Como una sombra fugaz algo se movía desde detrás de la posición donde se encontraba la mujer. Amara rápidamente se dio la vuelta, sacada a la fuerza de sus pensamientos. Se acercó nadando sigilosamente a la orilla, intentando palpar en la oscuridad su cimitarra, todavía sumergida ella en el agua:
- A menos que quieras dos elfos en tu vida, no me atices con eso, por favor.- Dijo el elfo desde detrás de la sombra de la que salía, mientras se acercaba con las manos en alto
Amara, visiblemente desorientada, miró hacia la dirección de la sombra, sus ojos humanos carecían de la ventaja de los elfos, eso era más que evidente para Jade, pero su voz resultaba inconfundible. Un segundo después se hundió hasta el cuello en el agua helada:
-¿Pero qué...? –Amara se cubrió los senos instintivamente a pesar de estar bajo el agua –Por la Diosa, vaya susto... ¿Estáis todos bien?
-No quería asustarte... –se dio la vuelta enseguida, dejando intimidad a la mujer, aunque se sentía tentado de mirar por encima del hombro –Te vi salir, sabía que venias y no lo pude evitar....
-Demasiada gente ¿verdad? –la voz de la mujer era amable, cálida, pero tras carraspear se endureció repentinamente, como si recordase que estaba enfadada con el elfo –Voy a salir, ¿te importaría acercarme la manta? La tienes justo al lado... creo. Puedes cogerla con los ojos cerrados, seguro.
Haciendo caso a la mujer, cogió la manta, acercándosela con una mano mientras que con la otra mano se tapaba los ojos:
- Si, mucha gente...demasiada. –Jade escuchó un chapoteo, seguido de una mano que tocaba la suya, cogiendo la prenda. Al escuchar el chapoteo y notar el contacto de la piel de su mano con la suya, no puede evitar mirar entre los dedos
Amara estaba mirando la manta, intentando discernir la silueta de la prenda en la oscuridad. A penas vio un atisbo de su cuerpo, principalmente las piernas, bien contorneadas y musculosas, justo antes de que rápidamente se cubriera como si se tratase de una capa. El pelo de la mujer estaba empapado, cayendo en suaves ondas hasta la cintura, al retorcerlo una enorme cantidad de agua cayó al suelo. El pícaro no pudo evitar sonreír como un niño con un juguete nuevo, mientras volvía a cerrar los dedos y girarse, esperando que terminase:
-Siento que me hayas encontrado en esta situación, seguramente pensaras que todavía no me había metido al agua... –terminó de escurrir el agua de su melena –Ya estoy, puedes mirar.
- No te preocupes, no vi demasiado... –dijo mientras se giraba con una sonrisa maliciosa en su rostro y un tono rojizo en su blanca piel
-¿Qué? -Amara se aferró a la manta, mirándole horrorizada, pero después giró el rostro, molesta –Ya me estás tomando el pelo otra vez... eres incorregible.
- Pero sí, hubiera estado bien compartir ese baño juntos. –Acabó por decir con sinceridad. Amara parecía haberse atragantado con algo, sus ojos iban nerviosos de un lado a otro no sabiendo dónde mirar. Temblaba bajo la manta –Va, sentémonos, tienes frio.
-No te creas que te vas a librar con tus bromas Jade...
- Lo sé, y por eso estoy aquí. –dijo el hombre acomodándose sobre unas rocas. Amara se sentó junto a él, todavía temblaba, por lo que sacó algunas ropas de abrigo de su mochila –Toma.
-¿Ah sí? ¿Lo sabes? –intentó mirarle enfadada, pero había una debilidad en sus ojos que le era imposible ocultar.
-Si sigues teniendo frio, puedes usar mi capa también.
-Gracias... es solo hasta que me seque, no te preocupes. -le miró, aproximándose un poco más a él, de una forma casi inconsciente
- Sé que hice una estupidez, o eso crees. Pero no era del todo una... –él también se aproximó a la guerrera sin darse cuenta.
-¡Sí que lo era!
- La barcaza tenía sobrepeso... y había que hacer que esas horrendas criaturas miraran a otra cosa....
-¿En qué demonios estabas pensando Jade? –ahora sí estaba molesta, en su voz no solo había enfado, también una gran dosis de miedo.
- En salvarte la vida y salvársela al resto, es lo que he aprendido a tu lado...
-¡Me lo prometiste! ¿Es que no significa nada lo que me dijiste? –Amara se levantó súbitamente con el objetivo de encararle –¡No! ¡No me vengas con eso ahora maldita sea!
