“Los pasos le
llevaron al sótano, avanzaba con cuidado, por todos los pasillos y
todas las habitaciones. Después de acabar con otra de esa criaturas
horrendas y ver la sala donde parecía que despiezaban a las presas,
como si fuera un rudimentario y macabro matadero improvisado. No pudo
soportar el olor y no osó adentrarse mucho más adentro.
Al sur una vez más,
otro pasillo tras una puerta esperaba, tenia que haber hecho caso a
su instinto, pero no. La puerta trabada con una simple madera
atravesada, tapiaba las puertas dobles, Era el primer aviso. Se lo
salto y decidió abrir esa puerta de todas formas.
Un pasillo, la humedad,
otra puerta tapiada, está más pesada, era húmeda, como una barrera
interna, una coraza, como si hubiera algo detrás que no se debería
dejar salir. Era el segundo aviso, y también se lo salto.
Al abrirlo el olor a
humedad y el calor era notable, hongos y musgo lo adornaban todo
salpicando de un color verdusco las paredes y el suelo arenoso. Algo
no andaba bien. En el centro un charco verdoso, un olor nauseabundo y
la calma. La calma antes de la calamidad.
Mientras andaba pegado
a la pared avanzaba hacia la puerta del final, algo se movió, unas
burbujas en el centro y un enorme ser musgoso emergió de aquel
asqueroso charco, hizo frente como pudo y al menos no logró que lo
atrapara entre sus fauces. Pero algo seguía sin ir bien...
El resto del grupo
entro hacer frente a la criatura, y con una celeridad casi pasmosa,
se sucedieron los peores acontecimientos que la compañía había
vivido hasta ese mismo instante. En un abrir y cerrar de ojos, había
atrapado a Amara con uno de sus zarcillos y se la llevaba hacia sus
fauces abiertas, no reaccionamos a tiempo, no daba tiempo de nada, y
de cabeza entro en la boca.
La criatura parecía
disfrutar del momento, con fuertes chasquidos de su boca, pero una
luz, una fuerte y luminosa luz, emergió de su interior y hizo
explotar a la criatura en mil pedazos. Y con esa luz, ella también
se fue para siempre.
De rodillas en el
suelo, dejando caer las roperas a un lado vencido, no podía terminar
de creer que acabará de ocurrir, mientras el vial colgado de su
pecho, se quebraba, se rompía, vertiendo la sangre. Sus manos
apoyadas en el suelo mojado y frio, abatido, con la cabeza agachada.
Las luces como luciérnagas luminosas que salían donde antes habían
estado Amara y el ser musgoso, se posaban en cada uno de ellos como
un recuerdo de la mujer que dio su vida por salvarlos. En su pecho se
poso una de esas luciérnagas, aunque el elfo había acabado por
quebrarse por completo.
Saco fuerzas de
flaqueza y de una patada derribo la puerta que tenia delante, se
habían acabado las sutilezas por ese día.
Y seguía sin poder
acabar de creerlo, no podía ser cierto. Ese maldito y horrendo
lugar, hogar de ogros y semiogros, le había arrebatado lo que más
había amado hasta ese mismo instante y no dudaba, de que nunca,
fuera amar de igual modo a nadie más en su longeva y triste vida”.
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