Desde la muerte de su “hermano” Jade, Ront estuvo más cabizbajo de lo normal y distanciado del grupo, sólo hablaba cuando se le preguntaba directamente. Esta actitud la mantuvo durante días e incluso semanas.
Desde
que empezó la travesía por el río desde Trasbordador Tortuga a Wartle, se podía
ver al semiorco siempre en la parte trasera de la barcaza alejados del grupo.
Se
encontraba el gigantón verde tapado con su manta una mañana gélida, cuando los
primeros rayos de sol golpeaban la barcaza, apoyado sobre su gran hacha y
mirando hacia el horizonte con una expresión diferente de la que había
mantenido estos últimos días.
Poco
a poco el resto de la compañía empiezó a desperezarse. El primero como siempre
fue Tobías, para preparar el desayuno y dar de comer a Esther y Giorgina. El
último Soron, siempre agarrado a su petaca de licor, últimamente parecía la
continuación de su mano.
El
día pasó como de costumbre: Shulia leyendo sus libros y hablando con la nueva
compañera del grupo, Aidna; Shaldur jugando con Zorta; Tobías cuidando de los
animales y del grupo con sus deliciosos manjares; Ulrich de aquí para allá
ayudando en todo lo que podía; Soron, como siempre, enganchado al alcohol y
Ront alejado del grupo como si fuera un extraño.
Sin
embargo, a la hora de la comida, cuando vio a Tobías y Shaldur juntos, se
levantó su sitio y se dirigió hacia donde estaban estos con paso firme. Cuando
llegó a la altura de sus dos compañeros se paró en seco, les miró y les dijo
que quería hablar esa misma noche después de la cena a solas con ellos si era
posible. Shaldur y Tobías, al escuchar al
semiorco, se miraron extrañados, pero accedieron a la petición.
Al llegar la noche, el clérigo se sentó al lado de
Ront, después de dar de comer a Esther y Georgina, era fácil saber dónde había
estado teniendo en cuenta el olor a animal que despedía su cuerpo. El grandullón le miró, y tragando
saliva le dijo:
-¿Qué
tal Tobías? ¿Cómo andan Esther y Georgina?
-Están muy bien, me echaban de
menos y ¿Tú que tal estás?” – contestó
a la par que le tendía una botella de aguardiente
de Trasbordador de Tortuga –Últimamente estas muy sombrío.
-Es normal que te echaran de menos
las cuidas muy bien, a veces mejor que a nosotros. –le reprochó Ront, mientras
le cogía la botella y le daba un fuerte trago.
En
ese momento Shaldur apareció junto a ellos, sentándose a su lado, mirando desde
la lejanía cómo Zorta jugueteaba con Aidna. Hizo
un gesto de negación con la cabeza para después, centrarse en el bárbaro. Ront,
viendo que sus dos amigos fijaban sus miradas en él, alzó la mirada llena de ira
hacia las estrellas durante unos segundos, para luego volver a bajarla,
pensativo. En ese momento, Shaldur le hizo salir del trance, interpelándole:
– ¿Qué
te pasa? hablas menos que yo últimamente y eso normal en ti no es. –inquirió mientras Tobías asentía a sus palabras.
-He tenido días mejores, sé que he estado muy
asunte en este tiempo. –el explorador escuchaba atentamente sus palabras
–Este viaje está siendo duro, hemos dejado
a gente importante atrás. –Intervino
Tobías
-Pero Tobías sabe que estaba muy unido a dos miembros de este
gruu… de esta familia – prosiguió el semiorco. Miró a Shaldur –Sí... tú,
novato, también eres mi familia. Nunca he tenido familia y vosotros sois lo más
parecido a ello. –Shaldur levantó
despacio la ceja izquierda ante el comentario, mientras le escuchaba –Sé
que han muerto honrando a Gorum, aunque ya sabemos que ellos no creían en
nuestro Dios, ¿no es así Tobías?
