martes, 24 de marzo de 2020

D&D: Blay y su Compañía

Blay nació de unos padres mayores, su madre tenía 65 años, era imposible que una mujer de esa edad diera a Luz.
Pero Blay nació y desde entonces todo le ha ido bien, parecía que Beshaba iba detrás de él, pero siempre tenía cerca algo que le hacía mejorar su situación. Su madre falleció tras el parto, y su padre lo cuidó tan bien como pudo, y a los 8 años, su padre murió ahogado en alcohol, pero nada mejor para un crio que no podía estar encerrado en casa, así que aunque lloró, salió corriendo cuando dijeron que iba a ir a un hospicio de Ilmater, y se escabullo entre las calles de Puerta de Baldur.


Quizás para cualquier crio esta situación era horrible, pero para Blay era el mas feliz de los crios de su edad, nadie le diría que hacer, siempre corriendo, saltando de balcón en balcón, metiéndose en líos buscando que ese lío fuera una aventura.
Su máxima ambición era poder encontrar un tesoro, y buscaba cualquier escusa para ello.
Muchas veces se inventaba historias, que tenía hambre y tenia que conseguir pan, pues en lugar de ir directo a por ello y fundirse con la muchedumbre del mercado, se dejaba colgar por una soga, para llegar hasta su preciado y horneado tesoro.

Muchos le llamaban loco, menos su amigo Flamir, que juntos corrían por la ciudad, Flamir era mayor que Blay, y este le enseño los trucos para sobrevivir, crecieron juntos.
Hasta que un día saltando de tejado en tejado Blay cayó encima de un grupo de hombres y mujeres que hablaban entre sí, al caer se partió una costilla que le perforó el pulmón, mala suerte pensarán algunos, pero oye, caer en un grupo de 6 clerigos, que te curen y que tras hablar contigo y con tu amigo decidan llevaros a la iglesia de Tymora para adoptaros, eso...eso NO TIENE PRECIO.ç

Allí Blay aprendió la fe de su diosa, la diosa que hizo que él naciera en un parto sin probabilidades, en una ciudad donde los críos huérfanos, o acaban en la cárcel, o en un hospicio de Ilmater, o en alguna cofradía de ladrones.
Pero ellos dos, no, ellos dos estaban destinado a algo más.

Flamir, decidió quedarse dentro de la orden y cuidar un pequeño templo, en un aldea que la sacerdotisa mayor era una mediana.
Pero Blay, ¡AY! Blay, el quería llevar la palabra de Tymora a lo mas alto, y vivir aquello que rezaba
el dogma.

 


"Un corazón valiente y una disposición a correr riesgos superan nueve de cada diez veces a un plan elaborado a conciencia. Ponte en manos del destino y confía en tu propia suerte. Sé tu propio amo, presentando tu buena o mala fortuna como confianza en la Dama. Persigue tus propios objetivos particulares y la Dama te ayudara a conseguirlos. Sin dirección ni objetivos pronto conocerá el abrazo de Besaba, pues aquellos que no siguen un rumbo se encuentran a merced del infortunio, que carece de toda misericordia. "



 Y eso hizo Blay cuando sintió que su diosa le hablaba, por que estaba seguro que la escucho mientras rezaba una mañana.




"Muchacho se profeta en Faerum, busca un grupo que te siga y muestra con obras mi palabra, muchos la transmiten de forma oral, pero necesito que alguien lo haga con actos"






Así que en cuanto encontró a los 4 aventureros mas dispares con ganas de correr aventuras, por el solo hecho de disfrutarla, comenzaron a ello, con el corazón bombeando emoción al ver un nuevo riesgo.





lunes, 23 de marzo de 2020

La delgada línea


Amara tenía la cimitarra alzada en el aire.
Aquella criatura seguía gimoteando lastimeramente como un niño pequeño:
-¡Sus van a comer! ¡Sus van a comer a todos! –gritaba enrabietado
-A los Flechas Negras… ¿os los comisteis? –contemplaba los retazos de blasones en el taparrabos del ser. Su mano temblaba.
-¡Sus van a comer! ¡Sus van a comer a todos! –continuaba –Nosotros cazamos, nosotros comemos.
No solo su mano, sus piernas también temblaban. Miró a sus compañeros de reojo: a Shaldur, quien había estado a punto de perder la vida a manos de aquel ser, con sus ropas llenas de sangre y prácticamente incapaz de andar; Ront, con las piernas terriblemente mordidas por los perros de presa, le faltaban trozos de carne por todas partes y Jade… Dirigió su mirada a la monstruosa boca, casi podía escuchar los huesos de sus compañeros siendo masticados.
Tragó saliva, podía saborear la bilis. Sin embargo el ogro se encontraba indefenso, tirado en el suelo como un niño pequeño. No estaba atado, la lanza a su alcance ¿Por qué no la cogía? ¿Por qué no se defendía y luchaba?
Los flechas negras… Ellos les habían matado, los habían devorado. Y quién sabe a quién más. Quizás incluso a algún niño.
De nuevo miró de reojo a sus compañeros. Deseaba que alguien hiciera algo, que alguien le quitase esa carga, que los cielos se abrieran y le dieran una respuesta.
Pero solo obtuvo silencio.
¿Qué opciones tenía? ¿Atarlo? ¿Dejarlo a merced de la vida salvaje de Varisia, que alguna bestia le arrancase las entrañas mientras estaba atado? ¿Dejar alguien atrás custodiándole? ¿Podía permitirse eso a sabiendas que todos ellos eran imprescindibles para salvar con suerte a los Flechas Negras que siguieran con vida?
“Cobarde. Eres una cobarde, quieres que otros hagan por ti lo que tú no puedes. Debes terminar con su vida, es culpable y esto una ejecución”
“Pero… Y si pudiera… ¿Cambiar? Se ha rendido…”
“Nosotros cazamos, nosotros comemos ¿Qué crees que va a cambiar en eso? ¿Vas a cargar sobre tu conciencia una muerte más por ser incapaz? Cobarde… ¿Quieres pedírselo a Ront? ¿A Jade? No… mejor a Shaldur, tal vez sea capaz de arrastrarse hasta aquí…”
“Es misericordia”
“Pusilánime”
“¿Dónde está el límite? ¿Hasta dónde se es bondadoso, hasta dónde débil? ¿Dónde está la línea, dónde lo correcto?”
“Los huesos… Sé que puedes escuchar la carne siendo arrancada de los huesos, sin pizca de remordimiento, sin duda… Para ellos es algo natural e inevitable... A no ser que…”
Asió la empuñadura con mayor firmeza:
-Que La Diosa te asista y te perdone porque yo… -la voz se le quebró un segundo –No puedo permitir que sigas viviendo y haciendo daño a nadie más.
La hoja descendió con rapidez, sesgando su vida de un solo corte, de forma rápida y limpia. Sin embargo, lo que había a los pies de Amara no era algo en absoluto limpio.
La mujer bajó los hombros, todo su cuerpo temblaba, tenía ganas de vomitar. Las lágrimas a punto de aflorar. Notaba una cuerda al cuello, se apretaba y no le dejaba respirar. El pañuelo en La Desazón… no… la soga de Tsuto.
Percibió el movimiento de sus compañeros encaminándose al sendero. Ni tan siquiera habían parpadeado.
Miró al cielo un segundo. La plegaria no había sido solo por aquel desgraciado.

domingo, 22 de marzo de 2020

Buenas chicas


-         

              - Sed buenas, obedecer a esta buena gente y no os metáis en líos, sobretodo tu Esther. No sé cuánto tiempo será, quizás no nos volvamos a ver.

Las lágrimas caían por sus mejillas mientras acariciaba a las mulas, una le devolvió las caricias lamiéndole la mano.

La pareja que se iba a hacer cargo de las mulas observaba insensible al clérigo, no comprendían como un adulto podría encariñarse tanto con unos animales.

-        -   Por favor, que beban siempre agua fresca y cepilladlas una vez al día, detrás de las orejas especialmente. Se ponen inquietas si están solas mucho tiempo y tienen el estomago sensible, se ponen mustias si el agua esta sucia.

El tiempo apremiaba, sus compañeros le esperaban para partir.
-          
     - Esto pagaran los gastos, cuidadlas bien. – Deslizando 10 monedas de oro a la pareja – volveré lo antes posible.

No podía mirar atrás, nunca había sido una persona que se apegara mucho a las cosas, siempre con una vida nómada. Pero esas mulas y ese carro se habían convertido también en su familia y hogar.

lunes, 16 de marzo de 2020

"Memorias de un Elfo Amnésico VIII" - Reflejos

"El sonido del colgante al ser arrancado de su cuello mientras caía al suelo embarrado, donde segundos antes había estado, era lo único que recordaba antes de llegar donde se encontraba en ese preciso instante.

La oscuridad lo inundaba todo, en el suelo el chapotear de sus botas al caminar era el único sonido que le llegaban a sus oídos, al mirar hacia arriba su propio reflejo en el techo le devolvía una mirada de estupefacción y desorientación, en el frío de una inmensa y profunda oscuridad.

Sus pasos resonaban en los charcos que iba pisando mientras avanzaba por aquel lugar recóndito y desconocido. Una voz, resonó en su cabeza, de pronto, una sombra con forma humanoide le rodeaba, podrían divisarse el verde apagado de una túnica y un hombre con un cayado con las facciones sin definir. La voz le llegaba directamente al interior de su cabeza.