- Sin recibir nada a cambio... –continuó mientras la miraba con sus ojillos verdes, imitando la mirada tierna de un perrito
-No... No te atrevas a mirarme así Jade. –pareció dudar unos instantes –Demonios... cómo pudiste... ¿Es que no lo entiendes?
- Lo entiendo joder, claro que lo entiendo, daría mi vida mil veces más si eso hiciera que tú no la perdieras. No lo soportaría, no podría, no... –Jade estaba con los hombros abatidos, mirando la arena y la orilla del río
-¡Basta! Jade que le jodan a mi vida –pocas veces la había oído el elfo decir palabras malsonantes y jamás la había oído gritar así, como si tuviera su corazón en el puño de su mano –¡Tu vida vale mucho más que la mía! ¡No sé cómo hacértelo entender! Tu luz es mucho más fuerte que la mía, durará mucho más tiempo, además... Tu muerte no me protegería de nada... –Amara se sentó en el suelo, agotada, los ojos húmedos, aunque no cayó de ellos una sola lágrima –Jade... ¿no entiendes lo mucho que te amo? Todo lo que soy... es como si te perteneciera, mi mente, mi cuerpo, mi corazón todo… Y estabas dispuesto a tirarlo por la borda de esa barcaza a la primera de cambio. –giró la cabeza, evitando mirarle esta vez –Te miro Jade... y lo único que veo es que no puedo protegerte...
- Y no entiendes que siento lo mismo, que no puedo dejar que te ocurra nada... -el elfo se acercó a ella, sentándose a su lado, tras lo cual la tomó de la barbilla gentilmente pero con firmeza, obligándola a mirarle. Al principio la mujer se resistió levemente, pero finalmente cedió –Te Amo Amara, te amo desde que te deje entrar en mi corazón, y me desarmaste, tienes mi alma y me tienes a mí. Y no dejaré que nada te pase siempre que esté en mi mano.
-¿Y qué me pides Jade? ¿Que mire cómo te lanzas como un suicida? ¿Piensas que yo no saltaría detrás?
-Pero nuestra vida es esta, cualquier día nos matara una espada, una trampa o un dragón. –se levantó, tomó una piedra y la lanzó al río, haciéndola rebotar varias veces sobre la superficie del agua –Solo quiero vivirla intensamente junto a ti.
-Pero... eso es una cosa... sin embargo... a veces te lanzas sin pensar en lo que puede suponer.
-Y no me lance como un suicida. Sigo vivo y funciono ¿no? Y lo más importante, seguís vivos, tú sigues viva.
-No soy solo yo... para todos los demás también eres importante. -Amara se acercó a su espalda y le abrazó por detrás, rodeando con sus brazos la cintura del elfo. La manta cayó al suelo en el movimiento -Si quieres protegerme, entonces procura que no te maten, me da igual que sea una espada, una hidra o el mismísimo Asmodeo. No pienses que hay más esperanza para mí más allá de tu vida Jade... no es así. –la mujer rió tímidamente junto al oído de Jade –Y... no se te ocurra girarte ahora.
El elfo se sintió completamente desarmado, dejando caer los brazos a un lado. Su pulso se aceleró, un escalofrío recorrió su espalda, y varias gotas de sudor cayeron por su frente:
-Amara…
Amara se agachó a su espalda y recogiendo la manta del suelo se cubrió con ella la parte anterior del torso:
-¿He... He conseguido convencerte.... aunque sea un poco de que no hagas tonterías? –de nuevo se aproximó al elfo, apoyando su cabeza en su hombro, susurrando estas palabras en un tono cálido, conciliador
- Sí... –dijo Jade mientras giraba su cabeza para encontrarse con la suya. Ella le miraba con media sonrisa en el rostro –¿Somos unos idiotas verdad?
-Veremos cuánto te dura... –Amara miró al suelo, riendo mientras recogía un mechón de su cabello detrás de su oreja –No, yo soy una mujer sabia y cabal, tú eres el idiota aquí.
Jade soltó una carcajada por la ocurrencia:
- Me lo merezco, me la he ganado. Ven. –la invitó a sentarse a su lado, abrazándola contra él mientras miraban la orilla, el río y la nublada noche sobre ellos. Amara pasó la toalla por su espalda, recogiéndola justo al nivel del escote, en un movimiento fluido y rápido, aun así Jade pudo percibir la cintura y parte de la cadera de la mujer –Hoy no pude traer vino, ni.... -la miró un segundo, tragó saliva y prosiguió –fre... fresas, no vi ético coger nada en casa de Shaldur... –rió un poco
-Parece que he hecho un buen trabajo contigo... Sarenrae estará satisfecha. –rió con ganas también la guerrera
- Meh, habeis hecho un trabajo estupendo sí... -Pareció mascullar entre molesto y divertido
-También lo hizo conmigo en su momento... si no fuera así... -miró al elfo, mordiéndose el labio inferior un segundo, con un brillo pillo en sus ojos -Te lanzaría ahora mismo al agua.
