"Amara se encaminaba al interior de la casa, dejando la estrellada noche y el verde jardín atrás, cuando el elfo respondió a su requerimiento.
- Claro, vayamos a descansar. Adelántate tú, enseguida iré yo. - Le dijo a la mujer con una media sonrisa. Ocultando sus verdaderas intenciones detrás de ésta.
Esperó un tiempo prudencial, la paciencia era una de las pocas virtudes que conservaba de su raza por instinto. Entró en la casa y observó como descansaban cada uno de sus compañeros, posó por último su mirada en la mujer y cuando se aseguró que dormia tranquila.
Recogió sus cosas, se ajustó la capucha y la capa, y se escabulló por el jardín, saltando los muros de la finca de los Dendra.
Odiaba en cierta manera, tener que recurrir a esos sucios y viles
trucos, para conseguir acercarse a lugares, donde el grupo sería más un
estorbo, que una preciada ayuda. Odiaba pensar así, pero tenía que ser
así.
En la calle de la ciudad se sentía bien, deambulo buscando algún establecimiento de dudosa reputación, que estuviera abierto a esas horas, y estuvo mirando que podría serle de utilidad. Una vez pactado un precio se marchó del lugar.
Sus pasos le llevaron a los muelles, allí preguntaría por dos cosas principalmente, el Transbordador Tortuga y el fuerte Rannick. Las respuestas que encontraría no serían del gusto de todos seguramente. Pero tenía que intentarlo.
Regresó a la casa de nuevo saltando los muros que la rodeaban, podría entrar por la puerta, pero hacerlo de aquel modo era mucho más divertido. Podía sentirse libre y ser quién era sin restricciones de ningún tipo.
Esa noche ensoñaría tranquilo, sin pesadillas. Porque las cicatrices no son solo físicas, algunas se llevan por dentro, y son peores, porque esas no se ven. Esa misma noche las cicatrices de ese par tan distinto, pero a la vez tan unido por los hilos del incierto destino, habían comenzado a sanarse mutuamente..."
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