jueves, 27 de agosto de 2020

Crónicas de las Siete Puntas: La Calma Después de la Tormenta

Por fin, paz, y silencio...

 
 
Después de lo que había parecido ser una serie interminable de hechos desafortunados, los aventureros que en su día se habían conocido en Punta Arena por fin podían tener un momento para recuperar el aliento, aunque no sino a un alto precio...

Tras el devastador ataque de la Magga Negra, precedido por nada menos que una inundación a causa del desborde de las aguas fluviales adyacentes, el pueblo conocido como Transbordador de Tortuga había quedado hecho un desastre de barro, muerte, y desolación.

En efecto, tras retirarse la criatura de nuevo a las profundidades del lago, y junto a ella, las propias aguas que habían inundado buena parte del lugar, no quedaban a su paso sino los rastros de la destrucción y el caos que había sufrido el desafortunado pueblo aquel día.

 
Mientras a los lejos Soron acababa de rescatar algún pueblerino rezagado en el agua por la repentina crecida, el resto del grupo se encargaba de poner a salvo a los demás supervivientes. A pena de sangre, sudor y lágrimas, y contra todos los elementos, los habían logrado hacer llegar a la plaza del pueblo, la que, por un buen rato, debió hacer las veces de costa ante el avance implacable e inusitado del caudal acuático.

Por suerte, a pesar de todo, la taberna cercana no había sido alcanzada por la crecida, motivo por el cual fue allí donde la mayoría de los rescatados dirigieron su transitar. Agotados, y sin tener en claro el curso de acción a seguir a continuación, el grupo de aventureros acabó por resolver reunirse también en ese lugar.

Una vez dentro, mientras Shaldur se encargó de encender el fuego de la chimenea y ayudar a acondicionar un poco el ambiente del lugar, los demás apartaron una mesa dispuestos a descansar un momento y quizá beber algo. Ciertamente, después de haber pasado días y noches en medio de la intemperie, en compañía de una lluvia implacable y casi incesante, y combatiendo enemigos a diestra y siniestra, se sentía bien disfrutar un momento de aquella cálida tranquilidad, por efímera que fuera.

Sin embargo, a pesar de lo precario de la situación, Su Li Ha sentía que no podían permitirse perder demasiado tiempo; Lucrecia aún estaba allí afuera, en alguna parte, seguramente lista para continuar con la siguiente fase de cualquiera fuese el plan que tuviera en mente..., si es que este desastre no era incluso ya parte del mismo.

Inquieta, pues, resolvió dirigirse a la barra, donde se encontró con el taberneró, y al que interrogó sobre el posible paradero del alcalde de Transbordador de Tortuga, Maelin Shreed, tras la inundación del pueblo. Por desgracia, el tabernero no parecía haberle visto, y aunque técnicamente aquello no confirmaba nada, Su Li Ha no descartaba que lo peor pudiera haberle pasado. Después de todo, a su juicio, últimamente el grupo no había tenido precisamente la mejor de las suertes.

Sea como fuere, la maga decidió continuar su interrogatorio, esta vez inquiriendo sobre la inundación. El tabernero explicó al respecto que las mismas no eran frecuentes en el pueblo, lo que a su vez reforzaba aquella corazonada que Su Li Ha tenía sobre la posible intervención que Lucrecia, directa o indirectamente, pudiera haber tenido en el incidente. "Sería demasiada casualidad que todo esto estuviera ocurriendo casi al mismo tiempo" pensaba para sí.

En ese momento, el tabernero, quien hasta ese momento para la maga había sido poco más que una fuente de información, decidió ofrecerle algo de beber, a lo que Su Li Ha respondió que tan solo bebería un poco de agua. El rostro del hombre dibujó una mirada extrañada a lo que seguramente sería un pedido inusual en un establecimiento donde la mayoría de los parroquianos, suponía Su Li Ha, asistía principalmente para actividades poco más interesantes o productivas que emborracharse. "Menuda forma de arruinarse la cabeza" pensaba mientras el tabernero le alcanzaba su vaso, mas decidió no darle mayor importancia al asunto, y poco después se retiró de vuelta a la mesa donde aguardaban el resto de sus compañeros. Todos sus compañeros menos Soron, quien al parecer tampoco se había quedado de brazos cruzados tras arribar....

En efecto, el hechicero sunita se había dedicado a montar una especie de escenario improvisado, usando como base una de las mesas, y acto seguido, con los parroquianos haciendo las veces de público improvisado, comenzó a relatar, como si de una leyenda o un cuento épico se tratase, la historia sobre cómo él y sus compañeros, "Los Alegres Borrachines", según los había apodado, marcharon al fuerte Rannick para acabar con la vida de los ogros que lo habían invadido hace algún tiempo tras expulsar a sus antiguos ocupantes, los Flechas Negras. Mientras narraba, Soron acompañaba su puesta en escena con una serie de juegos de luces y humos mágicos que había conjurado, y que proyectaban visualmente los hechos según los relataba. El llamativo espectáculo no tardó en captar la atención de todos los presentes, en especial la de los niños, quienes se acercaban al hechicero deseosos de jugar entre las lucecillas que éste hacía aparecer y desaparecer a ritmo de su mera voluntad.

