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- Sed buenas, obedecer a esta buena gente y no os
metáis en líos, sobretodo tu Esther. No sé cuánto tiempo será, quizás no nos
volvamos a ver.
Las lágrimas caían por sus mejillas mientras acariciaba a
las mulas, una le devolvió las caricias lamiéndole la mano.
La pareja que se iba a hacer cargo de las mulas observaba
insensible al clérigo, no comprendían como un adulto podría encariñarse tanto
con unos animales.
- - Por favor, que beban siempre agua fresca y
cepilladlas una vez al día, detrás de las orejas especialmente. Se ponen
inquietas si están solas mucho tiempo y tienen el estomago sensible, se ponen mustias si el agua esta sucia.
El tiempo apremiaba, sus compañeros le esperaban para partir.
-
- Esto pagaran los gastos, cuidadlas bien. –
Deslizando 10 monedas de oro a la pareja – volveré lo antes posible.
No podía mirar atrás, nunca había sido una persona que se
apegara mucho a las cosas, siempre con una vida nómada. Pero esas mulas y ese
carro se habían convertido también en su familia y hogar.
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