lunes, 27 de enero de 2020

"Memorias de un Elfo Amnésico I" - Olores

"Dejaban el hedor de los cadáveres reanimados que acababan de morir por segunda vez (o quizás fuera la tercera, a saber) atrás, mientras descendían por el estrecho pasillo al sur. Ront se asomó y contempló un fulgor rojizo al final. Jade se adelantó, vio un recodo a su izquierda, casquillos junto a restos de polvo en el suelo y al fondo la puerta del fulgor rojizo, tras comprobar que no tenía pomo, y averiguar que presionando se abría hacía él. Se quedó unos segundos embobado, mirando el interior. Lo que fueron segundos para el elfo, fueron minutos para el resto.

Jade después de salir del trance avisado por Soron, vio una sala redonda que desprendía ese fulgor rojizo y cosas flotando dentro de ella. Arrojó una piedra y comprobó que flotaba también, chispazos de energía oscura chocaban contra las redondeadas paredes. Decidieron no entrar, Soron lanzo un conjuro y una mano azulada recogió varias cosas de la habitación: una botella repleta de un líquido sin determinar, un misterioso pergamino, un curioso libro y una extraña varita.

El recodo daba a unas escaleras de caracol que descendían, la dejaron para otro momento. Regresaron a la sala de la estatua donde se encontraba el pasillo que ascendía. Al comprobar la puerta y asomar la cabeza; Jade no pudo cerrar con la suficiente presteza la puerta de la habitación redonda que contenía una fuente central, un ser alado se adentró en el pasillo, dio un fuerte chillido y paralizó al grupo de aventureros, exceptuando a Tobías, a Amara y a Su Li Ha. El ser monstruoso de alas correosas, lengua y boca asquerosa, atacó a Tobías, pero el grupo pudo defender a los paralizados y terminar con ella en un duro combate. Los eruditos y entendidos averiguaron que se trataba de una criatura planar llamada Vargouille.

Siguieron avanzando y dieron con otras escaleras de caracol que subían. Jade se adelantó y comprobó que estaba colapsada completamente por escombros. Se lo comunicó al resto y decidieron ver las otras escaleras que bajaban. Estás estaban peor y no era seguro arriesgarse a usarlas sin el miedo a quedar atrapados para siempre. Así que regresaron a las escaleras de los escombros ascendientes, y tras tres horas de trabajo, el elfo pareció recordar que tenía una claustrofobia nada oportuna para ese momento. Consiguieron sacar los escombros suficientes, para poder ver el atardecer y sentir el viento colarse entre las rendijas, salieron al exterior y por fin pudieron respirar el ansiado aire fresco que tanto anhelaban..."

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