Los compañeros del hechicero tampoco tardaron en advertir aquella escena, y aunque a la mayoría no pareció importarles demasiado, Jade fue el primero en levantarse de su asiento y retirarse molesto del lugar. Tampoco agradaba a Su Li Ha el innecesario despliegue de magia ni la atención que Soron estaba atrayendo hacia ellos, pues, a su juicio, echaba por tierra el único momento de paz y quietud que hubieran podido tener en ese momento. Mucho menos le agradaba la idea de ser tenida por los pueblerinos como una "alegre borracha", o lo que sea que Soron pudiera estar relatando que eran... Así las cosas, tras notar a Jade marchándose por la puerta del frente, la maga se abrió paso a través la multitud de parroquianos y refugiados para ir detrás del elfo.

*     *     *

Aunque no habían permanecido demasiadas horas en la taberna, el cambio de ambiente entre su interior y el exterior se asemejaba aquél contraste que separa dos mundos completamente diferentes: uno cálido y acogedor, el otro frío y desolado.

Tras abandonar el edificio, Su Li Ha buscó a su alrededor con la mirada, y no le costó divisar a Jade alejándose unos metros calle abajo. Siguiendo sus pasos, se acercó rápidamente al elfo procurando no perderle de vista.
- Oye... Umm... ¿Estás bien? - Atinó a preguntar la maga, sin saber muy bien qué decir. Era una pregunta simple, pero no por ello menos genuina, pues la imagen de su compañero recorriendo en solitario aquellas calles anegadas en medio de un pueblo semi destruido logró despertar un cierto sentimiento de lástima en Su Li Ha, quien no pudo evitar preocuparse un poco por su compañero.
- Estoy cansado, Su Li Ha... - Respondió el elfo sin ganas.
- …¿De Soron? - inquirió Su Li Ha con una nueva pregunta tras un momento.
- Si, siempre hace estas cosas… y estoy cansado… - el tono de frustración en la voz de Jade era palpable.
- Si… a mí tampoco me gusta cuando hace estas cosas. - se encogió Su Li Ha de hombros, incapaz de darle una solución a su compañero. - Ummm… ¿te importaría si te acompaño un rato? Tampoco tengo ganas de estar en la taberna… - Las razones de la maga eran obvias; el elfo no ofreció objeción.

Ambos caminaron por aquellas solitarias y silenciosas calles por un buen rato, acompañados por poco más que el sonido de sus voces y de sus pasos mientras platicaban sobre cosas sin mayor importancia. Eventualmente, tras un buen rato, giraron una esquina encaminándose de vuelta a la calle principal. En ese momento, a lo lejos, pudieron divisar que por esta última se conducía un numeroso grupo de personas, sus compañeros, nada menos, acompañados por quien, lograron reconocer, no era otro sino el alcalde. El par se unió discretamente a la comitiva sin mayor ceremonia, mientras Shaldur, a requerimiento de Su Li Ha, les informaba a los recién llegados que el dirigente pueblerino ya había sido puesto al tanto de todo lo acontecido en el fuerte Rannick y con los Flechas Negras.

Entre todos se dirigieron hacia el norte, a un lugar más apartado por la zona del cementerio. Allí se ubicaron en unos bancos de piedra, y procedieron a deliberar sobre el curso de acción a tomar a continuación.

Por un lado, había quien sugería dirigirse inmediatamente hacia el norte, hacia el Cruce Calavera, pues el alcalde Maelin había informado que allí se encontraba la presa que regulaba el caudal de agua del río adyacente al poblado. La misma databa de tiempos antiquísimos, posiblemente de la era de Thassilon, motivo por el cual, nadie en el pueblo contaba con planos o detalles sobre su estructura, en tanto no había sido construida por ellos. En cualquier caso, las posibilidades de que la inundación estuviera vinculada con la rotura de esa presa eran, sin dudas, altas, de modo tal que cuanto antes fuera reparada, menor peligro correrían las gentes del pueblo. Además, pensaba Su Li Ha, si Lucrecia estaba involucrada, cosa que también resultaba altamente probable, quizá pudieran encontrar alguna pista sobre su paradero en ese lugar.