–Ellos tenían sus dioses. Amara está ahora con Sarenrae ¡Joder! no
coincidía en su forma de ver el mundo, pero dudo que hubiera nadie que siguiera
más a su diosa que ella.
-Sé
que tengo que mirar hacia adelante, pero últimamente me cuesta mucho… no quiero
perder más seres queridos... –Ront miró a sus compañeros de una forma que nunca
habían visto
Tobías suspiró y dió un largo trago de aguardiente:
–Eso
es algo que no podemos controlar.
-Ya…
pero juré por Gorum que os protegería ¡Pero parece que le estoy fallando! Quiero
proteger... ¡A MI FAMILIA! Y no soy capaz de hacerlo. Esta mierda me está
superando por días –contestó rabioso el bárbaro.
Shaldur miró a Tobías, el explorador no sabía qué
hacer ni qué decir respecto a un juramento hecho a un dios:
-Gorum
sabe que estas cumpliendo tu juramento Ront. Pero somos mortales –mientras hablaba,
Ront le pidió el licor a Tobías con la mano y tras tendérselo, continuó –Tú has
estado ahí, dando tu sangre por ellos, luchando en cada batalla.
-En
eso tienes razón, somos mortales, pero ¿Tú crees que vamos a poder vencer esta
mierda a la que nos estamos enfrentando con los que somos? –preguntó mirando
hacia donde estaban Soron y Shulia.
-No
lo sé, pero haré lo que pueda y si debo morir, Gorum bien sabe que lo haré
luchando –le replicó Tobías mientras Ront dirigía su mirada al otro humano.
-Novato,
si vas haciendo el gilipollas por el mundo también te voy a perder y no me apetece.
–le espetó el semiorco
En
ese momento Shaldur rompió su silencio con una voz seca, ya no era ese niño
risueño que partió de Wartle en busca de aventuras:
–Ront, en las manadas sus miembros mueren, y
entran nuevas crías. Lo que debemos hacer es mantener en el recuerdo a nuestros
caídos, vivos dentro de nosotros, fijarse una presa y cazarla, eso hará que
todo vuelva a su sitio.
-Para
defender a los nuevos no hay que hacer el gilipollas, ahora te toca a ti
defender. –le recriminó el bárbaro
-Por
ahora aguanto, céntrate en ellos. –replicó ofendido, mientras señalaba a los arcanos
-¿A qué
te refieres? –inquirió Tobías
–Si
va haciendo el tonto, como hizo al enfrentarse solo al gigante y a la víbora,
vamos a tener un guerrero muerto y no vamos a poder seguir protegiendo a la
familia. El nuevo... Ulrich... otro que no sé qué se le pasa por la cabeza, se
parece a ti
Shaldur negó ante las palabras de Ront mientras
Tobías reía:
-No conocía
esta faceta tuya Ront, pero sí, estamos muy desorganizados. Pero aun así, hasta
en el grupo más organizado hay bajas.
-Entiendo
que cuando me pongo a luchar hay a veces que pierdo mi sentido de lucha
organizada y solo veo sangre y no me importa nada lo demás. Pero vosotros... sois
más disciplinados y no puedes ir a lo loco. –le dio un golpe en el hombro a
Shaldur haciendo que perdiera algo de estabilidad y mientras Shaldur se intentaba
recomponer, se giró hacia Tobías –Tienes razón que en los grupos bien
organizados hay bajas, pero mira lo que somos, tres guerreros y una cabeza loca.
–dirigió su mirada a Ulrich –Y luego tenemos a esos que no sé bien qué hacen a
veces. Bueno sí, uno de ellos beber y desaparecer, y la otra… No me cae bien
todavía, perdió toda mi confianza desde que descubrimos su secreto.
