jueves, 30 de enero de 2020

De nuevo junto al puerto


-Necesitamos esas medicinas. –el tono de aquel hombre no admitía discusión.
-No me cabe duda, pero yo no me dedico a esas cosas señor… -replicó tranquilamente Veda, preguntándose quién sería realmente aquel hombre calvo, grande y bigotudo que se había sentado a su mesa en aquella taberna de tres al cuarto.
-Mi nombre no es relevante. –contestó mirándola fijamente como un toro a punto de embestir con todas sus fuerzas –Nos mantendremos en contacto a través del tabernero.
-Como usted diga. –apuró la cerveza –No sé qué tipo de servicios le han dicho que ofrezco, pero entre ellos no está la búsqueda de hierbas ni la preparación de brebajes.
-¡No te estoy pidiendo que los prepares! –intentó contener el grito, pero su vozarrón era lo suficientemente potente para que algunos de los parroquianos más cercanos girasen discretamente la cabeza.
Veda suspiró. Ella también estaba perdiendo la paciencia, aunque lo expresaba de una forma muy distinta. Comenzó a juguetear con el dedo índice de su mano izquierda sobre el borde de la jarra mientras preparaba discretamente la hoja oculta en el antebrazo derecho. La combinación de estupidez y violencia era alarmantemente peligrosa en el tipo:
-¿Entonces?
-Lo que quiero es que encuentres a alguien que sí que tenga ese brebaje o que pueda hacerlo… es para mi pequeña, se muere. –el tono pasó de ser agresivo a profundamente triste.
-Voy a ahorrarnos el sonrojo de preguntarte si ya has preguntado a los curanderos y alquimistas locales… ¿Dónde más has buscado? ¿Sospechas que alguien no quiere vendértelos? –comenzó a indagar. No era un encargo habitual, eso era incuestionable, pero no era la primera vez que le pedían que encontrase algún tipo de mercancía y lo transportara hasta donde deseaba el cliente.
-En… ningún lado… -agachó la cabeza avergonzado, mirando la madera de la mesa –No tengo ni idea de esas cosas, yo solo soy un pobre herrero. Pero alguien me habló de ti.
Veda se ahorró el comentario de que “pobre” no era la mejor forma de describir a un herrero y menos a uno tan bien alimentado, vestido e incluso enjoyado como él. Tampoco mencionó nada sobre quién podría haberle dado el soplo, aunque miró por el rabillo del ojo al tabernero, a quien había traído algunos gramos de cocaína en más de una ocasión desde que rondaba por el lugar:
-Vale, veré qué puedo hacer. Pero será caro. No sé si la medicina lo será, pero con toda seguridad yo lo soy. –el tabernero se llevó su jarra en una bandeja rápidamente, aunque eso no evitó que se diera cuenta de las miradas nerviosas que le echaba. Había dado en el clavo –Sin embargo soy una profesional honrada y como no creo que me cause muchos problemas sólo le cobraré el veinte por ciento por adelantado, el importe completo cuando le haya dado lo que me ha pedido.
-¡Faltaría más! –exclamó el hombre indignado, mientras golpeaba la mesa con el puño. Dos grandes anillos lucían en los dedos corazón y anular de aquella mano.
Veda estrechó los ojos, chasqueó la lengua y se tragó un “puto gilipollas” que estaba a punto de salirle desde lo más profundo de su garganta:
-Serán setenta y cinco coronas. –Sonrió mientras el hombre se atragantaba con la cerveza–Más lo que cueste la medicina, por supuesto.
-¡Eso es un robo! –exclamó apoyándose amenazadoramente sobre la mesa. Toda la calva había adquirido un color rubiáceo y en la sien izquierda se le había marcado una vena enorme.
-No… debería alterarse así. –Notó el frío tranquilizador del acero en el antebrazo –Podría darle un ataque y tiene una hija pequeña enferma a la que cuidar.
Al mencionarle a su hija el hombre cambió de expresión. Relajó los músculos y volvió a su posición en el asiento. Finalmente asintió con la cabeza:
-Hay trato.

