jueves, 12 de noviembre de 2020

¡El Reencuentro!

 


El sol empezaba a ponerse e iluminaba la colina de punta arena, el carro traqueteaba acercándose a la posada. -Bien Chicas bien, ha sido un viaje largo, pero ya hemos vuelto. -Condujo el carro hasta los establos detrás de la posada y de un salto bajo del carro y le dijo al mozo que los atendía.

- Cuídalas bien, las pobres llevan unos días comiendo mal, necesitan descansar bien.

                                               

- Claro zeñor Te tiende la mano mientras coge las riendas con la otra.- Te mira esperando algo.

Es un muchacho de unos 12 años, de pelo rizado y pelirrojo.

- Prometo darlaz las mejorez manzanaz y zanahoriaz.

Le tiende 10 monedas de oro. -Dales heno del más fresco también y si puedes cepíllalas.-  Por su tono se nota que está contento o casi exultante.

Se queda flipadisimo por la cantidad de oro que tiene entre sus manos, sucias y descuidadas - Oh, zi zi, claro señor -Se lleva a las mulas al interior del establo mientras se guarda rápidamente las monedas en la entrepierna. A buen recaudo.

Con paso algo indeciso, se dirige hacia el interior de la posada, hace mucho que no ha estado allí. Mientras camina se quita el caso y se lo cuelga a su espalda, mostrando una tupida barba.

Aún desde fuera, se oye el movimiento de los parroquianos. Sus voces, sus risas y chanzas. Y el olor...ese olor.

Banda sonora:



Superando su indecisión, el clérigo empuja las puertas y se dirige dentro, sus pasos retumban pues lleva gran parte de su armadura de placas aun puesta y mira a su alrededor sonriendo algo nervioso.


El olor a cerveza, a un guiso de marisco y pescado que están cocinando típico de esta posada, con cangrejo, pescado, patatas y muchas especias golpea al clérigo al entrar. El maravilloso olor al guiso, con todos esos olores del mar... te recuerda posiblemente a tus estancias en la cocina con cierta persona. Ella huele parecido.

La ves, tras la barra. Sonriente, como siempre. Con sus ojos rasgados y su pelo de aspecto peculiar. Lleva su mismo delantal oscuro con el símbolo del dragón oxidado. Atiende a los parroquianos. No te ha visto

                                                           

Ese lunar, discreto, en su mejilla. Esa nariz fina y esos labios carnosos. No ha cambiado nada, lleva el pelo recogido, en una coleta. Cosas de cocineros.

- Espere ahora le atiendo. Parece atareada sirviendo cuencos de ESA sopa. De ESE guiso. No te mira

Se afana en hacerlo y cuando termina, se fija en ti. Se queda en silencio durante unos segundos, se le cae el cucharón al suelo. Resuena y salta sobre la barra para abrazarte, al grito de: "Tobías!!!"

Percibes su olor, tanto como sus manas sucias de la cocina cuando las coloca sobre tus mofletes. Te mira desde abajo

Le devuelve el abrazo con fuerza Ameiko por un momento se queda parado pensativo mientras la abraza

- ¿Cuándo has llegado?! ¿Y los demás? Mira derredor

- Ahora mismo. – Sonríe-  venimos desde transbordador de tortuga directamente sin apenas parar. -Suspira y la mira-  Se han dispersado, ya los conoces... y no venimos con buenas noticias que se diga.

- Bendita Desna, ¿estás bien? - Se separa un poco, estaba demasiado cerca. Percibías el hálito de sus palabras. Cálidas, como la arena de la playa.- ¿Qué ha pasado?  Recibí tus cartas con gran alegría

Sonríe amargamente - Si, estoy bien, bueno, casi muero por culpa de Soron como te comente en las cartas, pero de eso hace mucho. Es largo de contar. -Le hace una seña para que se siente en una mesa, mientras él hace lo mismo.

Banda sonora:



Acerca dos taburetes y te tiende uno. Hace un gesto a la barra y su ayudante mediana deja dos cuencos de sopa. Otra vez. ESE olor. Te deja hablar. Te sonríe, coqueta.

Extrañamente, ignora la comida, tiene otras cosas en la cabeza - Ha sido muy duro, no hemos vuelto todos, Amara y Jade cayeron en combate. -Se le atraganta un poco la voz. - Pero conseguimos acabar con aquellas horribles criaturas. - Te vuelve a sonreír-  Sé que has viajado, pero no te imaginas las cosas que hemos visto y por Gorum, que combates. -Su voz vuelve a la su habitual jovialidad de Tobías.

Ameiko alarga su mano, sin tantos titubeos como los tuyos. Coge tu mano Lo siento mucho. He sido aventurera, se lo que es perder a los compañeros. -Pero me alegra sobremanera volverte a ver, aquí Otra sonrisa feliz.

Le devuelve el apretón y la agarra con fuerza, su mano es áspera y llena de cicatrices. -Y a mí, ha sido duro, pero recordaba los momentos aquí y me daba fuerzas – sus palabras mientras la mira sonriendo.

Se deja agarrar.  -Come, come. Acabamos de prepararla, es... tu preferida. -Su mirada almendrada, de ojos negros, oscuros. Se cruza con la tuya. Otra sonrisa feliz

Haciendo caso coge el cucharon y se lleva a la boca un bocado, nunca le ha sabido tan bien, El sabor de Punta Arena, sin duda, Tobías Torje. ESE sabor.

Esta feliz, ha sido un viaje duro, pero la vuelta ha merecido la pena, no sabía que iba a encontrar a la vuelta o si siquiera ella iba acordarse, también teme decirle las malas noticias que trae.

- ¿Te gusta? - Se entremete el pelo tras las orejas. Coqueta. Aún tiene ese delicioso acento Kaijitsu.

- Esta deliciosa.- Sonríe algo sonrojado, siempre ha sido un viajero, yendo donde le llevaba el trabajo de mercenario y los combates, nunca ha tenido un sitio estable y por primera vez siente un sitio como su hogar y a alguien como la persona con la que quiere estar

-¿Quieres más?- Se levanta, no duda. Te mira, es una mujer determinada. Se sienta en tus rodillas.

La mira a los ojos.- Por supuesto.

Hace un gesto a la mediana que coge la olla y la trae a la mesa. Mientras tanto apoya su cabeza en tus hombros. Qué bien huele su pelo. Ella suspira. El aroma de la sopa nuevamente te vuelve a embriagar. ESE olor. Te sirven más, ves como flota la cabeza de un carabinero.

Él se queda mirándola a los ojos, con un brazo la rodea- -Llevo semanas de viaje pensando en este momento.

-Esta vez... ¿te quedarás? - Se incorpora y te mira. Está muy cerca, es como si no hubiera nadie más en este ruidoso lugar. Sólo está ELLA.

Sostiene su mirada fijamente.  -Nada me gustaría más y acerca su rostro al de ella.

Te besa. Ella es más decidida que tú. Saboreas sus labios, son cálidos.

Él le devuelve el beso con intensidad, no es tan decidido como ella, por joder, es un clérigo de Gorum y no se va a amilanar.

Se levanta y te arrastra con su mano Bien, eso es lo que quería oír. Te quiero para mí. Te lleva escaleras arriba...

Obnubilado, se deja llevar. En su mente las noticias del ataque y el peligro sobre arena se desvanecen por cosas mucho más importantes.

 






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