- Thínuvël seas bienvenido, has llegado y por fin estás aquí.- Dijo la ronca voz en su interior.
- ¿Qué es este lugar?- El elfo no sabia donde se encontraba, ni siquiera sabia como había llegado exactamente.
- Soy tu ropera, me despertaste, escuchaste mi voz, saciaste mi sed y ahora me perteneces.- La sombra se esfumo y tomo forma en otro lugar al lado suyo rápidamente.
- Mi ropera, el sabor de la sangre, el frenesí.- Jade iba ordenando los últimos fragmentos vividos.
- Te quedaras aquí conmigo, ¿verdad Thínuvél?- Dijo la voz de nuevo mientras bailaba delante suya como una nube negruzca.
- Tengo que regresar, no puedo estar aquí.- Echando mano a su cuello donde antes había estado el colgante de Sarenrae y sintiendo un gran vacío al agarrar sus dedos la nada en el aire.
- Sabes que eso no podía entrar aquí Thínuvël, no era bienvenido.- La voz sibilina se metía por cada rincón de su cabeza embotada.
- Quiero regresar, no puedo quedarme, no quiero quedarme.- Espeto el elfo empezando a estar nervioso por la situación.
- Regresar tiene un precio, tus recuerdos Thínuvël, quiero tus recuerdos.- La sombra negruzca parecía reír mientras se arremolinaba de un lado a otro.
Jade sopesaba lo que la ronca voz, la sibilina sombra, le decía, quería sus recuerdos, pero si se los daba, perdería su nueva vida, a sus preciados amigos: Ront, Tobías, Soron, Su Li ha, Shaldur, no serian nadie, ni siquiera recordaría a su amada, no recordaría a Amara. Entonces algo ocurrió, como un rayo cruzó su cabeza haciendo algún tipo de contacto que hacia clic y tuvo una idea.
- Está bien, te daré mis recuerdos, te daré los recuerdos de Thínuvël.- La voz había estado llamándole así todo el tiempo, obviando a Jade en todo momento, así que deicidió desprenderse de lo que no recordaba, salvo en flashbacks y ser Jade para siempre a partir de ahora.
- Trato hecho, olvidaras todo Thínuvël, no recordaras nada de tu pasado, ni siquiera lo ocurrido, ni como llegaste, ni siquiera que me diste tus recuerdos para regresar.- La voz parecía estar satisfecha por fin.
- Bien, ahora hazme regresar con mis amigos.- Apremio el elfo, deseando marcharse de una maldita vez.
- Una última cosa antes de irte Thínuvël, el coste para tenerme saciado debe seguir llegando, pero ya no sera en la espada, ya no. Ahora deberás llenar este vial a diario de sangre o si no, regresarás aquí y serás mio, para siempre. Que no se te olvide, esto lo recordaras. Lo llevaras colgado del cuello.- La voz desapareció y la sombra se arremolino entorno a él y se introdujo por su antebrazo derecho, dejando una oscura marca en forma de tatuaje de siete puntas.

Una neblina rojiza lo envolvió de nuevo, mientras se veía en el techo reflejado como había cambiado, su otrora pelo largo y plateado ahora era negro como ala de cuervo y afeitado apenas unos milímetros le nacían, sus ojos verdes ahora despedían destellos púrpuras.

Y entonces se noto como caía al agua, tenia mucho frio y había una oscuridad pasmosa, mientras le faltaba el aire, y tragaba agua, estaba envuelto en una red y un fuerte brazo le sacaba del agua y entonces una voz, le saco de ese mal sueño..."

