"La vio como se
acercaba al carro, cogía su saco de dormir, una manta gruesa y la
vio regresar junto al árbol. Podía sentir que anhelaba la libertad
en la noche arropada simplemente por las estrellas.
El olor a flores del
jardín embriagaba sus sentidos, una noche no demasiado fresca a la
par que despejada, una figura furtiva acechaba cerca de un árbol, a
sus pies, recostada sobre un saco de dormir y una manta, una mujer
contemplando el cielo.
-
Estás aquí. ¿Puedo?.- El elfo señalaba
un
asiento imaginario a su lado.
La mujer se incorporó
violentamente, sorprendida, al verlo parecía como si se hubiera
atragantado, pero hacia su mejor esfuerzo por recobrar la compostura.
-Vaya... - carraspeó.-
Si es el fugitivo.- Sonrío con cierta sorna, no había una pizca de
reproche en sus palabras.
De un movimiento rápido
el elfo sacó un par de copas desde detrás de su espalda y una
botella de vino birlada a Ront seguramente.
- Creo que nos
merecemos está última copa tú y yo.- Le tendió una copa a ella y
dejó la otra sobre la hierba.
-
¿Fugitivo? Ah...-Parecía
recordar
su última escapada.
-¿Cuánto has bebido
ya?.- La mujer rió, pero acabó por aceptar la copa -Yo llevo dos y
creo que son demasiadas...
- Es la segunda.- No
parecía que estuviera mintiendo.
-Parecías estar mucho
peor que yo antes.- Le aproximó la copa que había cogido, esperando
que se la llenase.
-
No quería pasar mis últimas noches aquí borracho, sin saber como
llegué al catre.- Llenó ambas copas con el vino. De su faltriquera
sacó una pequeña caja de mimbre repleta de fresas y las dejó sobre
la manta a
un lado.
-Vaya... qué
despliegue.- Se sonrojó Amara mientras bebía un par de sorbos de la
copa.
-
No creo que las echen a faltar en la cocina.-Sonrió el elfo con
picardía.
-¿Me
voy a enfadar si te pregunto de dón...- Dejó la pregunta sin
terminar.- Ya veo que sí.- Se rió, afectada por el alcohol, hacía
mucho que no bebía algo tan fuerte.
-
De la cocina, el servicio no estaba.- Se encogió de hombros
acabando
por contestar la pregunta sin terminar.- Si te vas a sentir mejor
mientras te las comes, dejaré monedas en la encimera y las pagaré.-
La miró
de reojo con algo de sorna y se puso a reír.
Amara cogió una de las
fresas mientras hablaba.
- Cuando era una
cría... tendría catorce o quince años... cogía comida de la
cocina continuamente.- Lo miro, mientras reía.- Y lo que no era
comida también.
- Esa faceta tuya, si
que no me la esperaba..- Espetó el elfo con una sonrisa socarrona.
De
un movimiento grácil Jade cogió una de las fresas y se la metió en
la boca dando un saltito de entre sus dedos.
- He camb... cambiado
mucho, la vida te hace cambiar.- Su gesto se ensombreció
repentinamente, pero luego volvió a reír.- Me metía en muchos
líos, bueno, tal vez en muchos no, siempre he sido una niña
responsable, pero también rebelde a mi manera.
- Entiendo.- Miró el
cielo y sonrió apesadumbrado.- Recuerdos...
- A mi padre le traía
de cabeza, o le hubiera traído si se hubiera enterado de la mitad.-
Se paró en seco.- Lo siento Jade... ha sido insensible.- Amara miró
al suelo sintiéndose culpable por sus palabras.
-
Oh no, no.- Dijo Jade quitándole hierro al asunto.- Solo que me ha
hecho recordar algo...- Le sonrió clavando sus verdes ojos en los
suyos.- Está noche soñé...y recordé.
Le miró, sorprendida,
se giró para encararlo.
- ¿Qué soñaste?.- Se
apresuró a preguntar ella.
