lunes, 3 de febrero de 2020

La cena antes de partir


Solo habían sido un par de copas y ya había bebido demasiado, hacía mucho que no festejaban nada, así que esta noche era especial.

Ront había abierto unas cuantas botellas de buen vino que había conseguido en alguna parte y Tobías había comprado pato y patatas asadas. Todos comían, bebían y se divertían. No era para menos. Todos salvo Su Li Ha, quien parecía estar preocupada y se había negado a beber nada que no fuera agua.

Después de la carta que le había escrito, Amara había descubierto en ella a una buena amiga, una persona que sinceramente se preocupaba por ella, que tenía sus miedos e inseguridades. Se acercó a ella y se sentó a su lado:
-Pareces muy seria Su Li Ha ¿Estás bien?
- Ah, sí, no es nada, no te preocupes. –contestó girando la cabeza, después hizo un gesto de negación - Sólo pensaba en el viaje y esas cosas. Ese lugar al que vamos... parece bastante peligroso por lo que pudimos averiguar... ¿Crees que estaremos bien? –preguntó llevándose el vaso a la boca.
-¡Claro que sí! –replicó poniendo una mano en su hombro y sonriendo ampliamente -Hemos salido adelante hasta ahora ¿no? Nos hemos enfrentado a cosas terribles y apoyándonos los unos en los otros hemos podido superarlo. Sé que el camino que está por delante es complicado, pero nosotros cada vez somos más fuertes y estamos más unidos.
- Ya, pero es que no sé. No estamos acostumbrados a estar en medio de la nada, quien sabe qué podremos encontrarnos allí... –no parecía muy convencida de las palabras de la guerrera de la fe –Al menos yo no acostumbro a visitar ese tipo de sitios... Parece un salto muy grande en relación a lo que estamos acostumbrados a tratar.
-Es un salto grande. Yo nunca he estado en mitad de lo salvaje, mi experiencia es en el campo de batalla... y en algún que otro baile de vez en cuando, que podía ser más peligroso que el campo de batalla -rió como si hubiera contado algún tipo de chiste, el achispamiento era evidente -Pero pase lo que pase nos tendremos los unos a los otros, eso para mí es suficiente.
-Ojalá lo sea, sí. –asintió levemente un par de veces antes de llevarse algo de comida a la boca, pensativa.
-Además, Shaldur es un hombre inteligente y habilidoso, Tobías también sabe lo que se hace, Ront parará todas las flechas que nos lleguen con el pecho si hace falta, Jade nos prevendrá de cualquier peligro y Soron... –su cara refleja una mueca de asco, como si se le hubiera agriado el vino –Si tan solo tuviera la boca cerrada sería hasta pasable.
Su Li Ha rió con suavidad:
- No desconfío de las habilidades de nuestros compañeros. Pero no puedo evitar tener un poco de miedo a lo desconocido. Sobre todo cuando nos han dicho que no será fácil.
-Eso es normal, todos tenemos miedo. Mira a tus compañeros Su Li Ha. –en ese momento se encontraban riendo a carcajadas, haciendo algún tipo de broma –Todos ellos han sentido miedo o sienten miedo. Eso es lo que les hace tan increíbles.
- Mmm, la mayoría del tiempo no pareciera que lo tuvieran. –dijo mirando al lugar al que había señalado con la cabeza Amara –Vosotros sois todos más valientes que yo, eso seguro. A veces me cuesta seguirles el paso. Es como si no acabara de encajar ¿sabes? Como si fuera a quedarme atrás.
-Ya lo sé... Pero te puedo asegurar que lo tienen. –miró a la mujer –Lo vencen cada vez que entramos en batalla, cada vez que se presenta una dificultad, cada vez que vuelve un demonio de su pasado. Tú también lo vences, junto a nosotros. –en ese momento su expresión se torna seria –Su Li Ha, te juzgué mal y lo siento. No tienes por qué ser como nosotros, tú eres tú y así está bien. No te menosprecies, tienes habilidades y conocimientos únicos. Creo que esto ya te lo dije en otra ocasión. -de nuevo Amara comenzó a reír –Aunque en aquel entonces estaba desnuda.
