Aidna se encontraba admirando algunos de los tomos que reposaban en las destartaladas estanterías de Fuerte Rannick mientras sostenía un candil en la mano. La biblioteca era un lugar frío y oscuro, prácticamente desprovisto de luz natural. Su piel lanzaba extraños y sutiles reflejos a la luz del fuego, mientras que su cabello argénteo caía como una caótica cascada hasta la cintura. Había recuperado algo de carne desde el día en el que fue liberada, sin embargo, sus pómulos todavía lucían afilados en la cara y sus ojos, aunque llenos de vida, continuaban algo hundidos en las cuencas
En la puerta de la estancia había apostado un hombre vestido
con el blasón de los Flechas Negras, quien le observaba atentamente. Ella no le
temía, pero comenzaba a sentirse algo inquieta mientras esperaba a Su Li Ha,
aquel extraño ser que decía ser un humano y que se había ofrecido para
enseñarle el idioma. De repente, por la puerta, apareció finalmente la maga en
busca de ella:
-Ummm, buenas tardes Aidna. –saludó en élfico, consciente de
que su interlocutora aún desconocía el idioma común. Su tono de voz resultaba tímido
y discreto, claramente denotando el poco trato que habían tenido hasta el
momento.
-Hola. –respondió secamente –No necesitas ningún protector,
no voy a atacarte. –sentenció mientras señalaba con un gesto de la cabeza al
hombre que no le había quitado ojo desde que llegó.
La humana se fijó en ese momento en el guardia, quien tras
un asentimiento por su parte, se retiró.
-Ummm, ¿te interrumpo? ¿qué haces? –Prosiguió sin darle
importancia mientras se fijaba en la estantería que estaba examinando Aidna.
-Te esperaba. –replicó sacando uno de los manuscritos de la
estantería a la par que con los dedos de la otra mano recorría la madera, en
gran parte deteriorada. Todavía se podían apreciar los tajos producidos por
distintos tipos de armas. Lo acercó ligeramente a su rostro, olisqueándolo –Apesta
a ogro.... ¿Qué pasó aquí?
Su Li Ha suspiró recordando y conociendo de lo acontecido en
el lugar. Luego la miró:
-Bueno, hace no mucho tiempo este fuerte fue invadido... por
ogros, como podrás intuir. Posiblemente... no, casi seguramente, bajo las
órdenes de Lucrecia, o quien sea que le diera sus órdenes a ella. –hizo una
breve pausa antes de continuar –Mis compañeros y yo logramos liberarlo tras
arribar a esta zona y tomar noticia de ello, aunque para cuando llegamos las
cosas estaban ya bastante mal. Creo que la mayoría de los Flechas Negras no lo
lograron. Apenas pudimos rescatar a un puñado.
-Entiendo... entonces he tomado una buena decisión
acompañándoos. –el hada dejó el tomo con un gesto de asco. Se giró, ahora sí,
hacia su interlocutora. Sus ojos ya no eran tan duros y fríos, haciéndose, por
un momento, ligeramente más cercanos -Os agradezco que me lo permitierais.
-No es nada, de verdad. Creo que el favor es mutuo. Confío
en que podamos colaborar para superar los desafíos que tenemos por delante.
-Sí... -por un momento pareció distraída, recorriendo el
entorno con la mirada -Bien, estoy lista para aprender Su Li Ha.
-Pues comencemos. ¿Por qué no nos sentamos? –preguntó la
maga señalando alguna mesa cercana –He traído algunas cosas para ayudarnos.
Aidna le observó enarcando una ceja, curiosa. Después,
tomando un taburete próximo a la mesa más cercana se sentó, dejando el candil
encima de la superficie de madera:
-Me intrigas... –susurró perspicaz
-Oh, descuida. No es nada extraordinario. –comentó mientras se sentaba y rebuscaba entre
sus cosas –Tan solo algo de tinta y papel. Creo que es más sencillo incorporar
los conocimientos cuando tenemos un soporte más tangible para usar como base. –a
continuación apoyó algunos papeles en blanco en la mesa y luego sacó un
frasquito de tinta acompañado de una pluma.
La arquera no perdía detalle, apenas parpadeaba, atenta a
tus movimientos. Con un movimiento fluido se cruzó de piernas sobre el
taburete. A pesar del pequeño tamaño del mueble no encontró problema en guardar
perfectamente el equilibrio, pareciendo encontrarse confortable incluso:
-Debo confesar, desconozco si seré buena maestra. Pero estoy
dispuesta a hacer el esfuerzo. –comentó mientras apoyaba las cosas en la mesa.
-Eres la mejor maestra de la que dispongo. –replicó el hada
con una sonrisa ácida en los labios
- Si... –afirmó mientras asentía ante sus palabras –Supongo
que en esta situación no tienes mucho de dónde elegir. Aunque quizá en Magnimar
sería otra historia. Desconozco qué métodos de enseñanza utiliza vuestra raza,
o si serán los mismos o similares. Pero espero que esto dé resultado.
-¿Magnimar? Me has hablado alguna vez.... dices que es una
ciudad. –pareció dudar
durante unos segundos –¿Está muy lejos de aquí?
Su Li Ha cogió la pluma, la mojó en el tintero y comienzó a
escribir unas cosas en uno de los papeles que había dispuesto en el escritorio.
Sin dejar de hacerlo prosiguió el diálogo –Sí, es una ciudad. Muy grande y
bella, situada al Oeste de Punta Arena, el pueblo donde nos dirigimos. Hay
infinidad de tiendas, edificios, casas, posadas... Podrías pasarte un día
entero recorriéndola y no sería suficiente.
-Parece grande vuestro mundo... -reflexionó mientras se fijaba
en los trazos que dibujaba su acompañante en la hoja
-El mundo es grande, si. –prosiguió mientras iba dibujando
una tabla y una serie de símbolos en el papel –Es un poco triste pensarlo,
nunca llegaremos a descubrir todos sus secretos. –terminó esbozando una sonrisa
–Aunque por el lado bueno, significa que estaremos muy entretenidos. –tras
terminar de escribir le acercó la hoja –Empezaremos con lo básico. Las letras
ves que el papel tiene una tabla con las letras élficas y sus equivalentes en
común.
-Pareces un erudito... me pregunto si sabes, si has visto o
si te han contado de... -tragó saliva y su gesto se volvió ligeramente más
sombrío –De más como yo.
-Bueno, no es mi especialidad el estudio de las razas. Fui
instruida en lenguas y en magia, principalmente. –concluyó encogiéndose de
hombros
-Tenemos alas en la espalda, suelen ser como las de una
mariposa, aunque pueden ser distintas. -cogió la pluma, disponiéndose a copiar
los símbolos. Su pulso temblaba ligeramente mientras decía estas palabras
-Mmmm –masculló pensativa –Quizá en Magnimar podríamos
averiguar más. Lo cierto es que aquí disponemos de recursos limitados.
-Sí... tienes razón. –frunció los labios, frustrada y
continuó escribiendo
-Lo siento, quisiera poder ayudar más.
-No ya estás haciendo bastante. –la voz era gélida y casi
desinteresada.
-Parece que habéis pasado por algo terrible. –insistió
-Sí. –por un segundo pareció que iba a decir algo más, pero
continuó sumida en su mutismo –Oye eh... –miró a la humana de reojo, a una
parte concreta de su anatomía, las orejas –¿Os... os las cortan al nacer?
-Esto... no, no... Son así. –Le miró un poco confundida,
mientras se tocaba las orejas
-¿Se os caen? –continuó inquiriendo
-Si lo preguntas por la diferencia con las tuyas, es racial.
Nacemos así.
-¿Y podéis oír bien? –levantó la vista del papel,
visiblemente confundida.
-Pues... a mi juicio sí. Aunque nunca he estado en el cuerpo
de un élfico para comparar. –replicó un poco bromista, señalando lo obvio
En ese momento Aidna se agazapó, tapándose la boca con una
mano mientras escudriñaba a su compañera, evaluándola:
-Lo siento, era una broma.
-Tal y como sospechaba... no oís bien.
-¿De qué hablas? –preguntó Su LI Ha mientras la miraba otra
vez confusa
-Nada, nada.... sigamos. –dijo restándole importancia
-Ummm... está bien. –contestó negando con la cabeza,
tratando de volver a concentrarse en la tarea –Bien, creo que deberíamos
comenzar practicando la pronunciación.
-Claro... -carraspeço
-Podrás quedarte esa hoja, así que puedes hacer las
anotaciones que creas pertinentes para repasos futuros. Recorreremos cada letra
del alfabeto y te iré indicando sus pronunciaciones en común.
-Seguro que no es difícil... me has traducido el idioma como
"común", eso tiene que significar algo...
-Es la lengua más utilizada por la mayoría de las razas y en
la mayoría de los lugares. Dicho de otro modo, no es "común"
encontrarse lugares donde nadie la hable.
Aidna le miró con un rostro inexpresivo:
-¿Todos los humanos son como tú?
