El Rencor
Mientras escribo esto me pregunto
si realmente seré capaz de perdonar y hacer lo correcto cuando llegue el
momento.
Ahora estamos en Magnimar,
siguiendo el rastro de los asesinos que están detrás de los horribles crímenes
que se cometieron en Punta Arena. No sé si hice bien o mal en abandonar a mis
amigos durante unas horas para aprovechar e intentar hallar alguna pista sobre
qué le ha ocurrido a mi familia, pero encontré algo que hubiera preferido no
conocer: el distrito sur, el más alejado de todos, está lleno de extranjeros
que hacen de esta ciudad su hogar y allí pregunté por mi amada Cheliax y por
las personas que se quedaron al otro lado del mar. Allí alguien me dijo aquello
que nunca hubiera deseado oír. Mi tierra estaba completamente sometida por
malnacidos que se aliaban con diablos para obtener su poder, que los que
luchábamos contra su maligna presencia habíamos sido completamente derrotados y
que mi madre… seguramente tampoco haya habido piedad para ella. Rezo, ruego a
Sarenrae cada noche para que haya encontrado un destino mejor, para que
decidiera escapar o para que mi hermano la hubiera salvado de alguna forma. Si
no es así… dudo que pueda llegar a perdonarle, que La Diosa disculpe mi
debilidad. Si de verdad mi madre ha muerto… no sé qué será de mí, ni de mi
alma. Sin embargo me resisto a pensar en ello, incluso en la intimidad de este
rincón, mientras todos duermen, me niego a enfrentarme a estos sentimientos que
se clavan como garras en mis vísceras. Pienso con esperanza en que aquella
persona me dijo que si sabía algo más vendría a decírmelo, suplico al cielo que
llegue con buenas noticias, sin embargo supongo que es poco acertado confiar en
quien no conoces, pero no tengo muchas más opciones.
Miro a mis compañeros, quienes
duermen en esta habitación y me pregunto si Jade otra vez está teniendo uno de
esos sueños de los que no nos habla, pero que deben ser terribles por la forma
en la que se levanta. El último que tuvo en la prisión debió ser
particularmente horrible. También pienso en Shu Li Ha, al otro lado de la
pared, es la única que duerme en una habitación a parte. Me pregunto por qué
siempre es tan distante. Esta tarde hablé con ella de… todo esto, bueno, casi
todo, y no es que me arrepienta completamente de haber sacado algo de lo que
cargo en mi corazón, pero me sentí tan sola como me siento ahora que estoy
escribiendo esto en un rincón. Quizá sea lo mejor.
Pienso en ellos dos porque no
paro de darle vueltas al odio y al rencor ¿De verdad es tan grande lo que les
separa que son irreconciliables? Es infantil descargar mis expectativas en
ellos, pero de alguna forma, si todo se volviera a solucionar, podría creer que
yo también puedo, yo también soy capaz de llegar a entender a mi hermano, pero
al mismo tiempo… es estúpido intentar engañarme, le odio tan profundamente, por
todo lo que nos ha hecho.
Y me odio a mí, por no haber
vuelto. Ojalá me hubiera tirado al agua, tendría que haber nadado hasta ella.
¿Cómo puedo aspirar a salvar a alguien si no pude ayudar ni a mi propia madre?
No puedo convencer a Jade para
que se quede.
Shu Li Ha también quiere irse.
No pude ayudar a Tsuto.
No puedo perdonar a mi
hermano.
Recuerdo
la pesadilla que tuve la noche anterior a nuestra entrada en La Desazón, es
como si lo viviera de nuevo. Veo ante mí a todos los que he fallado por culpa de mi
debilidad. Sin embargo tengo que seguir, a pesar de todos mis fracasos Sarenrae
me concede la oportunidad de usar mi vida para acabar con el mal en estas
tierras y debe ser suficiente. La Diosa es generosa conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario