Ameiko.
Te escribo desde muy lejos, desde Trasbordado Tortuga, en el
jodido confín de Varisia. Espero que te pueda llegar la carta, aunque no sé
cuándo será eso, nos ha llevado semanas llegar desde Magnimar. Quedan muy lejos
los días en Punta Arena, tanto que a veces me cuesta creer que realmente
pasaron. Llevo siglos sin cocinar en una cocina de verdad como la de tu posada
y cuesta alimentar al grupo con solo un caldero.
Esta vez no te escribo con buenas noticias, vivo para Gorum,
para honrarle y combatir, pero… no es fácil. He perdido camaradas antes, pero
no estaba preparado para esto. Siento decírtelo así, pero Amara murió. Fue en
combate, acabando con una bestia horrible que posiblemente hubiera acabado con
todos.
Sé que es una muerte honorable, que ella seguro ahora esta
con Sarenrae satisfecha por haber dado la vida por otros… pero no consigo
asimilarlo. No era solo una hermana de armas y una buena guerrera, era en parte
el corazón de la compañía y la que ponía un poco de sentido común en nuestras
cabezotas. No sé cómo nos ira sin su sentido común.
Me salvo la vida, me salvó de morir estúpidamente. No
compartimos fe y soy un fiel servidor de Gorum, pero creo que debo mantener el
recuerdo de ella de alguna forma. Se lo debo.
No sé cuándo volveré a escribirte, partimos dentro de poco a
las montañas y será duro, hemos visto cosas horribles, unos semiogros de
pesadilla, no sé qué nos espera en las montañas, pero seguramente sea peor.
Espero poder volver algún día a Punta Arena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario