba un fuerte manotazo a la mesa
Ront, recostado en la silla,
contempló a Amara mientras no paraba de reír:
-¿Y tú de qué te ríes? –le
espetó furibunda a Ront mientras se levantaba y salía de la posada -¡Alegales!
¡Sois todos unos alegales!
-¿Yo? De nada. –siguió
riendo mientras observaba a Amara a través de las ventanas de la posada cómo
intentaba localizar desde abajo a Jade, rindiéndose tras unos segundos y
prosiguiendo su camino con la mandíbula apretada –Estos dos… al final se lían.