miércoles, 4 de marzo de 2020

Unión


Ront se quedó con la mirada perdida allí donde Jade había desaparecido, tan absorto en sus sentimientos que había dejado caer las armas al suelo. Su cuerpo había quedado helado y por supuesto no había escuchado nada de lo que Amara había dicho. La guerrera de la fe se acercó a él, asiéndole por los hombros, buscando su mirada mientras trataba de contener sus propias lágrimas, sin embargo el hombre no parecía responder:
-Ront... mírame... no entiendo por qué, no entiendo nada... solo entiendo que no estamos solos y que eso es lo que nos debe ayudar a seguir. –dijo con un hilo de voz la mujer
Él continuó sin dar respuesta, sin embargo sus facciones comenzaban a desencajarse a la par que sus ojos se inyectaban en sangre. La guerrera tomó a Ront del rostro, intentando sacarle de su ensimismamiento. Ya no podía retener las lágrimas y dejaba que fluyeran, aunque conservaba un tono calmado.
Mientras, Su Li Ha empapada por la lluvia, luchaba por no perder la compostura, sin embargo no pudo evitar reprimir un sollozo a la par que se tapaba la boca y cerraba los ojos. Sus lágrimas se entremezclan con las gotas de lluvia que recorrían su rostro y sus ropas, y aunque su dolor no fuera el mismo que el que podían sentir otros compañeros, cualquiera que la viera sabría que no era menos real:
- Me niego a creer que Jade se haya ido así sin más Amara. ¡Tiene que haber algo que podamos hacer! –su voz era frágil, entrecortada
-No sé dónde está... no sé ni tan siquiera qué ha pasado... solo los dioses lo saben... tampoco sé por qué se ha desprendido de esto. –replicó con una tristeza infinita mientras miraba el medallón de Sarenrae –Daría mi vida por traerle de vuelta, pero me temo que esa no es la moneda que se requiere.
Ront miró con los ojos ensangrentados a Amara. Apartándole las manos se giró y pegó un grito de rabia mirando hacia el cielo, el cual se pudo escuchar a varias millas de distancia.
Entre sollozos, y todavía intentando en vano recuperar la compostura, Su Li Ha se acercó al charco donde vio por última vez al elfo, conjurando repetidamente el conjuro de detectar magia en un desesperado intento por capturar cualquier vestigio de magia o pista que pudiera haber dejado detrás de sí Jade. Su voz mientras conjuraba era frágil y entrecortada, los gestos del componente somático, violentos y desesperados, tanto que incluso algún intento llegó a fallar. Tras unos cuantos minutos se dio por vencida y simplemente se quedó allí parada entre lágrimas:
- ¿Y si fue mi culpa? –dijo después de un momento –Ese último conjuro que le lancé... Creo que Jade se puso así después de eso... –se abrazó a sí misma, enfrentando lo que pensaba que era una dura verdad- ¿Acaso yo hice esto? –negó para sí con los ojos cerrados
-Por Sarenrae Su Li Ha no... –Amara se dirigió hacia ella para abrazarla, reconfortándola mientras intentaba contener su propio dolor
El semiorco se encaminó hacia uno de los árboles que había alrededor y empezó a pegar puñetazos a diestro y siniestro mientras seguía gritando hasta que sus puños comenzaron a sangrar. Al mirarlos balbuceó torpemente:
-Jade.... ¿¿¿¿Por qué tú!!!! .... ¿¿Por qué me abandonas hermano!!... ¿¿Qué coño te ha pasado!! ¿¿¿¿Por qué!!!!
- ¿Pero entonces qué diablos ocurrió? ¿Donde está Jade? –preguntó Su Li Ha abrazando a Amara con fuerza
-No lo sé... ojalá lo supiera... maldita sea... –suspiró, se sentía agotada, necesitaba consuelo pero sabía que debía ser más fuerte que el resto –Tal vez deberíamos volver a Wartle, avisar de lo que ha ocurrido y quizá... preguntar a la anciana oráculo... es lo único que se me ocurre.
La arcana se secó un poco las lágrimas intentando recomponerse, aunque su rostro permaneció triste y preocupado:
-No tenemos muchas opciones, tomaré cualquier ayuda que nos puedan brindar.
-Encontraremos la forma de dar con él... pero ahora... hay muchas vidas en juego, siento la llamada de La Diosa diciéndome que he de cumplir con mi deber. Y también parece que... escucho a Jade –en contra de su voluntad la guerrera rompió a llorar de nuevo –pidiéndome que sigamos adelante y que no nos rindamos...
- ¡La vida de Jade no es menos importante sólo porque hay otras en juego! –replicó la maga
-¡¡A mí me lo vas a decir Su Li Ha!! –Amara rugió y soltó a su amiga repentinamente. En su mirada una ira impropia de ella, sin embargo igual que vino se extinguió
-Lo siento. Es que no soporto la idea de seguir como si aquí nada hubiera pasado. –contestó en tono bajo a la par que agachaba la cabeza –Sé que mi relación con Jade no era la mejor, pero... Esto no es lo que yo quería.
-Nadie lo quería. Pero ha pasado. Y como he dicho antes, daría mi vida sin dudarlo por salvarle ¡Pero las vidas de las gentes de Varisia no me pertenecen! ¡No puedo sacrificarlas! ¡Por mucho que ame a Jade, por mucho que mi corazón esté roto en pedazos no puedo ser tan egoísta! ¡No puedo tomar lo que no es mío! –la leona salió de nuevo, esta vez más difícil de controlar
Tobías se acercó a Amara, apretándole el hombro en gesto de simpatía:
-No quiero ni imaginar por lo que estarás pasando. Ya sabes que mi vida te pertenece, sin ti hubiera muerto estúpidamente por culpa de Soron. Te apoyaré en todo.
-Gracias Tobías... de verdad... muchas gracias...
-Coincido con Amara. ¿Cómo vamos a buscarle? Es más, si dejó el medallón de Amara, lo mismo no quiere ni que le busquen. –sentenció el clérigo
- Si ese fuera el caso entonces significaría que... Tal vez él supiera lo que le estaba ocurriendo o por qué... Si estaba en peligro debió contárnoslo. –comentó Su Li Ha frunciendo un poco el ceño con cierta frustración –Quizá entonces podríamos haber evitado que todo acabara en... Esto.
-¿Cómo? –inquirió Tobías
- Podríamos haberle ayudado, no lo sé.
-No somos los culpables y responsables de todo lo que pasa en Golarion. Y podríamos haber evitado los asesinatos de Puta Arena ¿Cómo? No lo sé. No sabemos lo que le ha pasado a Jade. Ni vosotros los sabiondos lo entendéis. –continuó el hombre en tono ácido
