Shaldur se encontraba
jugando con su perra-loba Zorta en el pequeño patio que “El Colmillo Viejo”
tenía destinado para aparcar algún carromato y al almacenamiento de diversos
materiales. El sonido de unos pasos vigorosos y rápidos hizo que el animal
rápidamente levantase sus orejas en señal de alerta, girándose hacia la
entrada.
El joven dirigió su mirada
allí donde Zorta había captado el sonido, encontrándose con la figura de Amara,
quien farfullaba algo inteligible para él. En cuanto ella se dio cuenta de su presencia
se detuvo y su expresión se suavizó:
-¡Oh! Me alegro de haberte
encontrado tan rápido.
-Anda ¿Y para qué me busca? -preguntó sentándose de un salto en el borde
de la carreta mientras dejaba que Zorta siguiera jugando con sus botas.
-Quería hablar contigo sobre
lo que Jade te dijo ayer... siento no haber intervenido en aquel entonces, han
pasado muchas cosas y estaba con la cabeza un poco... No es excusa, de todas
formas. –respondió ella tras sentarse a su lado, mirando con simpatía cómo el
can jugueteaba con las botas.
-Bueno Jade, es Jade, los
elfos son raros de por sí, no se lo tengo en cuenta. –Hizo una pequeña pausa –Pero
sí, últimamente está muy borde con todo
el mundo.
-Sí, bueno… acabamos de tener
una charla con él Ront y yo. Parece que está pasando por unos momentos muy
duros.
-Sí, pero eso no es
suficiente para que nos trate mal. –replicó Shaldur con absoluta convicción.
-Tienes mucha razón. –Amara suspiró,
pero después dejó aflorar una sonrisa relajada –De todas formas creo que de
ahora en adelante las cosas irán mejor con él.
-Me alegra oír eso, Jade es
muy importante. –no había ni rastro de cinismo en sus palabras.
-Sin embargo estuve pensando
después de lo que pasó ayer. –sus ojos se alejaron de Zorta para mirar
directamente al joven –Cuando te dijo que no te habías ganado su respeto. No sé
cómo de importante es su respeto para ti, o como de importante es el respeto de
cualquiera de nosotros para ti. –intentó leer algún tipo de reacción en la cara
de su interlocutor, pero parecía absorto en la que había sido durante tantos
años su fiel compañera de viaje –En cualquier caso, la razón por la que quería
hablar contigo es porque pienso que tal vez te gustaría saber que sí tienes mi
respeto. No se me ha olvidado que me salvaste en la mansión de los Dedalera,
cuando aquel pañuelo intentó asfixiarme… -sus palabras fueros perdiendo fuerza
según la iba ganando el recuerdo en su mente. Se llevó la mano instintivamente
al cuello.
-Bueno, dicen que el respeto
se gana poco a poco. –respondió mostrando una humildad y buen juicio
sorprendentes para la edad que aparentaba tener –Vosotros tenéis el mío. Me
dejasteis ser uno más cuando estaba algo perdido, buscando la forma de salir de
mi pueblo. Tampoco puedo pedir demasiado, ser útil y ayudar. –en este punto
levantó la vista de Zorta para centrarse en Amara y en la mano que había
llevado a su cuello. Con determinación la retiró de donde estaba –Es mejor
olvidar eso. Ya pasó, ahora hay que mirar hacia delante.
La mujer le observó con
sorpresa, no esperaba ese tipo de respuestas de su compañero. Tal vez le había
subestimado. Sonrió complacida:
-Sí, claro. Solo quería
recordarte que a pesar de las borderías de Jade, tú también eres importante
para todos. –en este momento pareció recordar algo y tras rebuscar durante un
par de segundos entre los pliegues de su capa sacó un paquete de tamaño medio
envuelto en una tela humilde y atada por un cordel –Por cierto... Esto es para
ti. Creo que podrías llegar a ser un buen médico si te lo planteases, con tus
conocimientos de la naturaleza y el valor suficiente....
Shaldur, sorprendido, miró a
la guerrera con ojos inquisitivos, esperando algún tipo de aclaración:
-Ábrelo y lo verás. –respondió
sonriendo, pero sin desvelar nada.
El joven abrió despacio el
paquete, con un respeto curioso, sabiendo de la fe de su amiga, no queriendo
poder estropear algo importante para ella. Tras deshacerse de la tela áspera
del envoltorio, descubrió ante él un estuche de cuero de aspecto rudimentario
pero de buena calidad. Al abrirlo, un conjunto de extraños cuchillos, pinzas,
vendas y viales se desplegaron:
-A veces el bien precisa de
violencia, pero me gusta pensar en un mundo más amable. –comenzó a decir Amara con
aire soñador –Un mundo en el que el bien se base en ayudar a otros sin tener
que dañar a alguien a cambio. Creo que ese mundo podría necesitar de personas
como tú.
-Se me hace difícil
visualizar ese mundo Amara, siempre hay una pirámide: los de arriba se comen a
los de abajo. –echó otro vistazo al regalo –Pero a veces sorprenden, y la rata
es capaz de atacar al búho. Es nuestra naturaleza defendernos cuando toca y
atacar en el momento necesario, lo importante es no hacerlo de forma
gratuita... –guardó unos segundos de silencio, pensando –Pero sí, sería un
mundo genial.
-Sé que es una quimera. –asintió
la mujer mientras sonreía con tristeza, pensando en el horror de su tierra, un
horror que difícilmente iba a tener fin –Pero necesito creerlo. Los hay que
solo sirven para matar, estén en el bando que estén, pero creo que tú tienes
otros dones importantes, no los menosprecies ni dejes que otros lo hagan –Zorta
comenzó a jugar con las botas de la guerrera de la fe, mostrando su aceptación
y simpatía. Ella estiró la mano para rascar la zona tras las orejas, jugueteando
durante unos minutos –Por supuesto, la decisión final es tuya. –poniendo una
mano en el hombro de Shaldur, dio un pequeño salto para ponerse de nuevo en pie
–Me alegra haber tenido esta charla.
-A mí también. Estamos
metidos en un buen lío y como dices, debemos de sacar lo mejor de cada uno.
Antes de marchar, Amara
dirigió una última mirada furibunda al piso superior de “El Colmillo Viejo”.
Mientras desaparecía por la portezuela del patio, Shaldur pudo escuchar cómo musitaba
para sí:
-Como si se fuera a librar
tan fácilmente…
El joven se quedó unos
segundos en silencio tras la partida de su amiga, entonces Zorta lo miró
meneando alegremente el rabo, con la lengua fuera y casi una sonrisa simpática
en sus fauces:
-Pobre Soron... –Zorta, mirando
fijamente a su amigo, ladró un par de veces alegremente –Sí Zorta, a mí también
me gusta, como todos. Hemos encontrado una buena manada. –la perro lobo volvió
a ladrar –No, tranquila, nos los vamos a dejar.
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