*        *        *

A la mañana siguiente había hecho unas cuantas averiguaciones a base de interrogar de nuevo a los médicos y alquimistas de la zona, ya que, como bien sospechaba, su cliente no era muy ducho en este tipo de tareas. La última información le había llevado hasta un bosque donde decían, habitaba un elfo que había dejado la ciudad tras una escaramuza de la que salió mal parado. Allí, entre los árboles, más o menos por donde le habían señalado que habían visto virutas de humo en la noche, había una rudimentaria cabaña:
-No des ni un paso más. –Veda sintió una cuchilla en el cuello. Estaba justo a sus espaldas. –Vete por donde has venido, no quiero problemas.
-Vaya pues… es una forma curiosa de no pedirlos. –tragó saliva, sintió el roce del filo en la garganta –No puedo verte pero me imagino que eres el elfo que vive aquí ¿Cierto?
-¿Quién lo pregunta? –el tono pretendía ser intimidante, pero dejó traslucir su nerviosismo
-Nadie importante, solo una persona que quiere comprarte unas medicinas. –tras unos segundos eternos, apartó el arma.
La chica se dio la vuelta para encararse a quien le había amenazado. Allí había un hombre de mediana altura, tez pálida, con el pelo corto y rubio decentemente peinado. De los laterales del cráneo le sobresalían las puntas de sus picudas orejas:
-Lárgate, no pienso venderte nada. –contestó furibundo mientras sobrepasaba su posición, dirigiéndose hacia la cabaña.
-¿Qué? –No salía de su asombro, era la primera vez que alguien rechazaba venderle algo –Pero… te podría pagar bien.
-Dudo que me puedas pagar nada si no te vendo nada. Fuera.
-¡Espera, espera, espera! –gritó Veda mientras le perseguía, sin embargo paró en seco cuando el elfo se dio la vuelta con la hoz que portaba en la mano –Es… para una cría. Se está muriendo, su padre me ha pedido que busque la medicina y bueno… -recordó las palabras de aquel hombre fuerte y calvo –Alguien me habló de ti.
-Genial, un humano menos. –diciendo esto abrió la puerta, pero se detuvo un instante antes de  desaparecer en su interior –Vuelve a molestarme y te arrepentirás.
-Será cabrón. –farfulló entre dientes con los brazos en jarra una vez hubo cerrado la puerta. Se dio la vuelta, decidida –Pues si no va a poder ser por las buenas…

*        *        *

-¡Eh! ¿Y a este por qué le estáis atando? –demandó Veda a los dos guardias.
-Porque es un jodido elfo y seguro que no tramaba nada bueno… ya tuvo problemas en la ciudad. –se dignó a contestar uno de ellos mientras le ataba las manos a la espalda con una cuerda.
-¡Esos cerdos quemaron mi tienda! –rugió furioso el elfo.
-¡Cierra la boca! –el tipo que se encontraba frente a ellos le propinó un revés tan fuerte en la cara que cayó de rodillas.
-Mierda… -farfulló ella entre dientes al ver cómo clavaba las rodillas en el suelo –Bueno y a mí ¿Por qué?
-Por traficante.
-¡Eso es imposible! Yo nunca he traficado con nada. –mintió lo mejor que pudo.
-El tío que suministra cocaína a media ciudad no dijo lo mismo. –rió el guardia.
Puto tabernero
-Esto ya está. –dijo el otro cuando terminó con las ataduras de Veda–Todavía estamos lejos de la ciudad, será mejor que nos pongamos en marcha.
Los dos presos caminaban más despacio, por lo que los dejaron unos metros por detrás, sujetándolos con las cuerdas:
-Maldita zorra… tendría que haberte matado… -jadeaba el elfo, cansado por la postura y la caminata.
-Y yo tendría que haberte robado desde el principio, esto me pasa por ser demasiado buena.
-¿Tengo que agradecerte que no me robaras de primeras? Vaya, gracias. –replicó con sorna –Ojalá tuviera que darte las gracias por no haberme robado de segundas.
-Deja de lloriquear, podrías haberme dejado ir. Eran solo unas hierbas.
-Ya he dejado ir demasiadas cosas, las dejé ir tanto que al final mi herboristería acabó en llamas delante de mis narices… Y menos mal que yo no estaba dentro en ese momento. –la voz del hombre era amarga.
-¿Qué coño hiciste para cabrearles?
-¡Lo mismo que hice para que me ataran, imbécil! –estalló. Uno de los guardias le escuchó y tiró de la soga, haciendo que de nuevo cayese al suelo.
-No seas tan desagradable. –contestó ella mirándole desde arriba –Estoy tan atada como tú y te puedo asegurar que yo no quemé tu tienda.
-Pero tú eres una criminal. –se puso en pie con mucho esfuerzo
-No tienes pruebas. –sonrió de lado, viendo cómo uno de los dos hombres que les llevaban atados, el más gordo, no paraba de beber de la bota que llevaba al cinto –Además te conviene estar a bien conmigo.
-Lo dudo horrores. –fue la seca respuesta.
Pasó una media hora más aproximadamente hasta que de repente uno de ellos se detuvo:
-Greg, tengo que mear, no tardo. -diciendo esto desapareció entre los árboles.
-Vale, ahora tírate al suelo. –le susurró Veda a su compañero.
-¿Qué?
-Que te tires cojones.
-No pienso ti… -un aullido terrible interrumpió la frase cuando la mujer le propinó una fuerte patada en la espinilla. Por tercera vez cayó al suelo, esta vez arrastrando un poco al hombre que se había quedado custodiándolos a ambos.
-¡Jodido bastardo! Te voy a enseñar a estarte quietecito. –se acercó amenazadoramente a él, desenvainando el arma.
Veda se apresuró a terminar de cortar las cuerdas sobre las que ya había estado trabajando durante todo el camino con la hoja oculta en su antebrazo. Disimuladamente, aprovechando la distracción se posicionó a las espaldas de aquel tipo y con un último movimiento desgarró la última fibra de sus ataduras. Se agachó, tomó una piedra de tamaño considerable y justo cuando alzaba su espada contra el elfo le golpeó con todas sus fuerzas en la cabeza. El hombre se desplomó sin decir una palabra. La mujer tiró la piedra ensangrentada a un lado:
-¿Está muerto? –exclamó su compañero con terror en los ojos.
-¡Y yo qué sé! Vamos levanta. –cogiéndole por el brazo le ayudó. Después se apresuró a cortar las cuerdas de sus muñecas.
-¿Por qué me ayudas? –preguntó incrédulo.
-Porque es una mierda de excusa la que han puesto para apresarte y… -se quedó pensando un instante antes de terminar el trabajo. Le dedicó una sonrisa aviesa –Porque tengo la esperanza de que me guíes para salir de este bosque lo más rápido posible.
-¡Sí, sí, sí! ¡Vale, lo que pidas, pero corta esto!
-Hecho. –el elfo se apresuró a masajearse las muñecas doloridas –Me llamo Veda. –le tendió la mano.
-Dommam. –respondió. Dudó durante unos instantes, pero finalmente estrechó la mano que le tendía.