-No, pero el pensamiento de que podríamos haber hecho algo.... Es insoportable...
-¡¡Basta!! –rugió de nuevo Amara, quien a pesar de haber conseguido recuperar el control a duras penas lo había vuelto a perder al escuchar a sus compañeros. Resopló furibunda, hasta que su respiración se normalizó –Basta… Suficiente… Jade era... es... así. Guarda sus secretos y sus sentimientos para sí. Por mucho que le amase, lo cierto es que nunca estuve muy segura de qué guardaba en su alma ni en su corazón. No nos podemos torturar por ello. Y si nos torturamos... no podemos dejar que eso nos impida seguir para acabar con toda esta locura. –miró a sus compañeros, todavía con los ojos húmedos y enrojecidos, pero con determinación –Quiero a Jade, siempre le querré, pase lo que pase, se convierta en lo que se convierta. Pero también quiero a mi madre. Y cuando zarpé en aquel barco aprendí que por mucho que un trozo de tu corazón se quede con alguien, debes seguir. Se lo debes a todas aquellas personas que te necesitan y te necesitarán, se lo debes a un bien mayor. Y el egoísmo y los deseos deben quedar a un lado, por mucho que nos duela.
Ront continuó con su mirada perdida, sin hacer caso a la discusión que había entre los compañeros. Su Li Ha de nuevo agachó la cabeza:
-Yo... Lo siento, no deseo contrariarte, pero no puedo olvidar lo que ocurrió aquí hoy. En cuanto toda esta locura de esta hermandad corrupta acabe, ten por seguro que leeré hasta el último libro de la biblioteca de Magnimar si hace falta para averiguar lo que sea que le haya ocurrido a Jade.
-Perdóname Su Li Ha... El dolor me ha cegado y he perdido el control... no pretendía gritarte. –su ira se había esfumado ante el rostro compungido de su amiga. Le dedicó una sonrisa amable antes de continuarGracias, sé que lo harás.
- No te preocupes. –negó con la cabeza, sonriendo levemente
-Y tal vez... tengo la esperanza de que Sanrenrae le proteja y le guíe, allá donde esté... –de nuevo dirigió la mirada al collar –Y quizá me conceda el deseo de volver a vernos de nuevo.
- Algo me dice que Jade aun está vivo en alguna parte. Aquella nube extraña que pareció envolverlo... no era como si intentara necesariamente dañarlo, pareciera como si se lo hubiera llevado. Quizá esté vivo en otro plano, o algo así. Pero quiero pensar que aún no era su hora. Y ese pensamiento me da esperanzas. Si conservas alguna posesión de Jade ten a buen recaudo guardarla bien. Quizá un buen arcano adivinador pueda usarlo como base para dar con el paradero de Jade cuando todo esto acabe. Pero de momento creo que deberíamos volver a Wartle como bien has dicho. –la maga miró a Ront, quien se estaba sentando en ese momento junto al árbol que había destrozado, dejando su mirada perdida en el oscuro horizonte –Ummm... Quizá deberías hablar con Ront primero. Creo que tampoco lo está sobrellevando bien.
Amara centró su mirada en el semiorco. Suspiró mientras se dirigía hacia él, sentándose a su lado y mirándole con los ojos llenos de tristeza:
-No voy a hablar del pesar de mi alma, ni de la tuya, porque ambos sabemos el dolor que siente el otro... ¿No es así? –Ront siguió sin contestar. Miró durante unos segundos a los ojos de la mujer y de nuevo volvió a sumirse en sus pensamientos –Pero también es verdad que los dos sabemos cómo es Jade. Es independiente, inteligente, rápido, hábil... es más probable que él nos encuentre a nosotros antes de que nosotros demos con él. Es un hombre que lleva luchando toda su vida contra unos demonios terribles y siempre ha salido victorioso. Yo... confío en él y en sus capacidades más que en las de nadie. Y también sé lo que él querría... y debo cumplirlo, aunque mi corazón dicte otra cosa, si de verdad le quiero tengo que respetarlo.
-¿Por qué? ¿Por qué me tienen que abandonar otra vez?
-Yo estoy aquí... –Amara le pasó un brazo por los hombros, acogiéndole
-Pero no te hemos abandonado el resto, los demás seguimos aquí. –replicó Tobías acercándose a donde ellos estaban
-¿De verdad que no me vais a abandonar? –su mirada viajó del clérigo a la guerrera y de vuelta al clérigo
-Jamás lo haría Ront... También eres mi hermano ¿sabes? –Amara le sonrió a la par que volvía a salirle una lagrimilla que se apresuró a limpiar con el dorso de la mano –Y... te necesito. Os necesito a todos ahora. Necesito vuestra fuerza y determinación. Necesito que me deis esperanza cuando mis fuerzas flaqueen.
-Ront, Gorum nunca deja a sus seguidores. –dijo Tobías –Y yo tampoco dejo a mis hermanos de armas.
- Creo que en este momento todos nos necesitamos más que nunca. –Su Li Ha se acercó a ellos dirigiéndoles estas palabras –Aquella bruja... oráculo, dijo que para estar bien debíamos permanecer unidos.... Quizá eso era cierto en más de un sentido...
-Tobías de verdad... ¿Gorum no me abandonará? ¿Cómo va a proteger a alguien que no es capaz de proteger a la gente que quiere? –replicó el bárbaro
-Gorum nos da la fuerza para que luchemos, para que combatamos. No va a librar las batallas por nosotros, quiere que nosotros las luchemos. No sé donde esta Jade, pero no creo que ni él, ni Gorum, te quieran ver así. Ahora es momento de levantarse, de añorar a los camaradas y seguir luchando para que lo que hemos vivido no quede en nada. Y seguro que antes o después, encontraremos a Jade.
-Eso espero... Ahora necesito de vuestra ayuda y de la fuerza de Gorum.... –miró a Amara y a Tobías –Me siento como si me hubieran arrancado algo de dentro, era mi hermano... Era nuestro hermano.... Era nuestro cabroncete. –por primera vez parecía sonreír tras decir esas últimas palabras, sin embargo continuó con la mirada perdida
-Es, Ront, es... –le corrigió Amara, girando la cabeza hacia otro lado, intentando contener las lágrimas