-
Al menos se que me llamaba Thínuvël.- Pareció
masticar
la palabra, el élfico sonaba en su boca musical pero como cogido, no
estaba acostumbrado a utilizarlo, sonaba muy oxidado. - ¿No es
extraño? Me suena pero a la vez está tan lejos...
- Es... es bonito...
aunque me gusta más Jade...- Apartó la vista, carraspeo nerviosa de
nuevo.
- Aunque claro, no
depende de mí. Si prefieres Thínuvël te llamaré así.- El élfico
en su boca sonaba como si estuviera comiendo con la boca llena.
El
elfo miro al cielo y al ver una de esas estrellas fugaces que en esa
magnífica noche, parecía regalarles la vista
le
dijo:
-
Mientras Jade te siga ilusionando, llámame Jade.- La contempló
cómplice.
Parecía
ser que Jade había escuchado más de lo que pensaba Amara.
Amara que había visto
esa misma estrella.
- Ya ilusiones...- De
repente la mujer cayó en la cuenta de que era mucha casualidad que
el elfo usará esa referencia.- Espera tú... tú no...- Sus mejillas
eran dos ascuas, para sus ojos de elfo era fácil verlo a pesar de la
oscuridad de la noche.
Jade
sonrió mirando al cielo, con un ojo medio cerrado esperándose lo
peor. La cara de Amara reflejaba el más profundo pánico.
- Amara...tranquila.-
Le dijo el hombre.
-Si la Diosa fuera
generosa dejaría que un rayo me fulminase ahora mismo.- Musitó para
sí, casi como una plegaria.
- Y tendrías que
compartir ese rayo con éste elfo idiota.- Acabó por añadir este.
Amara apuró su copa de
un solo trago.
-
No sé qué has escuchado exactamente pero... pero es algo estúpido,
no tienes que preocuparte.- Le contesto ella.
-
Despacio...- Al verla beber tan apurada.- Si tiene que ver contigo,
me preocupa.- Cogió una
de sus manos con ternura.
-No es.. bueno, sí
pero... no.- Balbuceaba, estaba más nerviosa de lo que la había
visto nunca él en todos sus recorridos juntos, se había enfrentado
a cosas terribles sin dudar, pero cuando estaba a solas con él
parecía indefensa.
-
Puedes contármelo.- Él parecía ser más caballeroso, más atento,
incluso mejor, cuando estaba junto a ella.
- Lléname la copa
antes.- Prácticamente se lo suplicaba.
- Está bien.- Llenó
ambas copas con rapidez.
- Pero con cuidado por
favor, ¿No querrás que te lleve a tu catre en brazos verdad?.- Le
dijo el elfo con suavidad.
- Jade, soy una persona
horrible...después de lo que me dijiste ayer yo... yo debería tener
suficiente. - Bebió, aunque no la apuró del todo, se quedo mirando
el contenido.- Es mucho más de lo que podría esperar.- Cuando le
escuchó decir lo de llevarla en brazos, se estremeció, pero no con
miedo. En esos momentos hasta la punta de sus orejas estaban rojas.
- ¿Horrible tú?.- Se
rio el elfo. - ¡Ja! No me hagas reír anda. Eres...- Pareció dudar un
segundo por el miedo.- Eres lo mejor de mi mundo.- Acabó por decir.
Sus orejas picudas y su blanquecina tez, se habían ruborizado.
- Sin embargo... -
Negaba con la cabeza, se llevo la mano libre a la frente.- Es una
estupidez, perdóname. Cuando mis huesos no sean más que polvo tú
seguirás siendo tan atractivo como eres ahora. Cuando pase todavía
más tiempo y mi alma esté en los campos de lo eterno, tú seguirás
haciendo tu vida. No... no tiene sentido...
-
¿Eso crees de verdad?.- Le miró a los ojos con un brillo especial
en ellos.
-
Solo quiero que seas feliz. Cueste lo que me cueste.- Alejó la
mirada de su copa, le miró de soslayo.