*        *        *
-¿Cuánto tiempo ha pasado Dommam?
-No sé… ¿un año? Algo más quizá…
-Puede ser… -Veda miró a su alrededor –Otra despedida en otro estúpido puerto.
-Es normal, cuando la gente se va lejos normalmente coge un barco. –replicó sonriendo con sorna.
-Te crees muy listo ¿no?
-Soy muy listo. –de nuevo esa sonrisa burlona. Cuando desapareció dejó una mueca de tristeza. –Ha sido divertido.
-Muy divertido, seguramente la época más loca de mi vida. –la mujer sonreía, aunque tenía los ojos vidriosos –Ha estado bien, huir de un lado a otro, siempre con algún desgraciado pisándonos los talones. Pero finalmente lo conseguimos, por fin vas a poder volver a un lugar donde no serás ni odiado ni utilizado. Al menos no por tus puntiagudas orejas, por lo demás… no apostaría tan fuerte.
-Sí, te debo una. –Dommam miró el barco al que estaba a punto de subirse –Te voy a echar de menos.
-No me debes nada, eres mi amigo. –ambos se abrazaron, posiblemente jamás volverían a verse.

miércoles, 29 de enero de 2020

"Memorias de un Elfo Amnésico IV" - Cicatrices

"Amara se encaminaba al interior de la casa,  dejando la estrellada noche y el verde jardín atrás, cuando el elfo respondió a su requerimiento.

- Claro, vayamos a descansar. Adelántate tú, enseguida iré yo. - Le dijo a la mujer con una media sonrisa. Ocultando sus verdaderas intenciones detrás de ésta. 

Esperó un tiempo prudencial, la paciencia era una de las pocas virtudes que conservaba de su raza por instinto. Entró en la casa y observó como descansaban cada uno de sus compañeros, posó por último su mirada en la mujer y cuando se aseguró que dormia tranquila. 

Recogió sus cosas, se ajustó la capucha y la capa, y se escabulló por el jardín, saltando los muros de la finca de los Dendra. 

Odiaba en cierta manera, tener que recurrir a esos sucios y viles trucos, para conseguir acercarse a lugares, donde el grupo sería más un estorbo,  que una preciada ayuda. Odiaba pensar así, pero tenía que ser así.

En la calle de la ciudad se sentía bien, deambulo buscando algún establecimiento de dudosa reputación, que  estuviera abierto a esas horas, y estuvo mirando que podría serle de utilidad. Una vez pactado un precio se marchó del lugar. 

Sus pasos le llevaron a los muelles, allí preguntaría por dos cosas principalmente, el Transbordador Tortuga y el fuerte Rannick. Las respuestas que encontraría no serían del gusto de todos seguramente. Pero tenía que intentarlo. 