- Sí, pero solo porque estáis vosotros. No podría haber llegado aquí yo sola, ni siquiera en sueños. Ni siquiera Soron cree que mi magia sea de utilidad... No hay por qué disculparse. –contestó refiriéndose a lo que le había dicho Amara, negando con la cabeza Por empezar yo no debí entrometerme, fue mi culpa.
En ese momento gira su cabeza en dirección al brujo, más mortal su mirada que el filo de una espada:
-Es un maldito cerdo, cuanto menos le escuches, mejor. Él nos mete en líos la mayoría de las veces. Hoy mismo ha estado a punto de meternos en un buen aprieto con el alcalde ¿Ves que se disculpe?
- Bueno, no, pero creo que así es él. No le preocupan demasiado las cosas. O eso parece.
-Y eso no es entrometerse, eso es preocuparse. Y gracias. Gracias por preocuparte, por tu carta y por tu amistad. Para mí son importantes.
- Supongo que es redundante decirlo pero para mi también es importante. –asintió a la par que le sonreía.
-Y por el collar, claro. Es precioso. –lo miró sonriendo –Como te he dicho, estás bien tal y como eres, pero quizá... quizá te ayudaría ser más abierta. Hasta hoy no sabía que tenía en ti a una amiga de verdad.
- No sé tratar muy bien con la gente. Pensé que sería tonto o cursi decirlo de frente, pero quería demostrar de alguna manera que me preocupaba por tu bienestar. –dijo sonrojándose. Amara rió dándole unas palmaditas en la espalda –Así que fue mas fácil poner mis sentimientos en palabras escritas.
-¡No es cursi! Este mundo necesita un poco más de afecto. Estamos demasiado acostumbrados a la violencia y despreciamos lo que hace de la vida algo que merezca la pena.
- Supongo que tienes razón, sí. –sonrió levemente de nuevo antes de dar otro sorbo de agua –Me alegra que te haya gustado el colgante.
-Te lo digo a la cara Su Li Ha y no me avergüenzo. –le dijo apoyando una mano en su brazo –Eres importante para mí, eres mi amiga y estoy aquí para ti. Y ellos, -miró a todos, terminando su recorrido en Jade –son importantes para mí, son lo más valioso que tengo en la vida.
- Sé que quizás me esté repitiendo pero siento mucho lo de tu familia. Sé que este grupo es muy disfuncional a veces, y aunque no pretendo que reemplace a tu familia, espero que al menos te sirvamos de apoyo.
-¡Ya estás menospreciándote otra vez! He... bebido demasiado como para seguir insistiendo... por hoy. –se levantó, sonriendo y con claros síntomas de haberse pasado con el alcohol –Te dejo con tus cosas Su Li Ha. Descansa.
-Gracias, tu también. Que tengas buena noche. –una última risita escapó de sus labios.
Cuando se alejó de ella, volvió a mirarlos, a todos y a cada uno de ellos: Tobías parecía contento disfrutando de la comida y del alcohol, además sospechaba que la proximidad de nuevas batallas le hacían sentir vivo, lo cual no era de extrañar siendo siervo de Gorum. Cerca de donde estaba él, yacía semiinconsciente Soron; no podía evitarlo, le asqueaba. Sus comentarios machistas, la suciedad en su cuerpo y en su alma, su impulsividad descontrolada y constante; sin embargo sentía la punzada de La Diosa ¿Qué le llevaría a comportarse así? Parecía que nada le importaba ¿Cómo era eso posible? ¿Se trataba de un loco o había algo más?
Su Li Ha, quien había terminado de comer, se disponía a abrir uno de sus libros en el jergón situado un poco más allá. Reservada, estudiosa y con un gran corazón. La había juzgado mal, se había equivocado completamente, había sido la timidez y no la frialdad lo que le había llevado a comportarse de forma distante. Aunque en ocasiones era excesivamente pasiva y reflexiva, se esforzaba todo lo que podía en ayudar y Amara se alegraba poder contarla entre sus amigos.