-
Mi alma es tuya, en está vida y en las siguientes.- Pareció
mirar
al cielo, cerrando los ojillos suspirando.
- Jade, no lo estás
pensando... yo me haré vieja, eso en el mejor de los casos... y -
Tuvo dudas, la mano que sujetaba la copa acabo por temblar.- Necesito
que seas tú quien pare esto. Yo... yo no puedo.- Cuando creía que
no le miraba, ella le mira a él, mordiéndose el labio inferior.
- Déjame ser egoísta.
Déjame quererte aunque sepa que algún día te marcharas, aunque todos os
marchéis, y yo siga aquí. Déjame ser egoísta, y permítete amarte
hasta el fin de mis días. Déjame sentirme vivo por una vez...- Dijo
él en un arrebato de pasión desenfrenada.
Amara se acercó a él,
dubitativa y lentamente deposito un suave y tierno beso en su
mejilla.
-
Nunca me iré Jade. Incluso cuando mi cuerpo haya desaparecido, te
estaré esperando en alguna parte, acudiré a tu llamada cuando te
sientas solo.
El elfo tembló, se
estremeció, no hacia frío pero un escalofrío le recorrió toda la
espalda.
Susurraba,
mientras con la mano le apartaba el pelo trenzado, Amara se apartó
de él lentamente.
- Yo... compré algo.
Estaba a punto de olvidarlo pero...- Busco en una bolsita que llevaba
al cinto.
-
Solo necesito que estés ahora aquí.- No dejo que se alejara
demasiado.
Amara de la bolsita
saco dos anillos, los miro y le tendió uno.
-
La fuerza de Sarenrae crece en mí cada día. Creo que si le pido que
te proteja lo hará, intercederá a través de este anillo.
El elfo le observaba
con curiosidad
- No... no te hagas
ilusiones.- Ella le imitaba como aquella vez hizo él en el templo,
con una sonrisa a punto de aflorar en sus labios.
- ¿Es esto algún tipo
de ceremonia de unión humana?.- Enarco una ceja inquisidor.-
Eh...las ilusiones nos han llevado hasta aquí...- Sonrió con
fuerza.
-Tienes razón.- Le
sonrió, después miro hacia otro lado.- Antes me preguntaba si tan
terrible era no solo querer tu alma.- Terminándose la copa.
-Y contestando a lo de
antes, no, no es ese tipo de ceremonia.- Ella se rio con ganas.
Jade chasqueo la
lengua.
- Va ser más difícil
de lo que me pensaba.- Él termino por reír también.
- ¿El
qué? ¿Ocurre algo?.- Le miró interrogante.
- Engañarte para que
me líes en una de esas ceremonias.- El elfo se reía con fuerza.
Amara se atraganto.
- Bueno eso... eso...
lleva mucho tiempo y...- Ella se puso a temblar, le había pillado
con la guardia baja.
- No te agobies.- Le
acarició la mejilla y le dio un toquecito en la nariz con uno de sus
finos dedos.
- Eres.... ¡Me estabas
tomando el pelo!.- Le tiro una de las fresas.
- Bromeaba, siempre y
cuando no estés dispuesta.- Intento coger la fresa al vuelo sin
mucho éxito.
Le agarro la mano con
la que le había dado un toquecito en la nariz y forcejeo con él,
estaban jugando.
- ¡No te atrevas a
tratarme como una cría!.- Gritó ella entre risas.
-
Jamás se me ocurriría, aunque pensándolo bien...¿Cuantos años
decías qué tenías?.- Río forcejeando con ella.
-
Muchos menos
que tú.- Se incorporó para hacer fuerza sobre él.
-
Golpe bajo, touché.- Aprovechó su fuerza para que cayera sobre él
y quedaran horizontalmente sobre la hierba. Si fuera una ladera
pronunciada es posible que hubieran caído rodando los dos
por
ella.
Amara dio un pequeño
grito, sorprendida.
-
Vale, vale.- Dejó de hacer fuerza.- Ya me tienes.