-¿A qué te refieres? –pareció que la pregunta le tomaba por
sorpresa
-Nada. –intentó hacer un amago de sonrisa que no le terminó
de salir. Cambió rápidamente de tema –He observado que viajáis con una perra
loba... ¿Cómo se llama?
-Ah, esa es Zorta. Es la compañera de Shaldur. Pero
descuida, no te hará daño.
Esta vez el hada rio francamente, una risotada corta y
sonora:
-Por supuesto que no. De hecho, creo que nos llevamos bien.
-Mejor aún
-Zorta... ¿se siente cómoda en las ciudades?
-¿Supongo que sí? La verdad es que no lo sé con certeza,
pero nunca nos ha dado problemas en las ciudades. Tampoco es algo a lo que
preste demasiada atención, para ser sincera ¿Por qué lo preguntas?
-Francamente creo que tengo más cosas en común con ella que
con cualquiera de vosotros. Ambas somos lo más apegado a la naturaleza que he
visto hasta ahora en este grupo. O en vuestra civilización.
-Lo siento –replicó Su Li Ha encogiéndose de hombros –precisamente
creo que soy lo opuesto.
-No me ha pasado desapercibido cómo me miráis todos cuando
me he acercado a reconoceros. Vuestra cara de sorpresa... incluso de vergüenza.
Zorta ha sido la única que vino la primera noche a reconocerme a mí.
-Lo atribuí a una diferencia racial o cultural
-Supongo ¿Vosotros no os reconocéis?
-Generalmente nos basamos más en las apariencias visuales
para reconocernos, y en alguna medida en ciertos parámetros de conducta y
personalidad. Pero generalmente no en olores, por ejemplo.
Aidna puso una mirada aviesa y, con un gesto fugaz sopló
sobre el candil, extinguiendo la llama. La sala quedó prácticamente a oscuras:
-Oye, ¡¿qué haces?! Necesitamos eso. –gritó entre
desconcertada y alterada
-Quería comprobar la visión de los humanos en la oscuridad.
-la voz ya no venía del lateral de la humana, sino que se encontraba a sus
espaldas. Aidna ya no se encontraba sobre el taburete.
Su Li Ha comenzó a tantear en la penumbra, en busca del
hada:
-Frío.... -su voz sonaba divertida
-Diablos, no me asustes así. –se puso una mano en el pecho –No
es buena nuestra visión en la oscuridad, por eso es que usamos lámparas y
similares. –comentó mientras se acercaba a volver a encender la luz
-Lo supuse en cuanto entré aquí... Había luz más que
suficiente y aun así estaba todo lleno de lámparas. –la voz venía de otro lugar
totalmente distinto, distante -No podéis ver... no podéis oír.... no podéis
oler...
-Veo y escucho lo suficiente para lo que necesito. –frunció
un poco el ceño. Cuando consiguió encender la lámpara, Aidna volvía a estar sentada
en su sitio. Su rostro tenía un tinte apesadumbrado:
-Entonces.... ¿por qué vosotros seguís con vida y mi pueblo
no? –inquirió con sus ojos del color de la tormenta clavados en los de la
humana, quien la observaba visiblemente confundida.
-Eso es una pregunta que no puedo responder. No estuve allí,
no sé lo que ocurrió, ni por qué, ni cómo.
Aidna extendió un mapa que antes no tenía, pero que ahora
tenía aferrado en una de sus manos, sobre la superficie de madera:
-Yo creo que esta es la diferencia. Mi bosque era mi mundo,
sin embargo, era un mundo pequeño. Pero el vuestro es vasto, está lleno de
conocimiento. Está lleno de razas muy distintas que se enriquecen las unas de
las otras.
-Mmmm... ¿Acaso no te agrada la idea de un mundo más grande?
El hada se apoyó en la mesa, poniendo su cara cerca de la de
Su Li Ha. Las danzarinas luces que arrojaba la lámpara le daba un aire amenazador.
Sonreía como lo haría un depredador:
-Quiero saber. Necesito, saber. No solo el común. Más cosas.
-Uh... está bien... –repuso parpadeando
-¿Podrías enseñarme?-la humana asintió lentamente a sus
palabras
-Lo Puedo intentar. Pero debes saber que yo tampoco lo
conozco todo. También estoy inmersa en mi propia búsqueda de conocimiento
-Bien... –sonrió satisfecha-Eso me servirá. Gracias Su Li
Ha.
-Como te he dicho antes, el mundo es vasto. Muchas cosas aun
aguardan ser descubiertas.
-No importa... –la arquera tomó de nuevo la pluma –Tenemos
tiempo.
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