domingo, 19 de abril de 2020

"Memorias de un Elfo Amnésico IX" - Luciérnagas

Los pasos le llevaron al sótano, avanzaba con cuidado, por todos los pasillos y todas las habitaciones. Después de acabar con otra de esa criaturas horrendas y ver la sala donde parecía que despiezaban a las presas, como si fuera un rudimentario y macabro matadero improvisado. No pudo soportar el olor y no osó adentrarse mucho más adentro.

Al sur una vez más, otro pasillo tras una puerta esperaba, tenia que haber hecho caso a su instinto, pero no. La puerta trabada con una simple madera atravesada, tapiaba las puertas dobles, Era el primer aviso. Se lo salto y decidió abrir esa puerta de todas formas.

Un pasillo, la humedad, otra puerta tapiada, está más pesada, era húmeda, como una barrera interna, una coraza, como si hubiera algo detrás que no se debería dejar salir. Era el segundo aviso, y también se lo salto.

Al abrirlo el olor a humedad y el calor era notable, hongos y musgo lo adornaban todo salpicando de un color verdusco las paredes y el suelo arenoso. Algo no andaba bien. En el centro un charco verdoso, un olor nauseabundo y la calma. La calma antes de la calamidad.

Mientras andaba pegado a la pared avanzaba hacia la puerta del final, algo se movió, unas burbujas en el centro y un enorme ser musgoso emergió de aquel asqueroso charco, hizo frente como pudo y al menos no logró que lo atrapara entre sus fauces. Pero algo seguía sin ir bien...

El resto del grupo entro hacer frente a la criatura, y con una celeridad casi pasmosa, se sucedieron los peores acontecimientos que la compañía había vivido hasta ese mismo instante. En un abrir y cerrar de ojos, había atrapado a Amara con uno de sus zarcillos y se la llevaba hacia sus fauces abiertas, no reaccionamos a tiempo, no daba tiempo de nada, y de cabeza entro en la boca.

La criatura parecía disfrutar del momento, con fuertes chasquidos de su boca, pero una luz, una fuerte y luminosa luz, emergió de su interior y hizo explotar a la criatura en mil pedazos. Y con esa luz, ella también se fue para siempre.

De rodillas en el suelo, dejando caer las roperas a un lado vencido, no podía terminar de creer que acabará de ocurrir, mientras el vial colgado de su pecho, se quebraba, se rompía, vertiendo la sangre. Sus manos apoyadas en el suelo mojado y frio, abatido, con la cabeza agachada. Las luces como luciérnagas luminosas que salían donde antes habían estado Amara y el ser musgoso, se posaban en cada uno de ellos como un recuerdo de la mujer que dio su vida por salvarlos. En su pecho se poso una de esas luciérnagas, aunque el elfo había acabado por quebrarse por completo.

Saco fuerzas de flaqueza y de una patada derribo la puerta que tenia delante, se habían acabado las sutilezas por ese día.

Y seguía sin poder acabar de creerlo, no podía ser cierto. Ese maldito y horrendo lugar, hogar de ogros y semiogros, le había arrebatado lo que más había amado hasta ese mismo instante y no dudaba, de que nunca, fuera amar de igual modo a nadie más en su longeva y triste vida”.

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