- Bueno... ya has
aprendido a no reírte de mí.- Al darse cuenta de que había caído
sobre Jade, Amara se estremeció, no sabia dónde mirar, pero intento
recomponerse de alguna forma.
-
Ya he aprendido si...- Estaba
boca
arriba con los brazos extendidos sobre la hierba, mirando la cara de
Amara.
Ella
se quedo unos instantes mirándole, primero a los ojos, después los
labios y por último los bajó hasta el cuello del elfo. Su
respiración se aceleró. Se veía claramente cómo tragaba saliva e
intentaba levantarse. El
elfo se estremeció, su respiración se agitó, trago saliva, sin
atreverse a dar el paso. Decidió abrazarla y que apoyara su cabeza
en su pecho. Era una noche maravillosa y quizás fuera la única y
última noche antes del viaje a lo desconocido que estaban a punto de
realizar.
Al
abrazarla, Amara cedió a la presión de su mano
se
acercó a él, lentamente con
una mano se apoyó en la hierba, con la otra le acarició el rostro. El
elfo no quería que que acabara, hubiera estado así toda la
eternidad. Pasó la punta de sus dedos por los labios de Jade, con la
mano temblorosa, ella aproximo un poco más su cara a la del elfo,
dubitativa. Apenas unos centímetros separaban sus labios de los de
Amara, pero parecían una brecha kilométrica en su mente.
- Voy a tener que
hacerlo yo ¿Verdad?.- Amara sonrío, feliz.
No quería estropear el
momento, la paciencia es algo que todavía conservaba de su estirpe,
aunque no eran pocas sus ganas.
-
Creo que si...- Asintió mientras
se acercaba y apenas unos milímetros les separaban, notaban el calor
al respirar.
- Si no quieres que lo
haga también puedes decírmelo.- Amara río, esa faceta suya un
tanto pícara que mostraba en muy pocas ocasiones y sólo con gente
en la que confiaba completamente, fruto de su vida anterior a la
guerra.
-
Una vez puestos...- Río cómplice.
El elfo sabia de la
vida fugaz de la mujer, pero en ese momento lo único que quería es
que ella fuera feliz mientras vivieran.
Los
labios de Amara descendieron finalmente sobre los de Jade, fue un
beso tierno, corto, liviano, ella no quería presionarlo, por el
rostro culpable que puso después se podía adivinar que le
preocupaba que no lo quisiera del todo en ese momento.
-
Lo siento.- Se mordió el labio.- Llevaba mucho tiempo... deseando
esto.
Se dejo llevar,
acompaño el beso con otro, algo más intenso, algo más largo.
-
Ahora estamos en paz.- La estrechó con fuerza contra él, pero sin
agresividad ninguna.
- Gracias.- Dijo en un
suspiro.
Ella no contestó tras
el segundo beso, algo ardió en sus ojos. Se abalanzó sobre Jade,
besándolo con más fuerza, más apasionadamente, sus manos recorrían
su cuello, su abdomen. En ese momento, el vozarrón de Ront llamo a
Jade desde el otro lado del jardín.
-
También lo deseaba con muchas ganas...- La voz del hombretón le
interrumpió.
- Mierda...-Maldijo
entre dientes.
Amara se separó
lentamente de él. Parecía haber recuperado el control al escuchar a
Ront. El pecho subía y bajaba con violencia. Miraba, avergonzada por
haberse dejado llevar hasta ese punto, hacia otro lado.
- Creo que... deberías
ir.- dijo ella.
-
Sí... creo que debería ir...- La miro con dulzura, con ojos de
enamorado, como si fuera quizás la última vez.
Se
incorporó de un salto y se sacudió las briznas de hierba y tierra de
las ropas. Se agachó y le dio un último beso antes de marcharse.
-
Hasta más ver, Amara.- Las despedidas eran menos despedidas
cuando se hacían desde el alma, y el alma del elfo tenia ya dueña
desde hacia un tiempo".
Vino y fresas, combinación ganadora XDDD
ResponderEliminarWin, win XDD
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