lunes, 16 de noviembre de 2020

Cuaderno de bitácora: Fuego y Piedra


“El humo se divisaba dividido en varias columnas a lo largo y ancho de Punta Arena. El fuerte olor a madera quemada, se adentraba por sus fosas nasales bajo el pañuelo que hacia a su vez de máscara plateada que ocultaba su rostro. El dragón que había divisado, o más bien intuido, ya había empezado su baile frenético de fuego y destrucción sobre el villorrio. Dejo la furia por un momento, recuperando su compostura y sus modales. 

 Al este vio como los gigantes dejaban el puente y se dirigían hacia el sur, vio salir corriendo al norteño del cual todavía no conocía su nombre hacia el interior de la villa al sur, y a uno de esos aventureros convertido en un gigante enfundado en una pesada armadura perseguirlos por el agua al este. Valoro por un instante a quien seguir y decidió ir al interior, no era buena idea cruzar nadando el río y perder tiempo innecesariamente.

Por toda la villa el humo, el fuego y el caos reinaban a sus anchas sin orden ni concierto, la gente corría despavorida, asustada, niños llorando buscando a sus padres, tenderos haciendo banales intentos por extinguir las llamas que devoraban todo a su paso. Brandán no sabia que había sido del resto del grupo al que se había unido por azares del destino, pero esperaba que estuvieran bien, estaban dando todo de si por salvar el que consideraba su hogar y a sus gentes. Se puso a la par que el norteño y avanzo unos pasos hacia delante a la esquina de una de las casas. Por la calle avanzaban varios gigantes azuzando a la gente, sacándolos de sus casas y poniéndoles grilletes y cadenas como si fueran sus nuevos esclavos.

El norteño llego a su lado, se miraron y ambos avanzaron a trabar combate con esos malnacidos. Debían impedir que siguieran avanzando causando estragos. Sus golpes resonaban por las calles, amortiguados por los gritos, el crepitar de las llamas y los sollozos de sus habitantes, en una mezcolanza para nada halagüeña.

Y entonces la oscuridad, recibió un fuerte golpe en la sien que lo dejo sin sentido, el sabor metálico de la sangre resbalando por sus labios mezclados con el hollín y la niebla en sus ambarinos ojos, lo empañaban todo, cayó al suelo inconsciente. El norteño cogió al mestizo y lo saco de allí, mientras se reagrupaba a lugar seguro, puso su vida en peligro para salvarlo sin conocerlo de nada.

En otro lugar los combates proseguían, y el resto del grupo ayudaba a la gente a ponerse a resguardo al norte en el bosque. Varios elementales de agua apagaban fuegos aquí y allá, mientras el inmenso dragón rojo volaba de un lado a otro llevando como enseña el estandarte del terror.

Alguien lo hizo regresar, la habían dado un vial de sanación y había recuperado las fuerzas momentáneamente. Resollando cabizbajo recuperando el aliento, le temblaban las manos y las piernas, mientras se recomponía. Agarró de su faltriquera un par de viales que se bebió seguidos con ansias como si llevará mucho tiempo perdido en el desierto y sediento de sed. Lo repitió una vez más, hasta verse recuperado y con fuerzas para continuar. Agachado con las manos sobre sus rodillas miró a su alrededor buscando al grupo y asintió al norteño dándole las gracias en silencio con un cabeceo. Estaba de nuevo dispuesto para el combate y ayudar su pueblo. El norteño regreso al combate mientras oía voces de reagrupamiento mezcladas con el caos que seguía reinando por todos lados
.

Lo siguió y esta vez opto por rodear a su adversario, hubo intercambio de golpes una y otra vez, hasta que un mal paso del gigante que parecía ser su líder, hizo que clavara su pico en una pared cercana. Eso hizo que aprovechará y con tres movimientos rápidos y concisos de su espada de media mano acabará por fin con la criatura separando la cabeza del pesado cuerpo.

El combate había terminado en esa parte del pueblo, ya no había ni rastro del dragón que solo era un punto negro en el horizonte oculto entre el humo y las nubes. Y los gigantes habian huido o replegado a interior de los bosques y colinas, la villa ardía por todos los puntos cardinales, la mezcla de olor a madera, carne y salitre del mar, era todo lo que percibía en ese momento.

Salió corriendo para apagar el primer edificio que vio que seguía en llamas, todavía podía salvar a su pueblo, ya habría tiempo para cobrarse la revancha y ajustar las cuentas con sus nuevos enemigos”.

Continuará...



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cuaderno de bitácora: Deuda de sangre

“El humo y el fuego ya habían dejado de ser los problemas más graves a los que se enfrentaba nuestro grupo. Brandán había estado apagando un...