"El elfo lo estaba pasando realmente mal estos últimos días. Se le notaba en la mirada, cansada y fría. Los ojerosos ojos y la tez más pálida de lo habitual. No conciliaba la ensoñación y eso le estaba pasando factura.
Estaba más irritable, más seco, más idiota que de costumbre. Su otrora media sonrisa de soslayo, sarcástica y ladina, ahora dejaba paso a una fina linea recta, sombria y en permanente desacuerdo.
Los sentimientos de culpa y las emociones se le agolpaban en la mente confusa y con las ideas desordenadas. Los sueños sin sentido, en una cabeza rota por la amnesia.
Pero lo que más le preocupaba era sus acciones, se estaba convirtiendo en aquello que más odiaba, en las pocas imágenes que recuerda de su niñez lejana, cuando ni siquiera los padres de sus amigos, habían sido concebidos siquiera.
El reflejo de lo que veía le asustaba, se estaba convirtiendo en un monstruo, pero no de los que acechan en las sombras a los incautos, si no de los que son aún peores, de los de carne y hueso..."
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