Amara tenía la cimitarra alzada en el aire.
Aquella criatura seguía gimoteando lastimeramente como un
niño pequeño:
-¡Sus van a comer! ¡Sus van a comer a todos! –gritaba enrabietado
-A los Flechas Negras… ¿os los comisteis? –contemplaba los
retazos de blasones en el taparrabos del ser. Su mano temblaba.
-¡Sus van a comer! ¡Sus van a comer a todos! –continuaba –Nosotros
cazamos, nosotros comemos.
No solo su mano, sus piernas también temblaban. Miró a sus
compañeros de reojo: a Shaldur, quien había estado a punto de perder la vida a
manos de aquel ser, con sus ropas llenas de sangre y prácticamente incapaz de
andar; Ront, con las piernas terriblemente mordidas por los perros de presa, le
faltaban trozos de carne por todas partes y Jade… Dirigió su mirada a la
monstruosa boca, casi podía escuchar los huesos de sus compañeros siendo
masticados.
Tragó saliva, podía saborear la bilis. Sin embargo el ogro
se encontraba indefenso, tirado en el suelo como un niño pequeño. No estaba
atado, la lanza a su alcance ¿Por qué no la cogía? ¿Por qué no se defendía y
luchaba?
Los flechas negras… Ellos les habían matado, los habían
devorado. Y quién sabe a quién más. Quizás incluso a algún niño.
De nuevo miró de reojo a sus compañeros. Deseaba que alguien
hiciera algo, que alguien le quitase esa carga, que los cielos se abrieran y le
dieran una respuesta.
Pero solo obtuvo silencio.
¿Qué opciones tenía? ¿Atarlo? ¿Dejarlo a merced de la vida
salvaje de Varisia, que alguna bestia le arrancase las entrañas mientras estaba
atado? ¿Dejar alguien atrás custodiándole? ¿Podía permitirse eso a sabiendas
que todos ellos eran imprescindibles para salvar con suerte a los Flechas
Negras que siguieran con vida?
“Cobarde. Eres una
cobarde, quieres que otros hagan por ti lo que tú no puedes. Debes terminar con
su vida, es culpable y esto una ejecución”
“Pero… Y si pudiera…
¿Cambiar? Se ha rendido…”
“Nosotros cazamos,
nosotros comemos ¿Qué crees que va a cambiar en eso? ¿Vas a cargar sobre tu
conciencia una muerte más por ser incapaz? Cobarde… ¿Quieres pedírselo a Ront?
¿A Jade? No… mejor a Shaldur, tal vez sea capaz de arrastrarse hasta aquí…”
“Es misericordia”
“Pusilánime”
“¿Dónde está el
límite? ¿Hasta dónde se es bondadoso, hasta dónde débil? ¿Dónde está la línea,
dónde lo correcto?”
“Los huesos… Sé que
puedes escuchar la carne siendo arrancada de los huesos, sin pizca de
remordimiento, sin duda… Para ellos es algo natural e inevitable... A no ser
que…”
Asió la empuñadura con mayor firmeza:
-Que La Diosa te asista y te perdone porque yo… -la voz se
le quebró un segundo –No puedo permitir que sigas viviendo y haciendo daño a
nadie más.
La hoja descendió con rapidez, sesgando su vida de un solo
corte, de forma rápida y limpia. Sin embargo, lo que había a los pies de Amara
no era algo en absoluto limpio.
La mujer bajó los hombros, todo su cuerpo temblaba, tenía
ganas de vomitar. Las lágrimas a punto de aflorar. Notaba una cuerda al cuello,
se apretaba y no le dejaba respirar. El pañuelo en La Desazón… no… la soga de
Tsuto.
Percibió el movimiento de sus compañeros encaminándose al
sendero. Ni tan siquiera habían parpadeado.
Miró al cielo un segundo. La plegaria no había sido solo por
aquel desgraciado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario