Entre escombros y ceniza, Ulrich buscaba un lugar donde respirar, donde poder sentarse aunque solo fuera un instante. En un claro cercano encontró a Brandán, a quien hace poco vio como al igual que él, uno o dos gigantes no eran suficientes para amedrentarlos. Se sentó a su lado, respiro hondo. El aire era cálido, y la brisa que antes traía el olor a salitre de la costa, estaba cargado de ceniza y sangre. Un olor que les era familiar.
El mestizo tiene retirada
de su rostro la máscara que usa como pañuelo de color plateada
sobre el cuello, te mira con sus ojos ambarinos y asiente mientras
habla.
- Has luchado bien norteño, sabes usar esas armas. Nunca
había visto a nadie de los tuyos tan al sur.
Rascándose mientras se
quita restos de gigante de la barba, te mira con atención.
- Si,
los míos no suelen viajar tan al sur, a menos que sea para saquear.
Y antes de que lo digas, no. No estoy aquí para saquear.- centra la
atención en tus heridas- Tu también peleas bien. Si te digo la
verdad, nos daba por muertos frente a esos jotun.
Se
lleva una mano su cara mientras se limpia con el dorso el sudor de su
frente.
- No pretendía ofenderte, te pido disculpas por mis
modales, tampoco dio demasiado tiempo a presentaciones, mi nombre es
Brandán, y me crié aquí en Punta Arena.
Te ofrece la mano para
estrechártela y cuando lo haces, te agarra del antebrazo.
- ¿Os
saludáis así verdad? En mis viajes en barco, conocí a un norteño
que así lo hacía.
Parece
dudar en un principio pero luego aprieta en respuesta, quizá
demasiado fuerte.
- Si, así es. No esperaba que nadie supiera de
mis costumbres. Mi nombre es Ulrich, vengo de las tierras del Norte.
Por aquí creo que los llamáis las Tierras de los Reyes de Linnorn.
Te suelta el brazo lentamente, parece que todavía tienes los
músculos entumecidos.
- Y no te preocupes por modales, yo soy el
menos indicado para replicar sobre eso.
Parece avistar tu espada,
y recuerda como luchaste.
- ¿Y en Punta Arena os enseñan a
pelear como tú? No he visto a nadie manejar ese acero con la
destreza que has mostrado.
Reprime
el gesto de sacudir el brazo en señal de respeto, aunque tiene un
leve calambre que le recorre todo el antebrazo.
- Un placer
Ulrich, de las Tierras del Norte. Aquí en Punta Arena aprendí lo
básico, pero durante los últimos cinco años estado mucho más al
sur y luchar sobre la cubierta de un barco en movimiento, te obliga a
ser más diestro que lo que eres en tierra firme.
Por un momento
parece fijar la vista al frente y tragar saliva.
- Pero si no
hubiera sido por ti, no lo contaba. No me dejaste allí tirado cuando
caí, no me conocías de nada, y aún así pusiste en peligro tu
propia vida por un extraño. Nadie antes lo había hecho por mí, te
debo mi vida y tengo una deuda de sangre contigo.
Te
mira confuso. Se ha encontrado otro coagulo de sangre gigante en el
pelo.
- Saltaste a luchar contra dos gigantes tú solo. En otra
situación hubiera pensado que eres un insensato suicida. Pero tal
como estaban las cosas, te comportaste como un verdadero guerrero. Lo
menos que podía hacer por semejante valía era asegurar que ves otro
amanecer.
Tira el coagulo al suelo. Sonríe con fuerza.
-
Aunque seguimos siendo insensatos, que le vamos a hacer. Dos
gigantes, y más que venían...
Asiente
sonriente, puedes ver como asoman dos pequeños colmillos bajo su
labio superior y su rostro níveo ennegrecido por la ceniza.
- Es
mi hogar, no podía dejar que ocurriera nada malo a este sitio, me
siento en deuda con Punta Arena y sus gentes. Y ahora con vosotros,
no se cuáles van a ser vuestros pasos o que pretendéis hacer, pero
iré con vosotros, ese dragón rojo y esos gigantes, caerán y
tendremos nuestra revancha.
Y si, seguramente sea la sangre joven
que corre por sus venas, o quizás su ascendencia, pero insensatos
ambos sin lugar a dudas.
Ladea
la cabeza y se cruje el cuello. Arquea la espalda. Ahora mismo sus
huesos son gravilla.
- Si, ese Mok Martur...Mok Martin...el
puto gigante de la Meseta debe pagar por lo que ha hecho.
Pero..joder, ¿de donde sacan estos gigantes un dragón?.
Al
mirarte de nuevo, se da cuenta de esos dientes. Y el color de tus
ojos.
- ¿Y eso? No me digas que... ¡Tú también eres un hada
como Aidna!
Frunce
el ceño donde tiene dos protuberancias en forma de cuernecillos y te
mira de medio lado.
- Forma extraña de llamar a los gigantes si.
Y no, no soy un hada como esa tal Aidna a la que mencionas. Más bien
soy un mestizo, mitad humano mitad un ser infernal, aunque todavía
no puedo decirte quien de mis progenitores era un diablo o un
demonio. No conocí a ninguno de ellos.
Otra
vez, te mira de arriba a abajo confuso. Ves como su rostro va
cambiando lentamente a una media sonrisa, y finalmente soltar una
carcajada.
- ¡Aj, helvete! Ogros, gigantes, hadas y ahora
un demonio. Ya no sé que esperarme.
Se levanta poco a poco, y te
tiende la mano.
- Bueno, Brandán de Punta Arena. Creo que hemos
descansado lo suficiente, ¿buscamos a los demás?
Te
estrecha de nuevo el antebrazo para erguirse y está vez es él quién
aprieta un poco, parece más fuerte de lo que aparenta mientras
sonríe.
- Claro Ulrich de las Tierras del Norte. Busquemos al
resto de tu compañía y tracemos un plan con nuestros siguientes
movimientos.
Ambos hombres se dirigen de nuevo hacía el pueblo con la mente puesta en las siguientes sendas a seguir...”