-¿Sarenrae no te deja lanzar elfos al agua? –reía con picardía. Le guiñó uno de esos ojillos de esmeraldas cejas plateadas
-Solo si son malos. –Amara rió de nuevo, echando la cabeza hacia atrás. El pelo todavía húmedo lanza destellos a la mortecina luz de la luna
-Entonces claro, entiendo que no te deje lanzarme. –se levantó mientras se sacudía algo de arena que había quedado en su ropa –Pero sí dejará que se metan voluntariamente al agua ¿no? –dijo mientras se iba quitando las botas
-¿Qué? ¿Pero qué vas a hacer Jade? -la mujer le miró perpleja, pero divertida
- Me voy a meter al agua... y tú te vas a venir conmigo... –rió mientras se quitaba los pantalones y se los tiraba, detrás la camisa. La mujer se retiró rápidamente la ropa de la cara, le miró pero al verle desnudo rápidamente apartó la vista –Al contario que tú, yo si te dejo mirar. –dijo con picardía mientras se metía en el agua. Ella intentó responder algo, pero sólo le salió un ridículo balbuceo –Vaya, que fría su pu... -Pareció reprimir un grito y una maldición
-¿No te había dicho lo fría que estaba? –ahora sí le miraba con cierta sorna –Pues no sé cómo vas a... a... hacer que me meta yo en el agua Jade
- Tendré que ir a por ti... –se dio la vuelta, preparándose a salir
-¿Cómo? No... no es.. es necesario... ya... yo... bueno... ya, ya puedo ir yo. –el pánico se reflejaba en su rostro, arrebujada en la manta
-Vamos... –el elfo estaba a punto de salir del agua como los dioses lo trajeron al mundo de caras a Amara
Amara se levantó y se acercó a la orilla del río. Miró a Jade un segundo, de nuevo ese carraspeo nervioso, cogió aire y junto a él todo su valor y su dignidad. Él se giró en el agua, dejándola entrar sin mirar, hasta que le cubra. El hombre escuchó el sonido de la manta, que cayó pesadamente a tierra, seguido de un chapoteo, tras lo cual Jade sintió la proximidad de Amara:
- Puedo...girarme ya...
-Qué sorpresa... pensé que ibas a mirar... –dijo con total sinceridad, suspirando
- Aunque no te lo creas, soy un caballero de plateada armadura que te respeta... -le dio un toquecillo en la nariz con uno de sus dedos, ahora húmedos –Pero sin armadura ahora...
-¡Pero bueno! ¿Es qué tú nunca me escuchas? –le agarró la mano en el aire, jugando. Aquel momento le recordó a aquella vez en el jardín
- ¡Eh! ¿Y ahora qué?
-Tienes suerte de no haber traído fresas... si no te estaría lanzando ahora una –la mujer no pudo reprimir una sonrisa
El elfo entrelazó su mano al aire con la suya:
-Y no hay alcohol... –en ese momento, con una de sus manos entrelazada con la de la guerrera, le miró mientras que con el otro brazo le arrastraba hacia él
-Y no hay alcohol... –repitió ella, hipnotizada. Se dejó arrastrar, totalmente petrificada por la mirada y el tacto del elfo.
- No quería que fuera un recuerdo borroso...no quería que pudiéramos echarle la culpa a algo...
-¿Crees que te besé porque estaba borracha? –la mujer alzó una mano hacia el rostro de Jade, acariciándole el pómulo, después los labios, con la mirada fija en ellos
- No lo creo. –dijo cerrando los ojillos un poco, recibiendo con agrado las caricias –Pero no quería dudas, no quería y si... quería esto... te quería a ti... –sin poder resistirse más esta vez él se lanzó a besarla
La mujer lo recibió de buen agrado, correspondiéndole, aunque parecía algo temorosa de perder el control, a pesar de que su mano recorría ya el pecho del elfo libre de su voluntad. Él siguió besándola, acariciando su espalda con sus manos hasta llegar a su final, dejando sus manos ahí, sin bajar, aunque la empujaba suavemente hacia sí. La noche seguía siendo fría, aunque a la pareja furtiva no parecía importarles demasiado. Amara se separó un poco de él, tragando saliva, le miró, en sus ojos se podía adivinar una lucha terrible:
- Entiendo...