Mientras, Shaldur había permanecido en silencio, escuchando cada una de las palabras de sus compañeros y a la par que estos hablaban, él le bajó el pañuelo a uno de los bandidos, moviéndose despacio, sin apenas hacer ruido. Se quedó mirando el lugar donde desapareció el elfo, continuando en silencio, Zorta le seguía de cerca, pisando en los lugares donde el explorador había pisado, sus cejas estaban casi juntas de lo fruncido que tenía el ceño. Sus compañeros hablaban de sentimientos, pero él alejaba de su corazón esas sensaciones y se centraba en el cerebro, intentando razonar. En un momento determinado se alejó para estudiar la zona del bandido que Soron ató y que se había escapado. Volvió tras sus pasos para encontrar que sus amigos estaban rodeando a Ront, dándole fuerza al poderoso semiorco, ahora tan débil. Dejó que hablaran, guardando silencio y tras las últimas palabras de la paladín, la tomó por el hombro, haciendo lo mismo con Su Li Ha, obligando con su acción a que todos hicieran lo mismo. Soron fue el más reticente, pero al final se acercó al grupo. Con una voz que le salía al explorador de lo más profundo de su garganta y en un tono bajo sentenció:
-Jade ha desaparecido, es obvio. Se han llevado a Ticaria, es obvio. Nos han ganado una batalla. Estos bandidos, no han dicho nada en el combate, no se han debilitado cuando su supuesto cabecilla ha caído. Algunos han huido. Esta emboscada estaba preparada y no creo que sea casual. A todos nos duele, y temo por Wartle y mis padres, pero creo que nos han seguido y nos han trampeado, la fama de... –miró a Soron sonriendo –de los Alegres Borrachines, nos ha pasado factura. Debemos de seguir, acabar con esta secta de las 7 puntas, con cada uno de ellos, no desviarnos de nuestra presa, y una vez acabado con ello, averiguaremos qué ha pasado en Cheliax, llevaremos secretos mágicos a los estudios de Shulia, haremos grande la gloria de Gorum, Ront jamás estará sólo y Soron... Podrá ser un maldito semidiós se quiere. Lo que sí os prometo, es que en ese tiempo encontraré a Jade. Todo esto ha sucedido por desviarnos de nuestra empresa. Ahora no perdamos tiempo, y pintemos nuestras botas con el barro del camino.
Al terminar dio unas fuertes palmadas en la espalda de sus compañeros, Zorta ladró fuerte y contundente, después se colocó donde había desaparecido el elfo y aulló hacia el cielo.
Ront se levantó con la mirada perdida, y una vez de pie, se quedó mirando el colgante que llevaba Amara en el cuello, el mismo que llevaba Jade puesto:
 -Amara me gustaría tenerlo –dijo señalando el medallón –ya que quiero tener un recuerdo físico de... –suspiró –De mi hermano...nunca seré seguidor de tu diosa, me debo a muerte a Gorum, pero me gustaría llevarlo si no te importa.
Amara miró a Ront como si le hubiera pedido que se sacase el corazón del pecho y se lo diera. No podía estarle pidiendo en serio algo así. Sin embargo, tragó saliva y con las manos temblorosas se quitó el colgante. Ella era más fuerte que el semiorco y sentía el deber de protegerlos a todos aunque eso despellejara su alma. Además, todavía le quedaban muchas más cosas que le unían a él:
-Lo... Lo entiendo...
Se quedó mirándolo mientras lo cogía y después desvió la mirada hacia Amara:
-Sé que es... Es.... Duro para ti… –cogió aire a la par que enrollaba el colgante en el mango del hacha –Así siempre estará luchando a nuestro lado.
-Ront... cuida del medallón. No sé cómo reaccionaré si algo le ocurre. –no era una amenaza, pero sí una advertencia.
-Te juro por mi vida que no le pasara nada. –sonrió sin dar importancia a las últimas palabras de la mujer y acercándose a su oído le susurró –Además tú llevas algo más importante que nadie puede llevar... Su semilla. –al decir estas últimas palabras empezó a reír.
Amara le miró completamente sorprendida, casi congelada, incapaz de articular palabra.
Soron se mantuvo alejado, en un lugar oscuro, sentado y bebiendo en silencio, pensativo. En su cabeza un remolino de pensamientos:
“Hacía mucho que no me sentía tan bien. Tan exultante. Tan libre. Habíamos caído en una emboscada. Me habían herido. Pero mi poder nos había salvado. Aún siento el poder repiquetear en las yemas de los dedos ¡Y los cielos! ¡Los cielos me acompañaban! La tormenta se desató al son de mis rayos. No sabía si escuchaba mi risa o si eran los truenos. Qué más da. ¡Éramos uno! Y entonces pasó. Algo le pasaba a Jade. No se comportaba normal. Actuaba como un loco ¡Estaba bebiendo la sangre del charco! ¡Y una de sus espadas brillaba! Desde luego que eso no podía ser bueno ¡Sangre! ¡Una lluvia de sangre! ¡Y entonces desapareció! Como la sangre en un cristal durante la lluvia...se escurrió ¡Despareció! No lo entiendo. Magia sin duda. Magia oscura de la que no sé demasiado. Algo se lo llevó. Pero, sobre todo, no entiendo a los demás. Amara está desconsolada, destrozada. No sé qué boludeces está soltando. No la entiendo. La magucha esa igual ¡Si siempre estaba peleada con el elfo! Igual que con su magia. No la siente ni la disfruta. Como si no fuera con ella. Igual que con Jade ¿Y Ront? ¿Qué demonios le pasa? ¡Parece un buey herido! ¡No puede ser verdad! Es fuerte, lo he visto aguantar más que a ningún otro. Pero ahora está indefenso, inútil. Al menos Tobías y Shaldur son de utilidad. Están enfocados. Preparando los siguientes pasos. Se sobreponen. Pero lo han abandonado. Todos lo dan por perdido. Pero yo no. Tengo un vial de sangre. De su sangre. Y sé que hay formas para obligarlo a volver. Allá donde esté, vivo o muerto, en el infierno o en los reinos. Le obligaré a volver. Y haré que se disculpe con todos. Por hacerlos sufrir. No se lo merecen. Creí que teníamos un vínculo. No puede desaparecer así como así. Lo haré volver y volveremos a estar juntos. Brindaremos y esto será un mal sueño. Volverá.
 Soron se levantó, tirando la botella de licor contra el fuego. Una explosión brillante que se reflejó en unas lágrimas silenciosas. Con voz apenas audible dijo:
- Tenemos que volver al pueblo. La bruja sabrá. La bruja lo sabía. Me lo dijo.
Todos se pusieron en marcha.

