miércoles, 18 de diciembre de 2019

El épico cantar de Los Alegres Borrachines (de la genial tiefling Triquiñuela). Acto I.


Esta fantástica historia comienza en un lejano pueblo, en las tierras de la mítica Varisia, Punta Arena se llamaba. Hacia allí se dirigían un grupo de… mmmm… valientes ¡No!… fornidos... tampoco… bueno, de personas, con intereses dispares pero que por vicisitudes del destino terminarían fuertemente unidos para siempre. O no, eso ya lo veremos sobre la marcha ¿vale?

Como iba diciendo, se habían reunido allí para hacer un trabajito que a nadie le interesa realmente, así que no me voy a entretener en ello. El caso es que teníamos a la bella y exótica humana Su Li Ha, (Julia a partir de ahora, bastante tengo con imitar la voz de los trasgos como para ponerme a entonar ahora nombres raros) una maga, tímida, cabal y estudiosa, muy mona; también estaba el… ¿Fornido? Tobías, un clérigo humano de una deidad de la guerra, la cual se llamaba, no sé, Gorum, me gusta Gorum, bueno, lo mejor de Tobías era que había ganado un concurso de comer tartas una vez, eso mola bastante; por otro lado estaba Jade, un elfo tan hermoso y altivo como cualquier otro elfo, solo que a éste se le había olvidado de qué árbol se había caído, pero era bastante bueno abriendo puertas, eso es útil que te pasas; destacaba por su, ahora sí, fornida-en-plan-bien figura, el semiorco Ront, un hombre joven y terriblemente desconfiado, aunque es normal porque le abandonaron de pequeño, qué movida; por último pero no menos importante, teníamos a Soron, un hechicero con evidentes problemas de alcoholismo ¿No hace falta que diga por qué mola este personaje verdad? Y bueno, puede que hubiera alguien más, no sé, pero ya son suficientes. Al lío.

Llegaron a Punta Arena justo para el festival de las mariposas, un festival dedicado a una diosa llamada Desna, cuyo símbolo son las mariposas, esto es bastante evidente. Se hicieron unos festejos chulísimos y muy rurales pero al caer la noche un grupo de horribles trasgos (no te ofendas Gluk, no es nada personal) atacaron la ciudad con sus temibles rajaperros (son como cuchillos pero mal hechos y muy oxidados):

-¡Arrrggg malditos piernas-largas os mataremos a todos!

-¿Ah sí? ¡Pues tírame de esta!

Y comenzaron a luchar por sus vidas. Tras un enfrentamiento atroz, acabaron con todos los goblins (no me mires así Gluk, la próxima vez te inventas tú la historia y matas a quien quieras), pero esto no había terminado aquí, nuestros héroes se dieron cuenta de que estos malvados habían entrado en el templo de Punta Arena y siguiendo su rastro llegaron hasta las catacumbas, donde habían profanado la tumba del anterior sacerdote, quien había fallecido en un incendio junto a su hija adoptiva , una “criitiri quisicilistiil di billici inquimpiribli”, una aasimar vamos. Que vas a flipar con la pava esta, ya lo verás, no es por destriparte la historia.

Y… ssshhhh… creo que viene alguien, espera.

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