Regresó a la casa de nuevo saltando los muros que la rodeaban, podría entrar por la puerta, pero hacerlo de aquel modo era mucho más divertido. Podía sentirse libre y ser quién era sin restricciones de ningún tipo. 

Esa noche ensoñaría tranquilo, sin pesadillas. Porque las cicatrices no son solo físicas, algunas se llevan por dentro, y son peores, porque esas no se ven. Esa misma noche las cicatrices de ese par tan distinto, pero a la vez tan unido por los hilos del incierto destino, habían comenzado a sanarse mutuamente..."

"Memorias de un Elfo Amnésico III" - Dualidad

"El elfo lo estaba pasando realmente mal estos últimos días. Se le notaba en la mirada, cansada y fría. Los ojerosos ojos y la tez más pálida de lo habitual. No conciliaba la ensoñación y eso le estaba pasando factura. 

 Estaba más irritable, más seco, más idiota que de costumbre. Su otrora media sonrisa de soslayo, sarcástica y ladina, ahora dejaba paso a una fina linea recta, sombria y en permanente desacuerdo.

Los sentimientos de culpa y las emociones se le agolpaban en la mente confusa y con las ideas desordenadas.  Los sueños sin sentido, en una cabeza rota por la amnesia. Pero lo que más le preocupaba era sus acciones, se estaba convirtiendo en aquello que más odiaba, en las pocas imágenes que recuerda de su niñez lejana, cuando ni siquiera los padres de sus amigos, habían sido concebidos siquiera. 

El reflejo de lo que veía le asustaba, se estaba convirtiendo en un monstruo, pero no de los que acechan en las sombras a los incautos, si no de los que son aún peores, de los de carne y hueso..."

"Memorias de un Elfo Amnésico II" - Sangre

"La brisa rozando su cara, el olor intenso a sal del mar, el oleaje partiendose contra las rocas. El elfo oteaba bajo su capucha, con la espalda apoyada en un pilar del quitamiedos del muelle, como los barcos llegaban a puerto desde el horizonte. 

Devoraba una manzana roja como la sangre y los pensamientos se arremolinaban en su cabeza. Se había desecho de su vieja armadura de cuero desgastada, mordisqueada y llena de sangre de sus últimas desventuras. 

Ahora bajo sus ropas, parecía más delgado incluso que antes, salvo por un pequeño detalle, un ceñido camisote de mallas plateado asomaba bajo las mangas de su camisa y de los brazales de cuero.

Y entonces llegaron los remordimientos. Las tiendas cerradas, algunos trabajos por terminar de hacer. Recuerdos perdidos y nuevos que difícilmente olvidaría. Giraba con la otra mano el anillo de su mano derecha, un leve suspiro. 


Sin apenas darse cuenta, había dejado de girar el anillo por un instante y se agarraba el colgante que le habia entregado la paladín hacía un tiempo. Un par de gotas resbalaron por sus pómulos marcados mientras se perdían como gotas de lluvia cayendo al mar.

Se sorprendió rezando una letanía a Sarenrae. Sus pasos se alejaron por un callejón cualquiera, tan sigiloso y solo, como había llegado..."

PATHFINDER: Zorta y Shaldur, reflexiones







*El sol se asomaba por el horizonte y sus rayos tocaban la ciudad de Magnimar, una capa de luz anaranjada vestía cada edificio, y en la mansión Dendra, nuestros héroes dormían, estaban todos agotados por la dura jornada vivida en Bajopuente.

Todos no, la perra lobo paseaba entre las camas de los siete compañeros, salta encima del camastro de Shaldur, y le mordisquea la oreja, Shaldur sabe lo que significa, se levanta sin hacer ruido, se viste y sale al enorme jardín, Zorta y Shaldur marchan a la parte más alejada de la mansión, ambos se miran, la perra loba se sienta sobre sus patas trasera y el humano clava sus rodillas en el suelo, ambos se miran fijamente los ojos verdes del explorador se clavan en los ojos azules del animal*


-¿Quieres hablar verdad? Hace tiempo que no lo hacemos, llevamos mucho ajetreo últimamente y está siendo una locura todo esto, a veces parece que nos supera ¿Quieres que abandonemos esta manada y sigamos nuestro camino?-


*Zorta le muestra los colmillos gruñendo, mostrando desagrado a las palabras de Shaldur*


-Vale, vale, estoy de acuerdo contigo, yo tampoco quiero irme de aquí, estoy cómodo, a veces dudo que seamos útiles, pero tras lo de ayer y como contuve a aquella monstruosidad creo que la cosa ha cambiado, lo importante es que cada uno ayudemos en lo que podamos-