-¿Sí...?
- Sí, no hay prisa.
Amara respiraba con dificultad, debajo del agua su pecho estaba agitado, su mano todavía enmarañada en el cabello de Jade. El elfo estaba luchando contra sus deseos, pero no quería incomodar a la mujer, era lo más importante para él:
-Temo... quiero... de verdad que lo quiero pero... ¿y sí...?
-¿Y si...? –preguntó también con la mirada
La mujer se acercó un poco más a él, como si perdiera la lucha interna que llevaba debatiéndose desde el inicio:
-Y si... podría quedarme...
- Lo único que temo es morir, sin haber estado contigo... –de repente abrió mucho los ojos –¿Quedarte?
Amara le empujó contra unas rocas con suavidad mientras le besaba y él se dejó arrastrar con facilidad:
-Veo que lo has entendido. –rió la mujer, algo pesarosa
- No había pensado en ello la verdad... –reía incómodo como si fuera tonto –Mis... –le interrumpió otro beso
-¿Sí?
- Mis pensamientos estaban a otra cosa... –rió de nuevo mientras apretaba a la mujer hacia él con suavidad, sin encontrar resistencia. Pasó sus manos de nuevo por su espalda, curtida, musculada, marcada, esa piel que contrastaba tanto con la suya.
-Yo... mis pensamientos están a otra cosa desde hace mucho. –se sinceró ella, algo avergonzada –Y entre todo eso... no he podido evitar pensar en la posibilidad. Amara se estremeció, se acercándose más a él todavía mientras le mordisqueaba un hombro
- Si los dioses lo quieren, sea entonces... –volvió a estrechar Amara contra él, rozando su piel con la suya, sin movimientos violentos, pero sí dirigidos
La mujer se dejó guiar, absolutamente hipnotizada por el cuerpo del elfo, sus palabras, sus movimientos. Le dejó tomar de ella todo lo que desease, sin atisbo de duda ni remordimiento. El elfo suspiró, parecía como si se le escapara la vida en ello.
Y como si dos piezas de un mismo rompecabezas encajaran por fin, finalizando el complicado puzle de un destino incierto, las almas y los cuerpos de este par, parecen ser un solo ser, que se mueve al mismo son de una música imaginaria que suena en sus cabezas al compás de sus corazones.
* * *
El trinar de los pájaros, y las luces del alba despertaron a Amara junto a unas mantas, ropas de abrigo y una hoguera improvisada. Sus ojos se perdieron unos instantes en la figura de Jade, que dormía plácidamente a su lado. De repente abrió mucho los ojos, recordando que habían quedado con el resto del grupo en dormir todos juntos en la casa de Shaldur:
-¡Maldición! Jade... Jade... –le zarandeó suavemente por el hombro
- ¿Qué pasa?... no querrás... -le miró con picardía
-Nos... ellos nos están esperando en la casa… -contestó ella con urgencia. A pesar de haber pasado la noche juntos no pudo evitar sentir en calor en las mejillas ante la sugerencia.
- Joder ¡Es de día! -rió mientras se vestía a toda prisa
Nerviosa, la humana miró a los lados. Por fortuna el pueblo estaba todavía despertando y estaba tranquilo. Se desprendió rápidamente de la ropa que había dejado el elfo para no pasar frío durante la noche y se la tendió:
- No pasa nada, tranquila. No creo que... –la miró con una sonrisa maliciosa –escucharan nada....
-Yo tengo aquí mi ropa y mi armadura, toma. –Amara miró al suelo, no se había contenido en ningún momento, ni había pasado por su mente el tener cuidado. Miró a lo lejos la casita, era como un punto en el horizonte. Esperaba que fuera suficiente distancia.
Jade se vistió con sus ropas amontonadas aquí y allá, mientras apagaba los restos de la hoguera y metía las cosas en su mochila:
- ¿Sabes una cosa?
La mujer hacía lo propio, se vistiéndose a toda prisa:
-¿Sí? –preguntó, apurada
-Te Amo, mi dulce princesa de ébano. –sonrió el elfo, mientras, tarareaba aun recogiendo sus cosas
Ella de nuevo se sonrojó hasta las orejas, Jade tenía una habilidad especial para ello:
-Qué... cosas dices... yo... -carraspeó, recogiendo sus últimas cosas -Yo también.
Ambos con las cosas ya recogidas pusieron rumbo a la casa, cogidos fugazmente de la mano un trecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario