El sol empezaba a ponerse e
iluminaba la colina de punta arena, el carro traqueteaba acercándose a la
posada. -Bien Chicas bien, ha sido un viaje largo, pero ya hemos vuelto. -Condujo
el carro hasta los establos detrás de la posada y de un salto bajo del carro y
le dijo al mozo que los atendía.
- Cuídalas bien, las pobres
llevan unos días comiendo mal, necesitan descansar bien.

- Claro zeñor Te tiende la mano
mientras coge las riendas con la otra.- Te mira esperando algo.
Es un muchacho de unos 12 años,
de pelo rizado y pelirrojo.
- Prometo darlaz las mejorez
manzanaz y zanahoriaz.
Le tiende 10 monedas de oro. -Dales heno del más fresco también y
si puedes cepíllalas.- Por su tono se
nota que está contento o casi exultante.
Se queda flipadisimo por la
cantidad de oro que tiene entre sus manos, sucias y descuidadas - Oh, zi zi,
claro señor -Se lleva a las mulas al interior del establo mientras se guarda
rápidamente las monedas en la entrepierna. A buen recaudo.
Con paso algo indeciso, se dirige
hacia el interior de la posada, hace mucho que no ha estado allí. Mientras
camina se quita el caso y se lo cuelga a su espalda, mostrando una tupida barba.
Aún desde fuera, se oye el
movimiento de los parroquianos. Sus voces, sus risas y chanzas. Y el olor...ese
olor.
Banda sonora:
Superando su indecisión, el clérigo
empuja las puertas y se dirige dentro, sus pasos retumban pues lleva gran parte
de su armadura de placas aun puesta y mira a su alrededor sonriendo algo
nervioso.

El olor a cerveza, a un guiso de
marisco y pescado que están cocinando típico de esta posada, con cangrejo,
pescado, patatas y muchas especias golpea al clérigo al entrar. El maravilloso
olor al guiso, con todos esos olores del mar... te recuerda posiblemente a tus
estancias en la cocina con cierta persona. Ella huele parecido.
La ves, tras la barra. Sonriente,
como siempre. Con sus ojos rasgados y su pelo de aspecto peculiar. Lleva su
mismo delantal oscuro con el símbolo del dragón oxidado. Atiende a los
parroquianos. No te ha visto

Ese lunar, discreto, en su
mejilla. Esa nariz fina y esos labios carnosos. No ha cambiado nada, lleva el
pelo recogido, en una coleta. Cosas de cocineros.
- Espere ahora le atiendo. Parece
atareada sirviendo cuencos de ESA sopa. De ESE guiso. No te mira
Se afana en hacerlo y cuando
termina, se fija en ti. Se queda en silencio durante unos segundos, se le cae
el cucharón al suelo. Resuena y salta sobre la barra para abrazarte, al grito
de: "Tobías!!!"
Percibes su olor, tanto como sus
manas sucias de la cocina cuando las coloca sobre tus mofletes. Te mira desde
abajo
Le devuelve el abrazo con fuerza
Ameiko por un momento se queda parado pensativo mientras la abraza
- ¿Cuándo has llegado?! ¿Y los
demás? Mira derredor
- Ahora mismo. – Sonríe- venimos desde transbordador de tortuga
directamente sin apenas parar. -Suspira y la mira- Se han dispersado, ya los conoces... y no
venimos con buenas noticias que se diga.
- Bendita Desna, ¿estás bien? - Se
separa un poco, estaba demasiado cerca. Percibías el hálito de sus palabras.
Cálidas, como la arena de la playa.- ¿Qué ha pasado? Recibí tus cartas con gran alegría
Sonríe amargamente - Si, estoy
bien, bueno, casi muero por culpa de Soron como te comente en las cartas, pero
de eso hace mucho. Es largo de contar. -Le hace una seña para que se siente en
una mesa, mientras él hace lo mismo.
Banda sonora:
Acerca dos taburetes y te tiende
uno. Hace un gesto a la barra y su ayudante mediana deja dos cuencos de sopa. Otra
vez. ESE olor. Te deja hablar. Te sonríe, coqueta.
Extrañamente, ignora la comida,
tiene otras cosas en la cabeza - Ha sido muy duro, no hemos vuelto todos, Amara
y Jade cayeron en combate. -Se le atraganta un poco la voz. - Pero conseguimos
acabar con aquellas horribles criaturas. - Te vuelve a sonreír- Sé que has viajado, pero no te imaginas las
cosas que hemos visto y por Gorum, que combates. -Su voz vuelve a la su
habitual jovialidad de Tobías.
Ameiko alarga su mano, sin tantos
titubeos como los tuyos. Coge tu mano Lo siento mucho. He sido aventurera, se
lo que es perder a los compañeros. -Pero me alegra sobremanera volverte a ver,
aquí Otra sonrisa feliz.
Le devuelve el apretón y la
agarra con fuerza, su mano es áspera y llena de cicatrices. -Y a mí, ha sido
duro, pero recordaba los momentos aquí y me daba fuerzas – sus palabras
mientras la mira sonriendo.
Se deja agarrar. -Come, come. Acabamos de prepararla, es... tu
preferida. -Su mirada almendrada, de ojos negros, oscuros. Se cruza con la
tuya. Otra sonrisa feliz
Haciendo caso coge el cucharon y
se lleva a la boca un bocado, nunca le ha sabido tan bien, El sabor de Punta
Arena, sin duda, Tobías Torje. ESE sabor.
Esta feliz, ha sido un viaje
duro, pero la vuelta ha merecido la pena, no sabía que iba a encontrar a la
vuelta o si siquiera ella iba acordarse, también teme decirle las malas
noticias que trae.
- ¿Te gusta? - Se entremete el
pelo tras las orejas. Coqueta. Aún tiene ese delicioso acento Kaijitsu.
- Esta deliciosa.- Sonríe algo
sonrojado, siempre ha sido un viajero, yendo donde le llevaba el trabajo de
mercenario y los combates, nunca ha tenido un sitio estable y por primera vez
siente un sitio como su hogar y a alguien como la persona con la que quiere
estar
-¿Quieres más?- Se levanta, no
duda. Te mira, es una mujer determinada. Se sienta en tus rodillas.
La mira a los ojos.- Por supuesto.
Hace un gesto a la mediana que
coge la olla y la trae a la mesa. Mientras tanto apoya su cabeza en tus
hombros. Qué bien huele su pelo. Ella suspira. El aroma de la sopa nuevamente
te vuelve a embriagar. ESE olor. Te sirven más, ves como flota la cabeza de un
carabinero.
Él se queda mirándola a los ojos,
con un brazo la rodea- -Llevo semanas de viaje pensando en este momento.
-Esta vez... ¿te quedarás? - Se
incorpora y te mira. Está muy cerca, es como si no hubiera nadie más en este
ruidoso lugar. Sólo está ELLA.
Sostiene su mirada fijamente. -Nada me gustaría más y acerca su rostro al de
ella.
Te besa. Ella es más decidida que
tú. Saboreas sus labios, son cálidos.
Él le devuelve el beso con
intensidad, no es tan decidido como ella, por joder, es un clérigo de Gorum y
no se va a amilanar.
Se levanta y te arrastra con su
mano Bien, eso es lo que quería oír. Te quiero para mí. Te lleva escaleras
arriba...
Obnubilado, se deja llevar. En su
mente las noticias del ataque y el peligro sobre arena se desvanecen por cosas
mucho más importantes.

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