lunes, 2 de marzo de 2020

Es todo lo que se necesita para seguir


Amara cayó de rodillas allí donde el collar yacía. El barro salpicó sus piernas y sus manos, pero ella apenas podía ver nada entre las lágrimas, a parte del mortecino brillo del collar, el cual lanzaba algunos destellos a la luz de las antorchas que habían quedado desperdigadas por el campo de batalla.
No podía creérselo. Nada tenía sentido.
Recogió el colgante entre sus manos, mientras no paraba de sollozar ¿Por qué lo había dejado allí tirado? Aquel collar había sido el comienzo de todo y había significado tanto para ambos… o eso había pensado ella hasta ese momento ¿Qué había pasado? Se lo podría haber llevado con él, podría haberlo conservado al menos. Ante el extraño comportamiento de Jade, pensó que no había sido decisión suya marcharse, que había algo que se lo había llevado, pero ahora que tenía la que había sido la primera muestra de su amistad entre las manos, sucia y pisoteada, vacilaba.
Las dudas, el temor, la ira, todo se acumuló en su ser e hizo que se rompiera como nunca antes lo había hecho. Gritó, golpeando con los puños el barro, llenándose la cara. Gritó de nuevo más fuerte, con toda la desesperación de su corazón. Al final Jade se había marchado, tal y como ella había temido desde hacía mucho tiempo. En realidad siempre lo supo. Lo que no hubiera adivinado nunca es la forma de irse, extraña, inexplicable, cruel y casi tan terrible como la propia muerte. Comenzó a resoplar, había pasado de la pena a la furia en unos segundos, levantó la cabeza embarrada lentamente, nadie la veía pero tenía la muerte escrita en la mirada.
Aun con la razón embotada por la rabia, no pudo dejar de fijarse en el hecho de que las hojas que caían desde las copas de los árboles lo hacían a una velocidad anormalmente lenta, como si el tiempo se hubiera ralentizado. Ahora, más sorprendida que furiosa, abrió con incredulidad los ojos:
-Amara… mi pequeña… mi espada y mi escudo… -sintió una mano cálida en el hombro, cuyo tacto era capaz de atravesar el pesado metal de su armadura. La voz que la apelaba se parecía mucho a la de su madre, sin llegar a ser ella –Es terrible el dolor por el que has pasado, estás pasando y, por desgracia, todavía tienes que pasar. –la guerrera no se atrevía a darse la vuelta para encararse con quienquiera que le estuviera hablando –Pero tú eres mi ungida, elegí escuchar tu voz de entre las miles de valientes espadas que aclamaban mi nombre ¿Sabes por qué?
-No… -apenas un susurro. Una gruesa lágrima recorrió su mejilla mientras seguía absorta en el movimiento antinatural de las hojas.
-Porque no solo eres valiente y fuerte, Amara. Tú eres mi voz allá donde vas porque en tu corazón no hay lugar para el odio, solo para el amor. Cuando la oscuridad te envuelve, incluso cuando parece que vayas a ser consumida por ella, algo más intenso brilla en tu interior y, antes o después, termina desterrando todas las sombras. Álzate, Amara Tauranor. –la mujer notó cómo esa presencia la ayudaba a levantarse desde el barro, firme pero gentil – Mira a tu alrededor con mis ojos y verás lo que yo veo. Y por fin, comprenderás.
La guerrera de la fe parpadeó: las hojas volvían a caer a un ritmo normal. Se giró lentamente para encontrarse con los rostros de sus amigos. Todos parecían confundidos, temerosos, algunos reflejaban dolor también. Le devolvían la mirada, muchos de ellos con una evidente preocupación. El aire frío entró en sus pulmones y cuando lo exhaló el peso que llevaba sobre los hombros pareció aligerarse.
Sarenrae tenía mucha razón, ahora lo entendía: Shaldur, el dulce y alegre joven que se había criado en la pacífica Wartle, quien le había salvado la vida en La Desazón, seguía allí; Ront, su buen amigo Ront, aquel semiorco inocente y tierno en el fondo, se había quedado sin su mejor amigo, de nuevo había sido abandonado, pero todavía seguía allí; Tobías, que siempre les había cuidado a todos, no solo sanando sus heridas sino calentándoles el estómago y el alma con sus guisos y su buen ánimo para empuñar una espada, también seguía allí; Su Li Ha, la delicada y siempre pensativa maga, a quien tanto le costaba expresar sus sentimientos pero que había hecho un gran esfuerzo mostrándole su corazón a Amara, seguía allí. Y Soron, aquel del que nunca hubiera esperado nada decente, el borracho, mujeriego y desinhibido Soron, quien había mostrado su empatía y su buen corazón el día anterior preocupándose por un hombre en el que Amara ni tan siquiera había reparado, dándole así una lección, también seguía allí. Y ella, Amara Tauranor, seguía allí.
Sin ocultar las lágrimas de sus ojos, se puso el collar que todavía tenía aferrado en la mano. De soslayo miró el anillo de platino que tenía una piedrecita pulida de jade en el interior, de forma secreta. Dudó si debía quitárselo o no, pero finalmente se lo dejó puesto. No era débil ni cobarde, podía soportar el dolor si con ello venía la sonrisa del recuerdo.
Sonrió, sintió el sabor salado en la boca, pero a pesar de eso el gesto era honesto:
-Amigos míos… -suspiró –estemos donde estemos, vayamos donde vayamos, nos une un vínculo irrompible. No importa ni el tiempo ni la distancia, no importa si llega el día en el que jamás nos volvamos a ver, porque, en este momento, mientras os miro, me he dado cuenta de que jamás estaré sola y de que vosotros tampoco. Eso basta para llenar de amor y valor el corazón. Es todo lo que se necesita para seguir.