*La perra loba emite un sordo ladrido, sus morro apenas se despegan, sonando como cuando un saco de harina cae al suelo, para Shaldur, es una afirmación*


-¿Qué piensas de cada uno de ellos? Ront, un tipo grande y rudo, es una ventaja tenerlo cerca y hace que me sienta tranquilo en combate, no lo he visto desfallecer nunca y sus golpes son letales y fuertes, no sé si le caeré bien, pero sin duda en un combate prefiero tenerlo al lado que delante-


*La perra, parece estirarse y crecer en forma, emite un poderoso ladrido que retumba en el jardín*


-Correcto es fuerte. ¿Y el elfo? Jade, creo que es menos peligroso de lo que aparenta, va de duro, pero por dentro es blando como el algodón en flor, no debemos de tener en cuenta sus palabras, una vez escuche a Amara decir que el elfo había perdido la memoria, debe ser muy duro no recordar nada, por eso entiendo sus cambios de humor, no me gusta como da las ordenes, es muy tosco, rozando lo maleducado, pero es de confianza, y en el combate es un poderoso aliado, dando todo lo que tiene para protegernos, si alguna vez me dejará creo que los dos podríamos ir juntos en la vanguardia-


*Cuando acaba de hablar, Zorta se incorpora y se coloca en posición de marcaje como cuando encuentra una presa, el humano sonríe entendiendo que el animal imita al elfo cuando se mueve en silencio*


-¿Qué me dices de la pequeña Shu-Lia? Es introvertida y no sabemos nada de ella *la perra ladea la cabeza mientras habla su compañero* si, si, no me mires así, no digo que sea culpa suya, pero a ti te gusta ¿Verdad?, te gusta tenerla cerca y protegerla, piensas que es el cachorro aquel que perdiste ¿sí? Por eso te quedas cerca de ella cada vez que se queda sola ¿me equivoco?

*La perra loba mira al humano seriamente, en sus ojos se puede ver tristeza*

-Cierto, a mí me recuerda a Ticaria, hacemos bien en cuidarla -

*El humano guarda silencio y aprieta la mandíbula recordando a la pequeña de 15 años de Wartle y suspira mientras mira hacia el este, en dirección donde estaría su pueblo* ¿Y qué me dices de Tobías? Siempre callado, bueno ahora más, tiene mucho apetito, cuando estemos a campo abierto debemos de buscarle algo de caza, que lo disfrute, sería una manera de pagarle todos sus cuidados, cada vez que nos hieren, está cerca para cuidarnos. Si antes era callado, desde aquella herida, aún lo es más.


*La loba guarda silencio y emite un jadeo seco ahogado, pero mueve el rabo dando así señales de su conformidad*


Le toca el turno a Amara, a mí me gusta, es increíble lo férrea que es, su fortaleza, su fe, siempre ante el peligro, no se rinde, quiere estar en todo y ayudar a todos, no se rinde jamás, y a mí me inspira, creo que con su determinación nos empuja a todos a seguir en esta locura, creo que si no fuera así, ninguno estaríamos aquí, la verdad es que de todos, es con la que mejor me siento -

*Mira al animal esperando su reacción y Zorta, comienza a saltar moviendo el rabo, ladra alegremente y rueda por el suelo jugueteando*


-Vale, vale, vale…me queda muy MUY claro que ella te gusta, y mucho.  

*A Shaldur le cambia el rostro, y se pone serio guardando un pensativo silencio, suspira y dice en voz baja* 

Soron… no me gusta, no entiendo su forma de pensar, ni como actúa, solo quiere oro, solo quiere beber y comer, solo busca jaula doradas llenas de furcias, a veces me da la sensación que anhela solo más poder y le da igual lo demás y quizás sea una locura, pero creo que lo que hace, lo hace a conciencia, y que atrae peligros de forma intencional, no me gusta, no me fio, no quiero tenerlo cerca, pero el grupo le respeta, así que nosotros no vamos a decir nada ¿Te parece?


*La Perra Loba se pone tensa en defensa y gruñe con desagrado, da pasos hacia atrás como intentando alejarse de algo que no le gusta y emite gruñidos agudos y molestos, se acerca al explorador como buscando refugio*


-Si tranquila, yo te protegeré, como tú a mí -
*La perra vuelve a su posición original delante de Shaldur, ambos guardan silencio de nuevo en silencio, hasta que la perra da un salto y tumba al explorador, ambos juguetean durante un rato, hasta que ambos paran, el animal se queda sobre el pecho del explorador y este le toma de las quijadas para que Zorta se fije en él*


Sabes que vamos a ir de caza ¿verdad? *Zorta emite un corto, pero agudo aullido* Y sabes que primero hay que explorar, que debemos de conocer el terreno y averiguar todo lo posible sobre la presa * De nuevo Zorta emite un aullido hacia el cielo* Olfatea y se gira hacia la puerta de la mansión.