-Bueno,
pero tampoco somos una compañía de mercenarios al uso. Yo he vivido toda mi
vida en una compañía de mercenarios, durante un tiempo la dirigió mi padre y no
es fácil, no todo el mundo acepta órdenes. ¿Las aceptarías tú Ront? –preguntó
el clérigo
Ront
se quedó pensativo ante la pregunta de Tobías:
–Creo
que sí, pero sabes que cuando mis ojos están inyectados en sangre no suelo
pensar en tácticas. –sonrió a su compañero y dirigió su mira a Shaldur –¿Y tú
las aceptarías?
–Quizás no sería mala idea que
intentáramos organizarnos mejor.
–¿Qué diablos estáis intentando
decirme? –Shaldur chasqueó la
lengua y miró a Tobias fijamente.
-Nada
–el hombre parecía de lo más sincero –Pero lo que dice Ront es cierto, vamos
muy desorganizados y eso nos hace daño, yo me incluyo.
-Lo
que quiero deciros que no quiero perder a mi familia por ir a loco, que el único
que puede ir a lo loco soy yo. –dijo Ront sonriendo a sus dos compañeros. Dió
un trago al licor y miró de nuevo a Shaldur –¿Tú qué opinas?
-¿Qué pienso? –la conversación no estaba
agradando al explorador, su tono era frío –Que voy a acabar con todo lo que
rodea a esto de las siete puntas, como acabé con Lucrecia. Y que tenéis que
apretar el culo. Pienso cazarlos a todos.
-¿Y
qué tiene que ver con esto? –Tobías le interrumpió desconcertado –Para lograrlo
tendremos que estar unidos ¿no?
-Y
organizados, deja de hacer la guerra solo. –añadió Ront con una mirada seria y
penetrante.
Shaldur mantuvo los brazos cruzados, apretando los
hombros, alternando la mirada entre sus dos compañeros:
-Lucho con vosotros, dejadme claro
si queréis que siga o que me separe en Punta Arena, quiero seguir en este
grupo, me he preocupado por cada uno de vosotros y os he salvado la vida en
alguna ocasión poniendo por delante la mía. Lucho firme y duro, no conozco otra
forma.
-Pero
a qué viene eso novato... no estamos diciendo que no luches bien. Simplemente
estamos diciendo que si luchamos bien y estamos organizados a la vez no
sufriremos más bajas o sufriremos menos daños.
–Hace
tiempo que no podemos llamarle novato. En todo caso, cabalgaserpientes debería
ser su apodo. –comentó el clérigo, intentando acabar con la tensión del
ambiente
–Tienes
razón, ya no es un novato, ahora ocupa el puesto del grandote. –dijo mientras reía
y señalaba a Ulrich.
–Aun
así, eres un gran guerrero Shaldur, como Soron o Suliah, incluso los nuevos,
pero lo que dice Ront no es mentira. Todos nosotros, peleamos desorganizados y
eso nos resta fuerza. –prosiguió Tobías mientras Ront se atragantaba con el
licor y comenzaba a reirse –También dudo que Soron fuera a hacer caso de nadie.
–después señaló a Aidna –Y ella tampoco –miró a Ront –Siempre podemos
coordinarnos nosotros.
-Es
que no pienso igual que vosotros. Cada uno saca su mejor parte en el combate. Pero
no creo que estemos peleando mal, claro que hemos tenido pérdidas, pero no es
culpa nuestra, es cosa de la mierda esta que nos rodea. Pienso lanzarme al
combate y luchar lo mejor que pueda. –declaró el explorador
-Yo
creo que podemos hacerlo mejor. Siempre se puede mejorar. –insistió Tobías
mientras se levantaba para estirarse y dar los últimos tragos a la botella del
licor –Sólo digo que hablemos más en combate, que nos apoyemos, que digamos a
nuestros compañeros qué vamos a hacer. Bueno me voy a dormir que estoy cansado
–dijo Tobías sonriendo, ignorando la acidez
de Shaldur.
-Qué
cabezón es este cabalgaserpientes –rio Ront. Después dio un apretón amistoso en
el hombro del humano –Todo mejorará, te prometo que los vengaremos. –miró a
Tobías y haciendo el mismo gesto –Gracias hermano, descansa.
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