jueves, 9 de enero de 2020

Diario de Amara III


Tsuto
Ya he hablado en algún momento de la virtud en la búsqueda de redención y en la capacidad de perdonar. Ambos son regalos, hacen de este mundo un lugar más amable y sabio. A través de la piedad y el perdón aprendemos de los errores, nos transformamos y mejoramos.
La justicia debería encargarse de intentar reparar el daño que se ha cometido, pero en ocasiones este daño es irreparable ¿Qué hacer entonces? Por desgracia la justicia se convierte en venganza, usa el castigo aunque este no sirva de nada. Los que sobreviven a él muchas veces reinciden y los que acaban muertos nunca tendrán la oportunidad de aprender y enmendar sus errores a través del cambio.
Esta es la historia de Tsuto, hijo ilegítimo de una mujer noble de Punta Arena con un hombre que no era su marido. Como bastardo creció repudiado por toda su familia, especialmente el esposo de su madre y  fue confinado durante su niñez en un internado con la esperanza de que su nombre se perdiera en el tiempo y en el silencio. Su madre murió, dicen, en un accidente.
¿Cómo puede sobrevivir un niño en un mundo que le es hostil por el mero hecho de haber nacido? Habiendo leído la historia de Nualia resulta natural pensar que terminarían conociéndose y uniéndose para vengarse del pueblo que tan terriblemente les había herido.
La primera vez que vi a Tsuto huía a través de una gruta que daba al mar en una barca, pero no fue hasta tiempo después, cuando tuve la oportunidad de combatir contra él cara a cara, que pudimos hablar. A primera vista me pareció un ser detestable y cobarde, después, gracias a la luz que Sarenrae ha arrojado sobre mí, pude entender que se trataba de un hombre desesperado. Desesperado por ser aceptado, amado, por tener un lugar en el mundo. Eso creyó haberlo encontrado junto a Nualia, de quién decía estar enamorado. Creía ciegamente en ella, proclamaba que le liberaría.
Cuando por fin desbaratamos sus planes, quedó destrozado. En el camino a Punta Arena tuve la oportunidad de preguntarle qué le había hecho llegar hasta este punto y todavía me parte el corazón recordar sus palabras. El terrible sufrimiento de su corazón era más que evidente, especialmente cuando me hablaba de su madre, ya que estaba completamente convencido de que había sido asesinada por su marido con el único objetivo de limpiar su nombre.
Los crímenes de Tsuto son horrendos, tampoco lo he olvidado: por su culpa hombres, mujeres y niños murieron en un ataque goblin en Punta Arena, ayudó a Nualia en la búsqueda de un ser de pesadilla, vástago de la diosa maldita que la corrompió, con el fin de liberarle en el pueblo y acabar con todos, terminó con la vida de los trabajadores de la fábrica de vidrio del esposo de su madre y finalmente, acabó con la vida de este de una forma cruel.
Todas esas personas, merecían justicia. Pero también Tsuto. Los pecados de unos y otros eran irreparables.
Miré en el corazón de Tsuto y aunque tan grande era su odio que no había remordimiento, sí que vi la verdad cuando me dijo que estaba dispuesto a seguir el camino de Sarenrae a mi lado. Nunca podría devolver las vidas que había arrebatado, pero sí podía cambiar, sí podía marcar una diferencia. Me decidí y me preparé para luchar por él en su juicio.
Tal y como lo he expuesto aquí se lo hice llegar al juez y al jurado y aunque remota, tenía esperanza. Tenía esperanza en la redención de Tsuto pero también en la de Punta Arena. Cuando finalmente dictaron sentencia, nadie ganó nada y ambas partes perdieron mucho.
Le visité en su celda, jamás le dejé solo, estuve lo más cerca que pude hasta el final y después de eso todavía sigo poniendo flores en su tumba y orando por él. Las pesadillas en las que revivo su ejecución también me persiguen a menudo.
Sé que esto es ajeno a quien lea este libro pero no puedo evitar pensar ¿Si para Tsuto no hubo perdón, tampoco lo habrá para mi hermano? Soy consciente de que una parte de mí lo vio en él, pero no es justo decir que deseaba que se salvara de su destino solo por eso. Yo vi a Tsuto más allá de sus errores y lo acogí en mi corazón, espero con estas líneas que aquel que las lea de alguna forma llegue a hacer lo mismo.
Si no lo hubieran condenado a muerte, si las gentes de Punta Arena hubieran buscado la redención y hubieran hallado la forma de dar una oportunidad para el cambio a Tsuto, si él la hubiera aprovechado para convertirse en alguien mejor, creo que muchas otras vidas que se perdieron posteriormente se hubieran podido salvar.
Y las que pienso que desgraciadamente todavía están por perderse. Aunque solo los dioses lo saben.

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