*En la puerta mirándoles de lejos está Amara y detrás de ella la pequeña Shu-lia, ambas miran a la pareja jugueteando, no sabemos cuánto tiempo están allí y cuánto tiempo llevan observando a Shaldur y Zorta,estos se incorporan y se acercan hacia las dos mujeres*

No os vayáis a ningún sitio, Zorta y yo necesitamos hacer unas cosas, pero no tardaremos, esperarnos.

*Amara tiene intención de decir algo, pero es cortada por un seco ladrido de Zorta que apoya las palabras del explorador*

No tardaremos, de verdad.


*El explorador y su compañera giran sobre sus talones y se alejan de la mansión por las calles de Magnimar*

martes, 28 de enero de 2020

Plata y miel


Era ya tarde cuando llegaron a la mansión de Dendra. Dejaron, agotados, sus cosas en el suelo de la casa destinada al servicio donde se alojaban. Todos fueron acomodándose, preparándose para dormir. Salvo Amara.

Ella remoloneaba, llevando sus cosas de un sitio para otro, perdida en sus pensamientos. De vez en cuando lanzaba una mirada furtiva a Jade, quien seguía revisando sus cosas. Finalmente, una vez se quitó la armadura y dejó su sable cuidadosamente en el suelo, se aproximó al elfo:

-Jade, sé que ha sido un día muy duro, pero si tuvieras un momento... –miró al resto de sus compañeros, ya acostados –Hay algo que querría decirte.

Él le devolvió una mirada de curiosidad mientras echaba un vistazo fugaz por el rabillo del ojo a sus cosas, poniendo mientras en orden su zurrón:

- Esto, claro, dispara.

-¿Podemos salir fuera? –preguntó en apenas un susurro.

- Por supuesto. –dice siguiéndola al exterior.

Al salir fuera, la brisa les refresca. Les llega el olor a verde de la hierba que pisan y de los árboles del jardín que se mecen con el suave viento. Amara repara un momento en el cabello plateado de Jade, el cual lanza destellos casi metálicos a la luz de la luna y esto hace que alce su vista al cielo, buscando el valor para pronunciar las palabras que tenía que decir. Finalmente suspira y mira con semblante grave a Jade:

-Mañana se lo diré al resto, pero creo que debería empezar disculpándome. Creo que no he estado a la altura de la situación en las últimas ocasiones. –la humana cierra los puños, frustrada y dolida –Ya he fallado a mucha gente Jade.

- No le has fallado a nadie. –Se apresuró a decir, clavando su mirada verdosa en los ojos de la mujer –No somos perfectos ¿Sabes? –terminó posando su mano afectuosamente en el hombro de ella.

-Intento protegeros, pero no dejo de estar fuera de lugar... he llegado a preguntarme si era lo correcto que permaneciese aquí, si no sería una señal de la Diosa para... –suspira –Tal vez, hay otra parte en la que debiera estar... –su mirada, al principio dubitativa, se torna segura –Sin embargo, mientras exista mal aquí creo que es mi deber quedarme.

Era evidente que estaba muy afectada, un nudo terrible se estaba formando en su garganta mientras hablaba:

- Venga ya, ¿ahora la que quiere irse eres tú? ¿En serio? ¿Entonces me he quedado para nada? –preguntó clavando sus ojos, como piedras preciosas, sin apartar ni un segundo la mirada.

-No, no voy a irme, pero he dudado. –Amara sonrió con tristeza –No voy a huir... no otra vez...

- La culpa, si es que alguien la tiene, no es tuya. –replicó el elfo con determinación –Es de todos, no dejamos de ser entes individuales a veces. –Suspiró un segundo –No puedes cargar con todo, no tú sola.

-Ese es el motivo principal por el que he pedido que me acompañaras… –La guerrera sintió cómo se le empañaban los ojos, así que se apresuró a girar la cabeza para evitar que Jade se percatase –Ya no puedo mantenerlo en secreto... creo que solo me está pudriendo por dentro y si no te lo explico tal vez no entiendas lo que quiero pedirte.

Sin embargo, la vista del elfo era demasiado buena y le fue fácil advertir sus incipientes lágrimas. En un acto reflejo la abrazó, dejando que apoyase su cabeza en su regazo:

- No estás sola. Ya no.