Por último miró a los tres hombres más ruidosos de la sala. Cantaban, cogidos los unos de los otros por los hombros: Shaldur, Ront y Jade. Reían sin parar. Ella también sonrió. Esos tres eran su alegría y su mayor esperanza. Shaldur había probado de sobra su valía y creía de corazón que estaba destinado a grandes cosas en este mundo, Amara rezaba todas las noches para que ambos vivieran lo suficiente como para llegar a verlo. Ront, ese fortachón enorme e inquebrantable, pero con un corazón inocente; les quería y ellos le querían a él, era su hermano. A veces, cuando le miraba se preguntaba cómo alguien podía haber abandonado a una persona tan maravillosa. Y Jade…
Amara le miró durante unos segundos, con un nudo en la garganta, agarrando la bolsita que llevaba al cinto. Necesitaba aire, tenía que salir de allí.
El frío de la noche le golpeó el rostro, sin embargo lo encontró vigorizante. Caminó hasta un árbol algo apartado y se recostó en él. Miró al cielo, suspiró y sacó de la bolsita un par de anillos de platino.
Le había dicho que su alma le pertenecía, eso era mucho más de lo que jamás hubiera soñado y sin embargo no era suficiente. Quería todo de él, no solo su alma. Cada vez que lo pensaba se sentía fatal, como si estuviera cometiendo un pecado terrible, no podía creer la avaricia que encerraba en su propio corazón. Una estrella fugaz surcó el cielo y desapareció:
-Así somos cualquiera de nosotros para Jade… así soy yo. –musitó para sí misma. Abrió el puño, incluso aquellos dos pequeños aros de color plateado le recordaban a su pelo –Pero qué imbécil soy… Mi estupidez no encuentra límite. –los guardó de nuevo en la bolsa, reusándose a mirarlos siquiera.
¿Cómo había llegado hasta ese punto? Recordaba la primera vez que se había arrodillado junto a él en aquel templo maldito. Jade había sucumbido al miedo y ella le había dado el medallón de Sarenrae para que le diese fuerzas. Después de eso su admiración no había hecho más que crecer, en la oscuridad de su voz y de sus formas había visto la luz más allá de todo aquello, una luz más brillante que la de la propia Amara. Cuando dijo que se iba… sintió que se le rompía el corazón, intentó sentirse enfadada en vez de desesperada, pero no había vuelta atrás: sus pensamientos, su corazón, toda ella salvo, paradójicamente su alma que pertenecía a Sarenrae, había sido consumido por Jade. Miró el anillo que le había dado hacía tanto tiempo:
-No te hagas ilusiones. –Eso le había dicho él en el templo de Punta Arena al dárselo. Amara rió todavía afectada por el alcohol. Una risa amarga.
Giró la cabeza y miró de soslayo la casa. Lo único que podía pedir es que él encontrase la felicidad entre tanta desgracia. Si es que tenía derecho a pedir algo.
Unos metros más a la derecha estaba el lugar donde esa misma mañana había leído la nota. Sus entrañas ardieron de repente: ese gusano traidor que se atrevía a compartir su sangre… no dejaba de pensar en sus mentiras ¿Qué significaba? ¿Por qué la había invitado? ¿Qué quería de ella? Su madre… su madre no podía estar viva, de haberlo estado hubiera usado otras palabras, ¿O no? Debía continuar, no podía aferrarse a una mentira. Por fortuna el resto de los recuerdos llegaron como una ola de agua fresca, balsámica. Todos sus amigos habían salido a apoyarla, no la dejaron en su dolor. Si les hubiera pedido que se montaran en el próximo barco a Cheliax y que trataran de conquistarla a golpe de acero y magia lo hubieran hecho sin pensarlo. De nuevo miró el anillo que le había dado Jade, algo le quemaba en el pecho, pero no podía sentirse sola de ninguna de las maneras, ni tampoco desafortunada. Solo le quedaba sentirse agradecida por cada uno de ellos.
Se acercó al carro, cogió su saco de dormir y una manta gruesa que había comprado aquella misma tarde para el invierno y volvió al árbol. Sentía que aquella noche se sentiría mejor y más libre si la pasaba bajo las estrellas.

2 comentarios:

Cuaderno de bitácora: Deuda de sangre

“El humo y el fuego ya habían dejado de ser los problemas más graves a los que se enfrentaba nuestro grupo. Brandán había estado apagando un...