Por otro lado, sin embargo, otros abogaban por la opción de visitar primero las Cañadas Trémulas, pues aquél constituía un posible paradero del Capitán de los Flechas Negras, Lamatar, según había logrado averiguar el grupo días antes tras investigar el fuerte Rannick. Quienes estaban de acuerdo con esta ruta de acción señalaban que no sólo habían prometido a los subordinados del Capitán, Yakadros y Vale, que intentarían encontrarlo, sino que, además, si lo hallaban, podrían contar con un posible nuevo y valioso aliado. No obstante, el viaje a las Cañadas Trémulas supondría retrasar el viaje a Cruce Calavera por algunas lunas, motivo por el cual había quien tenía sus reservas, entre ellos Su Li Ha, dado que el tiempo con el que contaban resultaba potencialmente escaso si se pretendía mantener a Transbordador de Tortuga a salvo de otra posible inundación. Aún más, nada aseguraba que podrían encontrar rápidamente, o en absoluto, a Lamatar en las Cañadas Trémulas. En un todo, pues, y a ojos de Su Li Ha, todo ello implicaba un asumir un riesgo gratuito e innecesario, teniendo en cuenta que se trataba de una empresa que podía llevarse a cabo en otro momento.

Las discusiones continuaron por extenso rato mientras el grupo trataba de dilucidar la mejor decisión a tomar. En algún punto se llegó a proponer la posibilidad de dividir a la compañía en dos, aunque tal posibilidad fue rápidamente descartada atendiendo al mayor riesgo que ello supondría para la supervivencia de sus miembros.

Ante el complicado panorama que se les presentaba, y lo difícil de la decisión a concretar, Su Li Ha decidió solicitar la opinión del alcalde, cuya participación hasta ese momento se había limitado a poco más que proveer esporádicamente alguna que otra información según le iba siendo requerida. Las palabras del hombre, aunque no se decantaban especialmente por ninguna de las propuestas efectuadas por los aventureros, lograron igualmente aportar cierta tranquilidad, pues comentó sobre la posibilidad de ordenar a los trabajadores del Transbordador de Tortuga construir una serie de barreras rudimentarias alrededor del poblado para así ayudar a minimizar los posibles efectos adversos frente a una posible segunda inundación. De esa manera, podrían ganar algo de tiempo mientras el grupo se ocupaba de sus asuntos.

Sin demasiadas opciones de dónde elegir, y con el tiempo corriendo más que nunca en su contra, el grupo acabó por aceptar la oferta del alcalde, y finalmente decidieron dirigirse al día siguiente a las Cañadas Trémulas, bajo la esperanza de que el poblado pudiera resistir hasta su regreso.

*     *     *

Tras cruzar el lago de Fondo de Arcilla y arribar a su destino, los aventureros pudieron comprobar que el lugar al que al alcalde había descrito como un sitio habitado por hadas y otras criaturas feéricas afines, lejos de ostentar un paisaje bello y un ambiente agradable, como alguno habría imaginado, no era en realidad otra cosa que un pantano que, a ojos de la mayoría, no resultaba sino húmedo y repugnante. Cada paso que daban por aquél suelo lodoso parecía presentarse como una nueva oportunidad de estropear permanentemente el calzado, y aunque más de uno deseaba poder encontrar rápidamente al Capitán para poder seguidamente abandonar el sitio, el pantano, casi como si revistiera voluntad propia, estaba decidido a no ponérselos fácil…

Tan solo bastó un instante, una distracción, un infortunio, para que Soron, quien junto a Su Li Ha cerraba la marcha, pronto se viera envuelto en una enorme telaraña cuya tejedora, una araña gigante, no demoró en hacer acto de presencia para enfrentar al grupo.

Quizá fuera por su número, quizá fuera su experiencia, pero sea como fuere, el grupo se las arregló para deshacerse raudamente de aquella amenaza arácnida y rescatar al hechicero sin demasiadas complicaciones, mas no sin llevarse un mal trago con la experiencia. Si el deseo de abandonar el pantano ya era palpable en el grupo desde el momento de su arribo al lugar, ahora lo era incluso más. No obstante, el sentido del deber invitaba a los aventureros a no desistir.

Y así hicieron, mas conforme se disponían a reanudar su marcha, a lo lejos, de entre los árboles, surgió un pequeño destello de luz flotante que, conforme se fue aproximando al grupo, les permitió distinguir que se trataba de nada menos que una pequeña hada, un pixi.

Se presentó ante los aventureros bajo el nombre de Garlón, y con notable aflicción, procedió a explicarles que requería urgentemente de su ayuda, pues al parecer el pantano en que se encontraban había caído bajo alguna especie de enfermedad que parecía estar envenenando gravemente a esas tierras y a las criaturas que la habitaban. Ofreció llevar al grupo con "su señora", como él la llamaba, quien parecía de alguna manera ocupar un lugar central en todo aquel embrollo, y a quien los aventureros eventualmente acabaron por identificar como nada menos que la amante de Lamatar: Myrianna.

En medio de un mar de incógnitas, y esperando poder finalmente obtener más respuestas que interrogantes, el grupo aceptó.

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