Amara, sintiéndose sorprendida por el gesto de afecto, intentó ahogar la exclamación que escapaba por sus labios. Jade la sintió temblar entre sus brazos, así como una humedad creciente en su hombro. Optó por el silencio, sabía que era el momento de escuchar:

-Jade... yo pertenezco a la facción rebelde de Cheliax... antes era una tierra segura, justa y buena, pero con el tiempo algunos nobles en busca de poder pactaron con el diablo Asmodeo, -pronunció su nombre apretando la mandíbula, con extremo desprecio –entre otros. –Él asintió en silencio, con un leve gesto, dejándole todo el tiempo que necesitase para explicarse –Mi padre era caballero. Él y sus aliados llevaban años preparándose para la guerra, pero cuando se decidieron a parar el mal, fue demasiado tarde. Mi padre murió en la batalla, –llegado este punto, sus brazos, que habían colgado flácidos a los lados hasta ese momento, suben para abrazar la espalda del elfo -mi hermano y yo fuimos al frente en su lugar. Tengo que reconocer que era casi imposible pero... si tan solo él... –Apretó sus dedos, aferrándose desesperadamente a Jade. Por mucho que trató de reprimir los sollozos llegaron claros hasta sus oídos. Trató de reconfortarla, estrechándola junto a él, pero continuó su mutismo, conocedor de la necesidad de la humana de ser escuchada, entendida, no juzgada –Mi hermano nos traicionó. Nos vendió. Solo algunos pudimos escapar para reunirnos con nuestras familias. Pretendía escapar con mi madre, pero ella se adelantó, pidió a mis tíos que me sacaran de allí. –movió su cabeza para ocultar su rostro en el cuello del hombre –Me dijo que fuera a la bodega del barco, que allí había un arma para mí con el que combatir las tinieblas de este mundo… ¡Qué idiota fui, Jade!

- Ya está, –murmuró entre dientes –Ya está... –la consoló mientras acariciaba su rizado y oscuro cabello, así como sus mejillas, secando las lágrimas con sus finos dedos.

-Cuando encontré mi sable me quedé como una estúpida mirándolo, tan absorta que no me di cuenta de que el barco había zarpado. Cuando subí a agradecérselo... maldita sea, mi madre no había subido, ella era solo una sombra a lo lejos –su voz se había convertido en apenas un susurro –No podía dejar a mi hermano solo, aunque fuera un traidor, un cerdo...

- Tu madre te salvo la vida. –contestó Jade de repente –Vio en ti, lo que yo veo. Necesitaba que vivieras para poder ser quien eres y hacer lo que haces. Salvar a la gente. –La miró con una sonrisa sincera en el rostro –Me salvaste a mí.

Amara se separó ligeramente de Jade, visiblemente más calmada, aunque todavía algunas lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Al escuchar estas palabras le mira sorprendida:

-¿A ti?

- Sí, a mí. -ahora era él quien evitaba cruzar  las miradas.

-Tú no necesitas que te salve nadie. –Por un momento la guerrera estuvo a punto de reír. Se apartó las lágrimas con una mano. En ese momento, él le devolvió un golpecito amistoso con el puño en el hombro:

- Me salvaste, evitaste que me fuera y me diste una razón de ser.

-¡Qué dices! Fue cosa de Ront. Yo ni siquiera era capaz de evitar que pasaras por Cheliax. Por eso te lo dije... –revivió aquel momento en la taberna –No podía vivir sabiendo que esa tierra maldita se había tragado a otra persona importante para mí. –suspiró, mirando de reojo la hierba.

Jade la miró de soslayo, con algo de sorna:

- Voy a tener que decirlo ¿no? –ella le devolvió un gesto de extrañeza –Tú eres el motivo por el que me quedé. Me quedé por ti. -suspiró mirando al cielo. Al reflejo de la noche la cicatriz en forma de c en una de sus cejas plateadas se hacía evidente.

Ella sintió el calor en las mejillas y su pulso acelerándose, intentó cambiar de conversación tratando de controlarse:

-¿Y esta cicatriz? Supongo que... –se dio cuenta de lo absurdo de su pregunta –No lo recuerdas ¿no?

-No... No recuerdo tantas cosas... –volvió a mirarla.

-Pero otras muchas sí. –le sonríe con cariño –Tiene gracia, hace tiempo le conté a SuLiHa lo que había ocurrido con mi familia... la conversación empezó porque me preguntó dónde había estado el día que fuisteis a la casa de los Dedalera. –en su rostro se dibujó esa sonrisa pícara de niña que ha cogido unos caramelos de la tienda –Si no le dices nada, te diré que esto ha sido mucho mejor. –Rió suavemente, con un poco de culpabilidad.

