Tras la copiosa cena y un descanso merecido, nuestros héroes preparan sus enseres en la mansión. Shaldur, como es habitual en él, tiene siempre lista su mochila así que acaba rápido y se acerca a la paladín:
-Amara ¿tendrás un momento? Me gustaría hablar. –el hombre miró cómo sus compañeros ordenaban sus pertenencias –En privado.
-Sí, claro. –asintió con gravedad al darse cuenta de la expresión seria de su compañero. Tras salir al exterior, ella se detuvo a escasos metros de la puerta, mirándole preocupada directamente a los ojos –¿Qué ocurre?
-No es fácil, pero hay algo que me preocupa mucho y no me gustaría sembrar desconfianza. –comenzó Shaldur
Amara frunció el ceño, echando un rápido vistazo al edificio donde estaba el resto del grupo:
-Puedes contar conmigo ¿lo sabes verdad? –todo aquel asunto le inquietaba enormemente
El chico miró también hacia la casa, cogió aire y mientras lo soltaba lentamente preguntó:
-¿Confías en todos ellos?
-No te mereces una frase evasiva Shaldur. –Amara creía intuir a qué se estaba refiriendo –No, no confío en todos ellos.
-Entonces pensamos igual, lo del contraveneno no fue para prevenir, el mensaje era otro.... –Shaldur parecía realmente preocupado, inquieto.
-No pienso que alguien nos vaya a traicionar, o que haya alguien que está de parte de nuestros enemigos. Pero yo sé que puedo confiar en ti, si mi vida estuviera en peligro tú reaccionarías. Otros sé que no. –sentenció la mujer con la mirada firme, seria –¿Tú piensas que alguien sería capaz de envenenarnos?
-No lo sé, pero si alguno de ellos no es de fiar y piensa en la traición, quiero que sepa que le vigilo.
-Shaldur... yo estoy hablando de Soron ¿Estamos hablando de la misma persona? –la guerrera no terminaba de entender bien qué estaba pensando su compañero.
-Muchas son las casualidades que le rodean, Amara. –explicó tras asentir lentamente –Podía haber muerto por intentar salvarlo contra Xanesha, pero él hizo todo lo posible para que el combate durara más de lo necesario.
Amara suspiró lentamente, intentando contener la rabia que asomaba en su mirada:
-Si cualquiera de vosotros hubierais resultado malherido por su culpa jamás se lo hubiera perdonado. No me lo recuerdes. –intentó relajar la musculatura de su cuerpo, la cual se había tensado al pensar en todas las situaciones por las que les hacía pasar Soron –Sin embargo, no creo que sea un traidor, Shaldur. Creo que sé el aspecto que tienen los traidores.
-Por eso te pregunto. Yo llegué y ya os conocíais, de verdad que no quiero juzgar, pero todos mis instintos me dicen que algo no está bien en él.
-Soron es más bien un loco, un egocéntrico, un egoísta, un hedonista... No le importamos o eso creo. –Shaldur guardó silencio, dudando si debía decir algo más –Pero no necesita conspirar. Si quisiera matarnos, ya lo habría hecho. No me gusta amigo mío, de hecho me repugna muchas ocasiones, pero... anoche estuve pensando. Estuve pensando en... muchas cosas. Una de ellas fue si había algo en él que le empujaba a ser cómo es. Me cuesta pensar que simplemente es así y punto. Si dejo los sentimientos superficiales que me genera me pregunto... ¿Cuánto tiene que sufrir ese hombre?
El chico atendió a sus palabras. Siempre había algo en Amara que le relajaba y le daba confianza, no sabía si era por ella misma, o era la diosa a través de la paladín, pero siempre infundía paz y valor al explorador:
-Me relaja lo que dices Amara, si tu lo ves así, yo también lo haré. –de nuevo miró hacia el recinto, algunos de sus compañeros ya salían de allí –No quiero quitarte más tiempo, debemos de ser raudos e intentar que fuerte Rannick y los flechas negras no caigan.
-Claro, lo conseguiremos, no me cabe la menor duda. –dijo sonriente la mujer mientras posaba una mano sobre su hombro –Y no dudes en hablar conmigo cuando lo necesites. Mis amigos nunca me quitan el tiempo. –sin dejar de sonreír, le dio una palmadita en la espalda y se dirigió a la casa.
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