domingo, 1 de marzo de 2020

"Memorias de un Elfo Amnésico VII" - Oscuridad

"Seguían a Shaldur, que corría persiguiendo a los tres jinetes que se llevaban a su amada, o al menos eso creían todos ellos. El camino se bifurcaba y pasaba por un bosque, el explorador, les esperaba en el linde y se apresuró a seguir hacia el sur, el elfo hacia el este, detrás de unos árboles. La lluvia comenzaba siendo muy fina, pronto estarían empapados y calados hasta los mismísimos huesos. De pronto, el joven Shaldur se vio sorprendido por un atacante, que caía de encima un árbol en el que estaba apostado, caía  como una roca, con las dos manos golpeando como un solo puño desde arriba. Jade pudo ver la emboscada sorpresa a tiempo y avisar a sus compañeros de lo que estaba ocurriendo, mientras corría a proteger a su amigo. Y entonces, la lluvia empapo sus ojos, o eso creía el elfo, iluso de él...

Se sentía mareado, como si estuviera bajo los efectos del alcohol o de alguna de esas drogas de los bajos fondos, de esas que una vez las pruebas acabas enganchado hasta tu muerte. Y entonces el combate se encarnizo para el elfo, golpeando con sus roperas, pero algo era extraño, notaba el sabor de la sangre en su boca, aunque no estaba herido y eso le gustaba. La mano diestra que empuñaba esa ropera, aquella que compro en sus inicios con el grupo en la ahora lejana Punta Arena, la Ropera de “Alaric el Negro”, una obra maestra le dijo el vendedor, que perteneció a un antiguo pirata, no fue demasiada cara para un arma de una calidad y manufactura exquisita, tres granates deslustrados, arañados y gastados adornaban la filigrana de su empuñadura.

El arma ahora le dolía en la mano, pero eso no le molestaba, si no todo lo contrario, le daba una cierta seguridad. Y los granates deslustrados y gastados ahora brillaban rojos repletos de una vida y un fulgor desconocidos hasta la fecha, con cada golpe que daba y probaba la sangre, más satisfecho y contento se encontraba el elfo, y eso no podía ser nada bueno. Los enemigos no hacían más que salir de sus escondites en los árboles, pronto se vieron rodeados por al menos diez de ellos. La lluvia cada vez arreciaba más y más fuerte. Sus compañeros se defendían como podían, y entonces vio sus ojos convertirse en dos pozos negros sin fondo, sin atisbo de humanidad alguna.

Y llegaron las risas sin control y desquiciadas, se giro a ver a Su Li Ha que había llegado para lanzarle algún conjuro que lo hacia más rápido, eso era lo que le faltaba, velocidad. La tormenta apretaba, rayos y truenos por doquier acechaban. Le sonrió maliciosamente mientras se relamía la sangre de sus labios, y clavo sus roperas girándolas con saña en su enemigo y estirando para si. Empujo a un lado de una patada a Zorta, la perra loba de Shaldur, le estorbaba en su objetivo. Y se enfrasco con el siguiente enemigo, la mano de la ropera le quemaba, pero la agarraba con más fuerza, golpeo con furia y determinación.

Reía como un loco, completamente ido, al sacar la ropera lamió la hoja repleta de sangre sonriendo mientras miraba a su enemigo, que decidió salir huyendo al ver al elfo en ese estado de locura. Y Jade lo persiguió sin tregua, sin darle ni siquiera cuartel, cayendo al suelo riendo condenadamente, lamiendo, bebiendo del agua encharcada y ensangrentada. Al incorporarse vio como Amara se acercaba y empezó a gritar, que iba a matarlos a todos, que esa espada era suya y nadie se la iba a tocar y menos quitar, se enfrento a la mujer, a su amada sin verla, estaba embotado y sin ser el elfo de siempre. El enemigo aprovecho para huir de ahí.

El elfo reía y reía mientras se hacia el silencio a su alrededor, y sus compañeros lo miraban con temor y sin saber muy bien que hacer o como reaccionar, los últimos enemigos o estaban muertos o habían huido, pero el elfo quería más, quería más sangre, más muerte, más caos y sobretodo más destrucción. 

Retrocedió unos pasos hacia atrás, mientras una neblina rojiza le envolvía, y en un último atisbo de humanidad, les grito que no se acercaran, que no podían hacer nada, los miro por última vez y centro por último su mirada en la que había sido su amada y sonrió, sus ojos verdes brillaron por una milésima de segundo antes de desaparecer en ese arremolinado fulgor rojizo, dejando tras de si, cayendo al suelo donde segundos antes se encontraba Jade, solo un colgante que llevaba al cuello desde hacia mucho tiempo, la medalla de Sarenrae...”

Cuaderno de bitácora: Deuda de sangre

“El humo y el fuego ya habían dejado de ser los problemas más graves a los que se enfrentaba nuestro grupo. Brandán había estado apagando un...