- Dioses, ni siquiera recuerdo que soy un elfo y qué conlleva eso... pero sí te recuerdo a ti y lo que significas en mi vida. –Dijo rascándose la cabeza, algo incómodo.

-Y... ahora que te he contado esto, viene lo que quería pedirte. –Prosiguió apartando la mano que usaba para rascarse, clavando sus ojos castaños, tan distintos de los de Jade, en los suyos. Su semblante se vuelve serio de nuevo. Él hizo lo propio, fijando la mirada y bajando la mano guiado por la de Amara –Jade, no se me olvida lo que dijiste en la torre, cuando estaba a punto de caer. Jamás, escúchame bien, jamás, des tu vida por mí y... –tragó saliva –Si pudiera ser egoísta por una vez en mi vida te... –de nuevo ese nudo en la garganta, el pulso, la respiración acelerada –Te pediría incluso que no lo hicieras por nadie. –se aproximó un poco más a él –Recibí noticias de Cheliax, aunque espero para que me lo confirmen. La rebelión ha sido sofocada completamente. No ha... no ha habido piedad para nadie. Lo he perdido prácticamente todo. Cuando vine, mi objetivo era hacerme fuerte para volver y rescatar a mi hermano de las sombras pero... ni tan siquiera puedo hacer eso. Le pido a la diosa que me de fuerzas, pero no puedo perdonar, ahora no... –Abrió y cerró los puños como si aferrase algo y después los contempló, vacíos.

-No puedo prometerte eso. –replicó el elfo –Daría mi vida por ti una y mil veces. –continuó con su mirada seria clavada en ella –Y no lo has perdido todo, nos tienes a nosotros, me tienes a mi... –Amara alzó una mano tímida hacia el rostro de Jade, pero se contuvo, dejándola a medio camino –Eres fuerte, más fuerte de lo que crees. Y estás tocada por ella. –Tras tocar la medalla que colgaba de su cuello acarició la mano que ella había dejado a la altura de su pecho, tan solo un roce leve con sus dedos.

-Pero solo tienes una vida. Y debes conservarla para que yo pueda conservar mi alma. –sus ojos prácticamente suplicaban –Jade, no tengo miedo a la muerte, Sarenrae está conmigo. Pero si tú perdieras la vida –podía sentir el latido de su corazón en todo su cuerpo y un calor insoportable en la cara, la cual apartó levemente, intentando ocultar el rubor. Carraspeó –o… los demás, eso sería mi fin.

Jade tomó la mano que ella había dejado elevada, acompañándola a su rostro y sonrió. Pocas veces había visto al elfo sonreír de esa manera, pocas veces lo había visto feliz:

-Lo sé. Solo tengo una vida, pero mi alma es tuya.

Al escuchar esas palabras el golpeteo en la cabeza y en el pecho de Amara pareció detenerse de repente. La mano que acariciaba el rostro del hombre tembló ligeramente y, aunque parecía imposible, cuando el latido volvió más rápido y fuerte, sus mejillas se tornaron todavía más rojas. A pesar del moreno de su piel, era inevitable darse cuenta a primera vista. Sus ojos vagaron de un lugar para otro, sin atreverse a pararse en los verdes de Jade. La guerrera, la creyente, la fuerza que acaba con la oscuridad, parecía haberse esfumado, dejándola solo a ella, vulnerable, sin todas esas capas de fuerza, seriedad y nobleza. A su vez, el elfo truhán, vividor y picaruelo, parecía ser otra persona, muy distinta, mejor.

Se observaron en silencio, mirándose, sin atreverse ninguno de los dos a romper ese momento. Sin atreverse a separarse el uno del otro:

- Al menos... al menos prométeme que no harás ninguna tontería que... harás lo posible por vivir. –dijo la humana tras tragar saliva. Sus ojos viajaron desde los de Jade hasta sus labios.

- Siempre que tú me prometas lo mismo.

-Creo que eso puedo hacerlo. –Absorta en la curvatura de la boca del elfo dejó escapar estas palabras como si de un suspiro se tratase. En ese momento recobró algo de control, parpadeó un par de veces. Poco a poco, luchando contra los deseos de su propio cuerpo se separó de él. Su pecho subía y bajaba descontrolado. Respiró hondo, carraspeó suavemente –Gracias Jade. Me siento mucho mejor gracias a ti. –se alejó un poco más, sonriendo –Es muy tarde y mañana será un día largo, deberíamos descansar.



Cuaderno de bitácora: Deuda de sangre

“El humo y el fuego ya habían dejado de ser los problemas más graves a los que se enfrentaba nuestro grupo. Brandán había estado apagando un...